Relaciones de género en psicología y educación

Atención a la Diversidad
D.G. Promoción Educativa
Madrid, 2003. ISBN: 84-451-2554-0
17×24 cm. 221 p.

A pesar de todos los avances habidos, aún estamos lejos de tener un sistema escolar
verdaderamente coeducativo, empeñado en evitar las desigualdades sociales
entre mujeres y varones. Las niñas y mujeres todavía deben ocultar muchas de sus
aspiraciones, deseos y saberes para poder sobrevivir en un mundo ordenado de manera
masculina. La escuela mixta implica un paso adelante, pero no resuelve por sí
misma todos los problemas, ni consigue brindar igualdad de oportunidades para chicos
y chicas, es decir, no siempre es coeducadora. Por eso, y aunque existen ya múltiples
y valiosos trabajos sobre estas cuestiones, debemos continuar indagando sobre
ellas:

-  ¿Cómo interactúan niños y niñas en la clase, en el patio de recreo, en el laboratorio,
en el aula de informática, en las actividades de educación física?

-  ¿Qué mensajes encubre el currículum oculto acerca de los géneros, sus papeles
familiares, culturales y sociales?

-  ¿Es el centro escolar un espacio en el que en todo momento se fomenta la
igualdad de derechos y deberes?

-  ¿Se hace en la escuela un uso sexista del lenguaje?

-  ¿Qué selección se lleva a cabo de los contenidos curriculares y qué expectativas
tienen los docentes en cuanto al rendimiento de alumnas y alumnos?

-  ¿Qué orientación profesional reciben unas y otros?

-  ¿Qué tipo de materiales didácticos se emplean para evitar estereotipos y convenciones
acerca de los géneros?

-  ¿Se programan las actividades extraescolares teniendo en cuenta los intereses
de niñas y niños?

Estas y otras preguntas repetidas por múltiples colectivos profesionales sensibles
a la situación de la mujer deben seguirse haciendo y contestando hasta que encontremos
la forma de lograr la equidad que defendemos. Para ello, hay que evitar el
ocultamiento de los logros de las mujeres a lo largo de la Historia. Cuestionar la invisibilidad
histórica de las mujeres es otra manera de negarse a su maltrato. Vale la
pena, por tanto, analizar las complejas identidades masculinas y femeninas y cómo
se construyen (a través de la familia, la escuela, los amigos, la televisión, la publicidad,
el cine, etc.), y, además, también cómo pueden reelaborarse para una convivencia
en igualdad. No defendemos la instauración de dos historias, la de los hombres
y las de las mujeres, sino una integrada y completa, en la que también se recoja
la enorme e importante contribución de las mujeres al progreso, porque lo que actualmente
se nos predica olvida al 50% de la población y, por lo tanto, desfigura los
procesos humanos al 100%.

Va a hacer setenta y cinco años que la mujer española conquistó el voto (en
1931), es decir, hace muy poco tiempo; no obstante, en la época franquista, volvió
a perderlo porque se la consideraba como menor de edad durante toda la vida.

Tradicionalmente la mujer, siempre marginada de los derechos jurídicos, políticos y
hasta familiares (aunque se la ha concebido como base y puntal de la familia), ha sido
eliminada del discurso histórico; aún hoy, la Iglesia Católica ni siquiera permite
que las niñas sean monaguillos. Pareciera que las mujeres no hemos estado en el
mundo nada más que para dar a luz. El mismo Renacimiento, que resultó tan importante
para los hombres, implicó una regresión para la vida social y cultural de las
mujeres que tenían mucha más libertad y posibilidades educativas en épocas anteriores.

A partir de entonces, sin la tutela del varón las mujeres no han sido nadie.
Por eso, en la actualidad, cualquier camino que emprendan suele partir de cero, no tienen pasado, no tienen modelos, no tienen referentes femeninos. Los próceres patrios,
los héroes de las guerras, los inventores, los artistas, los filósofos o políticos
no soportan que se les compare con mujeres que han sobresalido en su misma profesión.

Éstas debieron usar seudónimos masculinos, asistir a la universidad vestidas
de hombres, resignarse a las descalificaciones, ver cómo ellos se apropiaban de sus
obras y aparecían como autores de las mismas y, básicamente, tuvieron que callar y
convalidar la situación. Aún hoy, muchas mujeres siguen recibiendo un sueldo menor
que sus compañeros por realizar el mismo trabajo.

La agresividad y violencia que ejercen muchos hombres de la cultura occidental,
hace que las mujeres demuestren una sumisión de distinto grado y en diferentes aspectos;
pero, de alguna manera, todas debemos manifestar cierta humildad si no
queremos ser reprimidas o castigadas de alguna manera (con descalificaciones, burlas,
obstáculos profesionales, abandonos…); el modelo para “triunfar” continúa siendo:
mujer joven (o parecerlo), delgadísima, sumisa, seductora, depilada, maquillada,
aceptadora de la superioridad de ellos y, aunque esté en el trabajo, la mujer continúa
adscrita al ámbito doméstico, se encarga de los cafés, compra las flores que hay que
enviar a alguien, etc. Por algo, ir a la guerra y matar en ella está más valorado que
dar la vida; así los embarazos, crianzas y cuidados de la familia postergan, por lo general,
a la mujer en su progresión profesional.

Si el sexo es lo biológico, el género es lo cultural, de manera que lo masculino y
lo femenino se aprende y, en consecuencia, puede ser modificado, pero nuestra sociedad
enseña al hombre a ser para sí y a la mujer a ser para los otros. En plena
Ilustración, Rousseau sostenía en el Emilio que el niño, futuro ciudadano, debe educarse
en libertad, para la creatividad y la espontaneidad, mientras que la niña tiene
que ser educada en la sumisión, la obediencia y el conformismo. Estos postulados
que nos parecen tan superados continúan existiendo aunque de manera sutil y por lo
tanto más difícil de combatir. Realmente los hombres, para dedicarse plena y gozosamente
a la vida pública, tienen que tener alguien que les resuelva sus necesidades
domésticas (comida, limpieza de ropa, crianza de descendientes…) y les brinde satisfacción
sexual. Para la mujer, rebelarse conlleva que la tachen de frustrada, histérica,
lesbiana o marimacho, de ir contra su naturaleza, de perjudicar a los suyos
(también puede implicar, nada menos, que estar en contra de los preceptos divinos).

Ideologizando estos hechos, su situación deviene peor que la de los esclavos: “La
mujer no puede situarse en el mismo plano que el esclavo, porque su responsabilidad
de rebelarse es notablemente inferior: carece de conciencia de clase, no se ubica
en un espacio concreto y diferenciado de aquel donde se sitúan los varones y se
halla vinculada al hombre por lazos afectivos y culturales”
.
Como ya se ha mencionado, las científicas, filósofas, artistas, políticas de nuestros
días, a pesar de vivir en el siglo XXI, tienen poco pasado, no pueden inscribirse
en una tradición propia (salvo en el caso de las monjas y las brujas). Según C.
Sáez Buenaventura, la caza de brujas constituyó un “sexocidio” con las siguientes
características respecto de las perseguidas: “1) Eran mujeres en una sociedad que
despreciaba a la mujer; 2) por su edad habían perdido su encanto físico, su posibilidad
de procrear y de reponer la fuerza de trabajo en el ámbito del hogar; 3) hicieron
uso de su sexualidad fuera de los límites prescritos y aprobados socialmente; 4) se
reunían y formaban grupos; 5) lograban vivir autónomamente dedicándose a actividades
no domésticas”. Podríamos añadir, además, que cuestionaban la autoridad
masculina, demostrando una independencia cognitiva de los hombres, mediante el
ejercicio y transmisión de un saber de mujeres”.4
La pervivencia de una situación discriminatoria para la mujer debe resolverse a
partir del sistema educativo y social, en general, si queremos que nuestras estudiantes
se sientan seguras a la hora de elegir libremente su futuro y que no necesiten, como
Rosa Sensat en su momento, saltarse el artículo 52 del Derecho Civil español,
en el que se prohibía a las mujeres: “publicar escritos ni obras científicas ni literarias
de que fuera autora o traductora, sin licencia de su marido, o en su defecto sin
autorización judicial competente”.
En los currículos escolares deberían aparecer las aportaciones de todos los grupos
étnicos, culturales y sociales, dentro de los cuales estarían los logros de cada género.
Cazar no ha sido más importante que recolectar o sembrar y cosechar, hacer la
guerra no parece mejor que mantener la armonía de las relaciones familiares, lo público
depende de lo doméstico, alimentar y cuidar no resulta menos válido que agredir
y competir. Los modelos actuales provienen de estereotipos tradicionales ya ineficaces;
desenmascararlos es una responsabilidad pedagógica que va desde el uso no
sexista del lenguaje, hasta el reparto de responsabilidades en la gestión del centro
escolar entre hombres y mujeres o a la inclusión de debates y coloquios en las aulas
acerca de las discriminaciones de cualquier orden.

Dar algún barniz a las áreas curriculares o programar alguna conferencia aislada
sobre estos temas no es suficiente para facilitar la igualdad de oportunidades.

Resulta imprescindible asumir un planteamiento crítico en todos los ámbitos educativos,
incorporar el análisis de las obras hechas por mujeres, modificar los libros de
texto, cuestionar la publicidad machista, formar en una pedagogía crítica a profesores
y profesoras, favorecer el acceso a puestos de importancia de las mujeres, desenmascarar
estereotipos en los medios de comunicación (prensa escrita, televisión,
publicidad, internet, cine, videojuegos…), verdaderos fabricantes de conciencias,
evitar que algunas niñas o adolescentes adopten estilos de vida masculinos reprimiendo
su propia personalidad para alcanzar las metas que se proponen.

Hay que reconocer que los cuerpos, que biológicamente pertenecen a mujeres u
hombres, se visten con los ropajes de género que impone la cultura y mediante éstos
se condicionan las formas de ser más que a través de las diferencias anatómicas.

“Pero también es cierto que el énfasis en la diferencia sexual a veces trae consigo
una cierta obsesión por identificar a cualquier precio unas señas de identidad uniformes
y homogéneas en mujeres y en hombres a la búsqueda y captura de una esencia
arquetípica de la mujer y del varón (Martín Rojo, 1996) ajena a cualquier otra
contingencia que no sea el origen sexual. A esos cuerpos de mujeres y de hombres
se añaden los modos culturales de ser mujer y de ser hombre en una sociedad y en
una época, y esos modos tienen su origen no sólo en diferencias sexuales sino también
en diferencias socioculturales que condicionan, al igual que el sexo biológico,
las diversas maneras de ser y de sentirse mujeres y hombres en nuestras sociedades.

Dicho de otra manera, las identidades masculinas y femeninas están social e históricamente
constituidas y, en consecuencia, están sujetas a las miserias y a los vasallajes
de la cultura patriarcal pero también abiertas a la utopía del cambio y de la
igualdad”.

Con respecto al empleo de la lengua, cabe considerar que cuando las personas
emplean una lengua no sólo construyen mensajes que transmiten significados sino
que, a la vez, aportan en sus expresiones ciertas formas de hablar y de escribir en las
que aparecen indicios sobre sus identidades sexuales y socioculturales. Cuando nos
comunicamos, además del contenido, manifestamos quiénes somos, de dónde procedemos,
cuál es nuestro género y edad, a qué clase social pertenecemos y hasta
cuánta cultura poseemos. Es decir: al hablar nos retratamos, decimos lo que somos,
pues el lenguaje es un espejo en el que aparece la identidad sexual y sociocultural
de cada uno. Cualquier texto tiene autor, se construye en una época determinada,
desde la visión de una clase social o de una cultura, a partir de cierta ideología, etc.

En la medida en que algunos textos sustituyen la experiencia real, pasan con más intensidad
a aportar un marco con parámetros ideológicos que no suelen beneficiar a
las mujeres, de ahí la importancia de los comentarios críticos y la producción propia
de mensajes respetuosos con la igualdad de oportunidades.

