Revolución en la aulas de Cuba

La isla caribeña vive desde hace tres años una profunda remodelación en su sistema educativo, caracterizada por el uso de la televisión y la introducción masiva de ordenadores


Teleprofesores? ¿teleclases? ¿aulas de secundaria con un maestro por cada 15 alumnos? No es una locura: las escuelas, institutos pedagógicos y centros de enseñanza superior de Cuba viven desde hace tres años una profunda revolución que se caracteriza por el uso de la televisión y la introducción masiva de la computación y los medios audiovisuales. Es la estrategia más novedosa del Gobierno cubano para reanimar y “perfeccionar” su sistema de educación, que sufrió un grave desgaste en los años noventa.

Desde 1959, la educación ha sido uno de los sectores emblemáticos y mimado por las autoridades, hasta el punto de que Cuba es quizá el único país del planeta que dispone de dos ministerios para atender esta esfera, el Ministerio de Educación Superior y el Ministerio de Educación. Los datos oficiales son apabullantes: Cuba tiene 11 millones de habitantes, de los que hoy estudian 2,7 millones; 300.000 personas trabajan como educadores o profesores; existen 13.543 centros docentes, y el capítulo Educación en los Presupuestos de 2005 se llevó cerca del 20% de los recursos del Estado.

Este descomunal sistema fue seriamente afectado por la crisis económica tras la desaparición del campo socialista, el famoso Periodo Especial. Pupitres rotos, aulas y pizarrones deteriorados, apagones, escasez de tela para los uniformes y también de leche y proteína para las meriendas y almuerzos de los escolares, pusieron al sistema educativo cubano en una encrucijada. Lo peor fue el éxodo de muchos maestros hacia otros sectores donde había posibilidad de ganar algunos dólares.

En un discurso de 2002, el propio Fidel Castro aseguró: “Hace 22 meses, la situación de la educación primaria en la capital era desastrosa: un promedio de 37 alumnos por aula, 340 de ellas con más de 40 alumnos, no pocas con 45 o más”. El Periodo Especial había dejado al país sin recursos y había provocado “la desmoralización y el desaliento de numerosos cuadros administrativos” vinculados a la enseñanza. Castro intervino ese día en un acto de inauguración de 402 escuelas recién reparadas como parte del esfuerzo por reanimar el sector. Ese año se repararon 800 escuelas en La Habana, se creó un canal educativo y la cifra de profesores emergentes graduados superó los 5.000. Fue todo un símbolo.

“Lo que estamos viviendo hoy es la tercera revolución educativa”, asegura Néstor Ruiz, director de la Televisión Educativa, adscrita al Ministerio de Educación. La primera se dio en los inicios de los setenta, con la campaña de alfabetización. La segunda, en plenos setenta, consistió en la formación masiva de maestros de secundaria. Y esta tercera “se basa en la introducción masiva de medios audiovisuales en la enseñanza”, asegura Ruiz.

Hasta el momento se han distribuido 109.117 televisores y 40.858 equipos de vídeo en los centros de enseñanzas, y “en breve habrá una computadora por cada 25 alumnos”, señala. En 2002 se creó el primer Canal Educativo de la televisión cubana, que emite para las escuelas de 8 de la mañana a 5 de la tarde. Y se han formado más de 40.000 profesores generales integrales, que imparten clases de todas las materias, excepto Inglés y Educación Física, apoyándose en las teleclases elaboradas por la Televisión Educativa.

Muchos padres han criticado la capacidad de estos profesores y la calidad de su preparación. “La idea es que los problemas que pueda haber con la formación de los maestros se subsanen con los medios puestos a su disposición, pues las clases en soporte audiovisual son realizadas por los mejores profesores cubanos”, afirma Ruiz. La Televisión Educativa tiene tres programas formativos básicos. El primero, de corte curricular, está dirigido a secundaria y preuniversitaria. Las teleclases duran 30 minutos y en los 15 minutos posteriores a la proyección, los profesores aclaran dudas y completan contenidos. El segundo programa, “de apoyo curricular”, está dirigido a primaria. “No se imparten contenidos nuevos, sino que las teleclases completan la información que ha ofrecido antes el maestro”. Hay un tercer programa, formativo, cuyos contenidos son de cultura general integral, sobre educación sexual o prevención de drogas. “La nueva fórmula no sólo sirve al alumno, también al maestro; y las teleclases nunca van a sustituir la labor del docente”, señala Ruiz. Todavía es pronto para valorar resultados. “Es un programa joven, pero los estudios realizados demuestran que la asimilación y el aprendizaje de los estudiantes es mayor”. Según Ruiz, gracias a la última revolución en las aulas cubanas hoy el número de alumnos en primaria es de 20 por profesor y de 15 en secundaria, algo difícil de lograr en cualquier lugar del mundo.

’Teleclases’ en vídeo

Las teleclases que se imparten diariamente por el Canal Educativo Uno (hay un segundo canal, que emite programas de contenido cultural) han ido perfeccionándose a lo largo de estos tres años. Tanto los tiempos de las clases como la forma de estructurar sus contenidos se han adecuado a la experiencia, y una de las conclusiones a la que se ha llegado es la necesidad de que el maestro disponga de las teleclases en vídeo, para programar su proyección cuando lo considere oportuno. “Ya se han distribuido casi dos millones de casetes a los profesores de secundaria. Están todas las frecuencias de todas las asignaturas, y eso les da la oportunidad a los maestros de verlas antes de impartir la clase y de repetírselas a los alumnos cuantas veces hagan falta”, explica Néstor Ruiz, director de la Televisión Educativa.

Ruiz habla de otro de los proyectos revolucionarios de la educación cubana, la “universalización de la educación superior”: “Ha supuesto llevar las universidades y sus profesores hasta los municipios, permitiendo este año que 380.000 personas puedan cursar estudios superiores, más del doble que en años anteriores”.

Fuente: El País


Por Mauricio Vicent

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