También tienen derecho a ser felices

Para promover una escuela inclusiva es menester una política educativa orientada hacia la equidad y calidad, cuyos programas de actuación sean: la educación intercultural, educación en conocimientos y habilidades para la vida, educación para la convivencia y la paz, educación para la equidad y para superar las barreras de aprendizaje en las necesidades educativas especiales.


La Organización Internacional para el Trabajo (OIT) calcula que en el mundo existen 386 millones de personas con discapacidad en edad de trabajar. Asimismo la Organización Mundial de la Salud (OMS) estimó que en los países en desarrollo entre el 7 y el 10 por ciento de la población sufre de alguna discapacidad. De este porcentaje, ¿cuántos se educaron adecuadamente en un espacio de respeto y atención a la diversidad?

Uno de los grandes desafíos de la educación actual es saber conjugar calidad con equidad. Y es precisamente en estos términos donde la sociedad mundial debe tomar conciencia acerca de brindar igualdad de condiciones para aquellas personas con “necesidades educativas especiales”. Los acelerados cambios que tienen lugar en la actualidad no deben dejar relegados a estas personas que también tienen derecho a educarse dignamente. De modo que el concepto antes referido se torna cada vez más amplio y menos excluyente.

Asimismo el Informe Delhors sobre la Educación para el Siglo XXI precisaba que: “La educación es un factor de cohesión si procura tener en cuenta la diversidad de los individuos y de los grupos humanos y, al mismo tiempo, evita ser un factor de exclusión social”.

Es importante mencionar que en el 2002 se celebró en Madrid el Congreso Europeo de las Personas con Discapacidad y el año siguiente se declaró como el “Año Europeo de las Personas con Discapacidad”. Iniciativa que también puede ser trasladada hacia América Latina.

Para promover una escuela inclusiva es menester una política educativa orientada hacia la equidad y calidad, cuyos programas de actuación sean: la educación intercultural, educación en conocimientos y habilidades para la vida, educación para la convivencia y la paz, educación para la equidad y para superar las barreras de aprendizaje en las necesidades educativas especiales.

La educación inclusiva es un desafío de envergadura mundial que precisa no sólo del apoyo del poder público sino también del sector privado. Por querernos ocupar de lo urgente no debemos descuidar lo importante.

El informe recomienda que los profesores cambien ese concepto que se forman de aquellos alumnos que por sus condiciones personales o sociales no pueden aprender, sin considerar el hecho de que no pueden aprender por efecto de prácticas educativas deficientes e ineficaces.

Asimismo considera que si bien es cierto el término “inclusión” e “integración” tienen cierta similitud, debemos preocuparnos por erradicar del orbe la exclusión social, cuyos efectos también se dejan notar en el ámbito educativo. Se demanda estar “unidos en la diversidad”.

Es necesario también terminar con aquellos prejuicios sociales respecto a aquellos estudiantes con “capacidades diferentes” y por tanto, con “necesidades educativas especiales”.

Por otra parte, se requiere implementar en cada país un plan sistemático que conciba desde una perspectiva integral la educación inclusiva, y que cuente con los necesarios recursos humanos y económicos.

No debemos agotar el derecho a una educación inclusiva sólo en las etapas obligatorias sino también en las enseñanzas de grado superior y universitario.

Quienes poseen “capacidades diferentes” también tienen derecho a desarrollarse como personas y uno de los factores de dicho progreso es la educación, medio necesario para poder aportar a la sociedad.

El año pasado la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO); planteó un temario abierto sobre la educación inclusiva en el que se englobaban los temas referentes al desafío que impera en el mundo educativo actual: gestión de desarrollo de políticas y prácticas inclusivas, desarrollo profesional para una educación inclusiva, la evaluación pedagógica como parte de una educación de calidad, la organización de los apoyos en sistemas inclusivos, la participación de la familia y la comunidad en la educación inclusiva, el desarrollo de un currículum inclusivo, gestión financiera para apoyar los sistemas inclusivos, gestión de las transiciones en el proceso educativo, e iniciar y mantener el cambio en las escuelas.

La peor actitud que podemos tener frente a las personas con “capacidades diferentes” es la discriminación, por ello no está de más recordar aquella frase de Nikita Mihailkov: “Todo ser humano, en su alma, tiene un sonido muy bajito, su nota. Es el sonido de su esencia, de su ser. Y si los actos de su vida no coinciden con esa nota, esa persona no puede ser feliz”. ¿Porqué no ponemos los medios concretos para hacer de este mundo un espacio que sintonice con esas notas musicales interiores de aquellas personas que también tienen derecho a ser felices?

Fuente:
Centro de Colaboraciones Solidarias /Analitica.com Venezuela


Conjugar calidad con equidad: un reto de la educación

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *