Las investigadoras feministas exigen una carrera sobre Estudios de las Mujeres

La Asociación Universitaria de Estudios de las Mujeres (AUDEM), donde se agrupan investigadoras de la gran mayoría de las universidades españolas, ha firmado un documento en el que se exige “la plena integración” de los estudios de las mujeres, feministas y de género, entre los nuevos títulos universitarios que se están definiendo en España para adaptarse a las directrices europeas.

Las investigadoras vinculadas al feminismo consideran “inaplazable” que uno de los nuevos títulos de grado (como se llamarán las nuevas carreras) sea para los Estudios de la Mujer. “Con esa titulación se podrían formar los nuevos perfiles profesionales que se necesitarán para poner en marcha las políticas de igualdad y que van a requerir una especialización en materia de género”, dice Amparo Pedregal, que era presidenta de AUDEM cuando se redactó el documento que han firmado más de mil investigadoras universitarias. “¿Cómo vamos a pedir a los jueces y fiscales, a los altos cargos de las empresas, a los políticos, que apliquen medidas de igualdad si no tienen formación en ello?”, dicen.

“Además de una necesidad académica y social, se trata de actuar con coherencia política”, explica. “Se han aprobado leyes como la de Violencia de Género, se está tramitando la de Igualdad y el Gobierno ha aprobado un Plan de Igualdad. Con todo ello, sería poco coherente que no llegaran esos cambios al ámbito universitario, donde la sociedad se juega tanto. La LOU [Ley Orgánica de Universidades] nos dejaría otra vez en el vacío”.

El documento con las peticiones se ha enviado a la Secretaría de Estado de Igualdad, al Instituto de la Mujer, y se remitirá al Ministerio de Educación “y a todos los organismos que tengan que decidir sobre esto”. Es “particularmente incomprensible” que en el borrador para reformar la Ley Orgánica de Universidades “no se contemplen las leyes y medidas sobre igualdad entre hombres y mujeres” que se han ido aprobando en esta legislatura, explica el documento. La LOU recoge en su disposición adicional undécima el “impulso” de las universidades a la “promoción de la igualdad de hombres y mujeres en el ámbito universitario”.

Pedregal dice que algunas de esas medidas feministas adoptadas por el Gobierno van “poco a poco” y advierte de que el hecho de que exista una ley “no quiere decir que haya conexiones objetivas para que se cumpla. Hay que arropar las leyes con soportes financieros y voluntad política”.

Las investigadoras feministas, que consideran “irrenunciables” estas peticiones, creen que “no se puede dejar pasar esta oportunidad”. “Llevamos ya muchos años trabajando en esto, y hay más de tres siglos de tradición intelectual del pensamiento feminista, el mundo va cambiando y la universidad sigue siendo un reducto impermeable”, lamenta Pilar Ballarín, directora del Instituto de la Mujer en la Universidad de Granada. Ballarín ya está “acostumbrada” a la invisibilidad de la mujer en el mundo académico, pero es optimista: “Creo que los políticos tienen interés en actuar, pero deben intervenir en el ámbito universitario. La autonomía universitaria a veces impide que se intervenga, pero creo que eso se podría revisar; hay compromisos sociales”, añade.

Desde la Universidad Jaume I de Castellón, la profesora de Derecho Constitucional Asunción Ventura insiste en que “la Ley sobre Violencia de Género recoge la obligación de que estos asuntos tengan reflejo en el ámbito universitario”. “No nos hacen un favor a nosotras, sino a la formación de los alumnos, que serán las clases dirigentes en el futuro”, asegura.

La declaración que han firmado estas universitarias recoge el sentir y las conclusiones de numerosos congresos donde han participado más de 60 asociaciones feministas del ámbito académico. “Hay muchos grupos y muchas tendencias, pero hemos unificado criterios”, dice Ventura

Amparo Pedregal, historiadora de la Universidad de Oviedo, recuerda la larga trayectoria del feminismo en España y lo “bien considerado” que está en Europa el trabajo que desarrollan, a pesar, dice, de contar con “menos infraestructuras” que sus colegas comunitarias.

Una sola mujer en la comisión de expertos que analiza los nuevos títulos

El Consejo de Ministros aprobó el año pasado 53 medidas para la igualdad de género. Algunas de ellas, para su adopción en el ámbito académico; por ejemplo, la que obliga a garantizar el mismo número de hombres y mujeres en los comités de expertos que toman decisiones sobre alguna materia. ¿Cuántas mujeres hay en la comisión de expertos que analiza la reordenación de las nuevas carreras universitarias? Una, la académica Carmen Iglesias. Acompañada de siete hombres. A esta comisión se suman también los cuatro presidentes de las subcomisiones encargadas de los títulos universitarios por cada disciplina académica. Son todos hombres: había una mujer, Araceli Maciá, pero ha sido sustituida porque ya no es rectora. Y por último, forman parte también el secretario de Estado de Universidades, Salvador Ordóñez; la directora general de Universidades, Carmen Ruiz-Rivas; la secretaria general del Consejo de Coordinación Universitaria, María Antonia García Benau, y los dos vicepresidentes del Consejo, ambos hombres. Muy lejos de la paridad.

“Hemos intervenido poco en esos nombramientos, lo propusieron las comunidades autónomas y la comisión académica (del Consejo universitario), y eso fue antes de la orden ministerial. Lo lamento mucho. Intentamos recoger lo de la paridad pero con tan pocas rectoras a veces se hace difícil para formar algún comité”, explica el secretario de Estado de Universidades, Salvador Ordóñez. “Pero son todos expertos indiscutibles”. Ordóñez recuerda que él ha creado la Oficina de Mujer y Ciencia, y señala “el esfuerzo decidido” de su secretaría para impulsar los asuntos de paridad. “No lo intentaremos, lo haremos posible, estoy convencido y decidido a impulsarlo, creo que es muy bueno; es un derecho, hay que ir a más, incluso a la discriminación positiva”, asegura Ordóñez.

Pero, por ahora, la presencia de mujeres en estos órganos de decisión académicos es casi imperceptible. En las subcomisiones por disciplinas académicas formadas en el Consejo universitario hay que mirar con lupa para encontrar una mujer. Entre otras cosas porque son miembros del Consejo los rectores españoles (todos hombres, salvo cuatro), algún consejero o director general de Universidades de las comunidades autónomas (la mayoría hombres) y un grupo de senadores y diputados, casi todos hombres. En total hay cuatro mujeres y 81 hombres.

La secretaria general del Consejo de Coordinación Universitaria explica que ellos recomiendan que se incorporen mujeres, pero que en el caso de la comisión externa (siete hombres y una mujer) fueron las comunidades y los rectores los que propusieron. “Ellos proponen a quienes consideran, los consejeros toman sus decisiones”. Entre los elegidos por el Gobierno para el resto de las comisiones “hay siete hombres y tres mujeres”, justifica García Benau. A ella, “por supuesto”, le gustaría que hubiera más en la comisión externa. A pesar de ello, opina que se están “dando pasos adelante”. También la académica Carmen Iglesias, la única entre ocho, “echa de menos alguna otra presencia femenina”.

Algunas medias para llevar la igualdad del sexo a las aulas

Las investigadoras feministas recuerdan que las mujeres son “la mitad de la humanidad y más de la mitad de la población universitaria”, mientras que la Universidad sigue sumida en un “discurso androcéntrico”.

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Las investigadoras que han firmado la declaración para que los estudios universitarios europeos cuenten con la aportación “de más de tres siglos de tradición intelectual del pensamiento feminista” señalan, además de la creación de una carrera específica sobre estudios de las mujeres, una serie de reclamaciones que se han de asumir “de manera inaplazable”. Son éstas:

-  Inclusión de asignaturas obligatorias que introduzcan los estudios de género en las distintas disciplinas, además de las materias optativas y de libre elección que ya existen.

-  Asegurar que la perspectiva de género y la igualdad impregnan todas las disciplinas académicas, del mismo modo que se hace con la paz o la ecología; es lo que se llama transversalidad.

-  Incluir un máster y un doctorado con la misma denominación para todas las universidades españolas: posgrado en Estudios de las Mujeres, Feministas y de Género. Después, las universidades incorporarían sus propuestas concretas.

-  Creación de un Área de Conocimiento sobre estos estudios en cada universidad.

-  La inclusión en los estudios universitarios será considerada un criterio de calidad por la Agencia Nacional de Evaluación y Calidad.

-  Procurar la correspondiente formación del profesorado tanto en los estadios iniciales como de manera continua.

-  Incorporar a personas expertas en esta materia a los diferentes ámbitos científicos y organismos públicos vinculados a la organización y desarrollo de la docencia, así como a los dedicados a la concesión y evaluación de los proyectos de investigación.

La investigación sobre feminismo y estudio de género se ha canalizado tradicionalmente a través de los cursos de doctorado (una vez finalizada la carrera) o de asignaturas de carácter voluntario

Fuente: El País

por Carmen Morán

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