La joya de ser María Moliner. 25 años de la muerte de la autora del diccionario más elogiado

Educar en Valores significa también reconocer una historia a menudo ocultada o devaluada. Por ello reproducimos un estupendo artículo publicado en La Vanguardia sobre el papel de María Moliner. Hubiera sido la primera académica de la historia de España si su candidatura pero a pesar de ser la autora de uno de los mejores diccionarios, la Real Academia de la Lengua la rechazó.


Este enero se han cumplido 25 años del fallecimiento de María Moliner, aunque cualquier excusa es buena para acercarnos a la obra de esta lexicógrafa sin parangón. Cada consulta de su Diccionario de uso del español suele llevar pareja una sorpresa agradable. Allí está la solución que se busca o la sugerencia sinonímica o el uso preposicional o el régimen o el ejemplo clarificador. Incluso el artículo gramatical. Todo un mundo en cada palabra. De María Moliner dice García Márquez: “Hizo una proeza con muy pocos precedentes: escribió sola, en su casa, con su propia mano, el diccionario más completo, más útil, más acucioso y más divertido de la lengua castellana”.

El título de la obra puede llamar a engaño, porque no se trata de un diccionario de uso como lo entendemos hoy, sino que es “un instrumento para guiar en el uso del español”. Por ello su autora apunta un nombre algo más largo pero preciso de lo que son esos dos volúmenes: Diccionario orgánico y de uso del español.

Además del valor de uso de las palabras, Moliner parte de una premisa fundamental, que se convierte en el ADN de su trabajo: de la idea a la expresión, premisa que ya había desarrollado en su diccionario ideológico Julio Casares (de la idea a la palabra y de la palabra a la idea). De este modo, en cada entrada procura ofrecer toda la información útil alrededor de ese lema, con catálogos de palabras relacionadas y con remites a otros lemas y campos conceptuales. Y es consciente de que en algunos casos el catálogo puede resultar “incoherente e incompleto, pero no dejará de ser útil en algunos casos”. Su modestia es un valor añadido. Sabe que no es como los dioses que alcanzan los límites del universo léxico. Sólo como un astrónomo que observa el firmamento de la lengua y ofrece el fruto de sus anotaciones. ¡Pero qué astrónoma! Su cerebro era como un telescopio que no tenía nada que envidiar al famoso Hubble.

SEIS EN UNO. ¿Es el María Moliner un diccionario de definiciones?, ¿de sinónimos?, ¿un diccionario combinatorio?, ¿de expresiones y frases hechas?, ¿es una gramática por orden alfabético?, ¿es una sintaxis, con sus complementos directos y sus regímenes preposicionales? La respuesta es seis veces sí. Y aún más. La combinación de las distintas informaciones también lo convierte en un diccionario sintáctico: en ocasiones, conocemos el valor lógico de una palabra pero no tenemos claro su valor de uso. Es otro de los retos que aborda, con éxito, Moliner. Todo ello enriquece la consulta: supongamos un lector que hace una búsqueda en un diccionario de sinónimos y no resuelve su dilema. El apartado de sinónimos de esa entrada en el María Moliner seguramente tampoco resolverá la duda. Sin embargo, toda la información incluida en la misma entrada, sea un ejemplo, sea el régimen preposicional o el catálogo de palabras relacionadas, aporta al momento un caudal que multiplica la eficacia de la consulta. Moliner tomó como base el Diccionario de la lengua española de la Academia, pero acometió dos modificaciones de consideración. Primero, y antes de que existieran los ordenadores, dispuso los lemas alfabéticamente por letras y no por dígrafos. Es decir, la CH y la LL están incluidas en laCy la L. Ahora el diccionario académico se ordena así, pero han tenido que pasar tres decenios desde que Moliner dio el paso.

Segundo, redefinió todas las palabras. Descontenta con las soluciones que aportaba la Academia, y que otros trabajos lexicográficos repetían, estableció un sistema para no caer en los tan desagradables bucles o circularidades, es decir, palabras que remiten a otras palabra sinónimas que, a su vez, remiten a las primeras. Para ello alumbró los conos léxicos.

María Moliner

María Moliner

UNA SEÑORA RECOLETA MUY MODERNA.

María Moliner nació con el siglo en Paniza, provincia de Zaragoza, y cursó Historia en la Universidad de Valencia. Se definía como “una señora recoleta”. Quizá su papel de madre de cuatro hijos pudiera hacerlo creer, pero su trayectoria profesional contradice esta imagen. Participó en las tareas pedagógicas de la Institución Libre de Enseñanza, durante la República desarrolló un sistema pionero de bibliotecas rurales y a partir de 1936 estableció mecanismos para hacer llegar libros a los soldados que estaban en el frente. Con la victoria franquista, Moliner es depurada y su marido, catedrático de Física, es suspendido de empleo y sueldo, situación que ella superó con la plena dedicación a su trabajo y a su familia.

Los veranos los pasaba en Montroig del Camp, el pueblo de su marido. Ella, como una moderna abuela de verano, acogía a todos sus hijos y nietos, que venían a pasar las vacaciones desde distintas ciudades del mundo – Washington, Madrid, Ginebra, San Sebastián…-, y los atendía con ayuda de criadas. Sin embargo, no dejaba de avanzar en su obra. Explica su hijo Fernando en su web (www. mariamoliner.com) que nunca trabajó de noche: se levantaba con el sol y se dedicaba a su diccionario por la mañana, se echaba una pequeña siesta y reemprendía la labor hasta el atardecer.

ACADÉMICA SIN SILLÓN.

Después de 16 años, el Diccionario de uso del español vio la luz en 1966 y 1967, publicado por Gredos. La novedad y el alcance de obra tan ingente provocaron admiración pero también celos. Los lingüistas reconocieron la calidad del diccionario, pero algún académico cuestionó una obra elaborada al margen de los cánones oficiales y, además, por una bibliotecaria. Sin embargo, Rafael Lapesa y Dámaso Alonso presentaron su candidatura para que ingresara en la Real Academia Española en 1972, pero su nombre fue rechazado. Quizá por su origen modesto, quizá por su formación no específicamente lingüística, quizá porque era mujer… Y hubiera sido la primera académica.

Quienes admiraron su trabajo la llamaban la “académica sin sillón” y ella, con su humildad característica, agradeció no ingresar en la RAE porque no hubiera podido cumplir escrupulosamente con lo que el nombramiento suponía debido a su salud.

Murió en 1981, enferma de alzheimer. Su obra sigue vigente y todavía hoy las muchas dudas que la lengua plantea acaban encontrando solución en este diccionario. El que termina por hacer un bucle es el propio lector, atrapado en el mágico mundo de las palabras del María Moliner.

La eficacia de los conos léxicos en el ’Diccionario de uso’

Los bucles o circularidades que se producían en el diccionario de la Academia hace medio siglo se debían a que algunas definiciones se basaban en sinónimos. Moliner, en el prólogo de su obra, lo explica con un ejemplo: conculcar = infringir; infringir = quebrantar; quebrantar = traspasar, violar; traspasar = transgredir; violar = infringir o quebrantar; transgredir = quebrantar. Para evitar estos círculos viciosos, Moliner desarrolló los conos léxicos, que definen cada palabra con otra de sentido más amplio hasta llegar a la cúspide. Para acotar el sentido genérico se añade un concepto diferenciador al mismo nivel semántico. Según se ve en el gráfico adjunto, escolar es un niño que va a la escuela / un niño es un hombre no adulto / un hombre es un primate racional…, y así sucesivamente

Fuente: La Vanguardia


Por Magí Camps

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