“Con frecuencia sucede,
en muchos campos, que la lengua se nos impone como el dominio de experiencias
y juicios de otro. La lengua en sí no es el dominio de una experiencia con
exclusión de otras o de un pensamiento sobre otro. Pero la lengua está inserta en la
trama de las relaciones sociales y éstas son muy poco favorables a acoger lo que una
mujer vive y quiere por sí misma, en su diferencia del hombre”.


ÍNDICE

PRESENTACIÓN…………………………………………………………………………………… 9

PRÓLOGO…………………………………………………………………………………………….. 11

INTRODUCCIÓN………………………………………………………………………………….. 19

PARTE I: CONTENIDOS Y SENSIBILIDADES
CURRICULARES DE GÉNERO…………………………………………………………….. 29

CAPÍTULO 1. LA IMAGEN DEL MUNDO: LA REPRESENTACIÓN
DE MUJERES Y VARONES EN TEXTOS DE LA EDUCACIÓN
SECUNDARIA OBLIGATORIA
Nieves Blanco………………………………………………………………………………………… 31

CAPÍTULO 2. TRANSVERSALIDAD E IGUALDAD DE
OPORTUNIDADES EN EL TEXTO ESCOLAR
Mayte Bejarano Franco …………………………………………………………………………… 47

CAPÍTULO 3. VISIÓN DE LA ENSEÑANZA DESDE OTRA IDENTIDAD
Montserrat Moreno Marimón, Genoveva Sastre …………………………………………. 65

CAPÍTULO 4. RELACIONES INTERPERSONALES
Y CULTURA DE GÉNERO
Genoveva Sastre, Montserrat Moreno Marimón,
Bárbara Biglia, Teodosia Pavón, Asunción León………………………………………… 77

PARTE II: RELACIONES DE GÉNERO Y EDUCACIÓN…………………………. 93

CAPÍTULO 5: LEYENDO MERIDIANA
Mª Dolores Villuendas (Coord.), Ana Isabel Delgado,
Irene García, Raquel Vega; Sonia Márquez,
José David Segui, Sandra Sillero; Natividad Correa,
Silvia Haro; Noelia Arenas, Victoriano Mármol,
M.ª Auxiliadora Martínez, Eva M.ª Romero;
Ana Belén Alcalde, Desirée Jiménez, Sonia López-Rubio,
Carmen Sánchez …………………………………………………………………………………….. 95

CAPÍTULO 6: COMPRENSIÓN DE LAS DIFERENCIAS
DE GÉNERO
Esperanza Osuna (Coord) y Elena Cuberos,
Amalia Fernández, Inmaculada Fernández,
Gema Frichi, Mª del Carmen García,
Pilar Martín, Sonia Márquez, Cristobalina Ortega,
Mª del Carmen Palma, Patricia Pérez, Cristina Puebla………………………………… 111

CAPÍTULO 7: LAS MUJERES Y EL MUNDO LABORAL
José A. Liébana (Coord.) y Ana Arazo, Begoña Enríquez,
Sonia García, Sonia López, Sonia Márquez,
M.ª Carmen Moreno, Raquel Navarro, M.ª Teresa Pérez …………………………….. 119

CAPÍTULO 8: DINÁMICAS Y CONSTRUCCIONES DISCURSIVAS:
EL FEMINISMO EN CUESTIÓN
Mª Dolores Villuendas, Macarena Puerta y
Raquel Rodríguez (Coords.) y Cristina Avilés,
J. Alberto Carrasco, Virginia Contreras, Wu Fang,
Aurora Toral y Lourdes Torres …………………………………………………………………. 137

PARTE III: RELACIONES DISCIPLINARES
Y DE GÉNERO EN LA PSICOLOGÍA……………………………………………………. 159

CAPÍTULO 9: INFANCIA Y SUBJETIVIDADES
POLÍTICAS CONTEMPORÁNEAS
Erica Burman…………………………………………………………………………………………. 161

CAPÍTULO 10: LA GESTIÓN PSICOSOCIAL
DE LA DIVERSIDAD SEXUAL Y DE GÉNERO
Ángel J. Gordo López …………………………………………………………………………….. 179

CAPÍTULO 11: PSICOLOGÍA CRÍTICA: CONEXIONES CRÍTICAS
Ian Parker………………………………………………………………………………………………. 199


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