La participación de las chicas y de los chicos en las actividades de juventud locales.

En un espacio educativo de encuentro tan significativo como es la Casa de la Juventud de un municipio, es fundamental valorar como es la participación de las chicas y de los chicos en las actividades que se ofertan, por lo que las primeras preguntas generales que nos hemos planteado han sido:

¿como podemos crear espacios de comunicación conjunta entre chicos y chicas sin confrontación ni violencia?…

¿como se establecen las relaciones de los sexos y entre los sexos en las actividades de juventud? …

En nuestro camino de reflexión, hemos podido entender que la construcción de espacios de relación conjunta entre chicos y chicas es un proceso, que no se tiene que forzar, ya que el hecho de que existan grupos mixtos de interrelación por si mismos no son garantía de nada. Además consideramos que es imprescindible saber ver como piensan y sienten unos y otras, preguntarles y convertirles en protagonistas de la intervención para canalizar sus deseos reales.

Partir de la propia experiencia como mujeres y como hombres es algo que nos ha ayudado a desenredar algunos de los nudos que se nos plantean cuando abordamos las relaciones y las diferentes formas de participar que tienen las chicas y los chicos.

Y entonces seguimos preguntándonos: ¿Qué entendemos por participación? ¿cómo es la participación de las chicas? ¿como es la participación de los chicos? ¿la participación de unos bloquea la de las otras o viceversa? ¿qué buscamos cuando hablamos de participación equitativa? ¿es esta una cuestión local?.

Sabemos que la mayor parte de los procesos participativos se dan en colectivo, por lo que es imprescindible no olvidar que en estos procesos entran en juego múltiples variables y relaciones.

En un principio hablamos de la dificultad en la participación de las chicas en las actividades, volcando de alguna manera casi inconsciente la responsabilidad en ellas. Pero al profundizar un poco hemos podido reflexionar sobre como en ocasiones las chicas no quieren estar con los chicos, por ejemplo viendo una película, porque ellos interrumpen, molestan y estropean la actividad, convirtiendo ese espacio de ocio en un lugar ajeno, extraño e incluso hostil para ellas.

Y entonces seguimos preguntándonos: ¿porque no quieren las chicas compartir ciertos espacios con los chicos? ¿cual es su deseo real? ¿que valores o actitudes reconocemos y queremos trasmitir? ¿que referentes educativos estamos dando?.

Tener la sensación de que no llegamos a las chicas, de que no tenemos herramientas para fomentar su participación, de que es más fácil llegar a los chicos, es un ejemplo de que en ocasiones el mundo sigue mirándose con el prisma masculino tradicional también en el tiempo libre.

En este contexto, las chicas tenemos formas de participar que suelen quedar invisibilizadas o minusvaloradas, se sigue dando protagonismo a un tipo de participación basado en la toma de la palabra, aunque sea para interrumpir, aunque suponga no escuchar y en la ocupación del espacio sin cuestionarnos con que actitud se ocupa. No nos damos cuenta de que el hecho de que a los chicos les cueste menos tomar la palabra o ocupen la mayor parte del espacio no significa que participen más, ya que las chicas con sus silencios, su actitud o sus ausencias también están participando aunque de una forma menos evidente.

Es fundamental saber ver con otra mirada esas cosas que hacen las chicas que suponen un tipo de participación diferente, es decir, saber reconocer lo que ellas son y hacen. En este sentido tenemos que facilitar un espacio donde ellas tengan la oportunidad de hacer algo propio, ofreciendo alternativas que fomenten el estar en relación, y reconduciendo actividades ante cualquier indicio de violencia.

La idea no es introducir a las chicas en el mundo de los chicos, la idea es que tanto unas como otros puedan elegir todas las posibilidades del mundo.

Por ultimo, consideramos que los y las jóvenes interactuan cada vez más en contextos claramente multiculturales, donde se mezclan valores y pautas culturales diversas y donde se hace necesario intervenir abriendo caminos de entendimiento, comunicación e intercambio más allá de la mera aceptación de lo diferente, para alcanzar una convivencia en libertad.

Y por eso finalmente nos hemos preguntado: ¿cuales son nuestros prejuicios y miedos? ¿queremos cambiar pautas culturales de los chicos y chicas con quien intervenimos y que no entendemos? ¿el hecho de que una persona no conozca el idioma la impide participar? ¿cuales con los conflictos consecuencia de la diferencia cultural y cuales son consecuencia de la inmigración? ¿es posible romper barreras simbólicas?.

En nuestras reflexiones hemos querido ver las crisis en términos de ocasión, hemos comprendido que todos los conflictos son potencialidades que nos permiten crecer.

Por eso nuestro deseo hoy aquí es poder abrir todos esos conflictos, por supuesto sin violencia.

Nuestro proceso ha sido claramente un CAMINAR PREGUNTÁNDONOS, por lo que sin pretender encontrar hoy todas las respuestas, nos gustaría más bien, poder seguir haciéndonos esas preguntas que nos permitan seguir caminando …*

Laura Latorre Hernando (Educadora y formadora en temas relacionados con la intervención social, forma parte de la Cooperativa de Iniciativa Social Cauris Intervención Social).

Texto extraído de las Jornadas realizadas en Moralzarzal sobre “La participación masculina y femenina en las actividades de juventud locales. El reto en la participación de la mujer marroquí”.

Por Laura Latorre Hernando

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