Rey y Rey, un cuento en el que los príncipes no se casan con princesas

Autores: Linda de Haan y Stern Nijland
Editorial: Serres
Fecha de edición: 2004
Páginas: 30
Precio: 12 €

La reina piensa que el principe tiene que contraer matrimonio. ¿Se dejará guiar el príncipe por su corazón?


Mientras algunos grupos en Estados Unidos le atribuyen un subliminal mensaje gay a Bob Esponja, la literatura infantil sigue explorando la tendencia de escribir sobre temas antes considerados tabú para la infancia, como la muerte y los conflictos existenciales, y parece arriesgarse también ahora a incluir el tema de las preferencias sexuales.

Ese es el caso de Rey y rey , un polémico álbum que, a simple vista, pasaría por uno más de los libros ilustrados que inundan el mercado. Alguna mamá desprevenida y sin tiempo de leer podría elegirlo si se conformara, como suelen conformarse tantas veces los adultos, con echar un vistazo general a su apariencia. Su tapa dura, el poco texto y sus ilustraciones en color podrían hacer pensar que se trata de la vieja historia de un rey a quien le llega la hora de casarse y se entrega al ritual de buscar pareja, con la consabida fila de candidatas que no reúnen los requisitos adecuados.

El asunto, sin embargo, adquiere otro matiz cuando a última hora llega una princesa acompañada de su hermano, el príncipe Azul. El corazón del rey empieza a latir pero resulta que el motivo del flechazo no es la princesa…¡sino el príncipe!. Y no sólo la historia acaba en boda sino que se cierra con la emblemática frase de cuento de hadas: “y vivieron felices y comieron perdices”.

Resulta ilustrativo saber que las autoras del libro son holandesas y que en su país y en otros países europeos se recomienda esta publicación, a partir de los seis años, como una obra que “rompe con los clichés sexistas presentes en los cuentos de hadas”, y que promueve actitudes de respeto y tolerancia en los niños. Traigo a colación esos datos para ejemplificar cómo las obras se ubican en contextos culturales que determinan sus interpretaciones e incluso definen lo que puede resultar políticamente correcto. En ese sentido, cabe preguntarse qué pensarán los adultos colombianos: ¿lo leerán en voz alta a sus pequeños o lo donarán para la biblioteca del colegio?

Desde un punto de vista meramente estético, no parece que estemos ante uno de esos álbumes que nos dejan maravillados. Tal vez si el tema no fuera susceptible de controversia sería otro libro del montón, con unas ilustraciones de collage divertidas, aunque un tanto abigarradas, y con un mensaje demasiado obvio, que parece obedecer más a consideraciones ideológicas que a la necesidad vital de contar una historia desde adentro. Habría que preguntarse si la elección de un tema es argumento suficiente para garantizar la calidad o si estamos frente a otro ejemplar que ilustra cómo los libros infantiles se ponen al servicio de unas tesis, descuidando el trabajo profundo de elaboración que implica trascender la ideología para crear buena literatura.

Yolanda Reyes.

Esta reseña fue escrita por Yolanda Reyes para la revista Cambio de Colombia / Publicada en Espantapájaros Taller


Por Linda y Stern

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