La escuela que aprende. Perspectiva de Género en la organización escolar

1. PRÓLOGO: EN EL PÓRTICO DE LA PALABRA

Quiero, antes de entrar en el lema, hacer algunas sugerencias que permitan enmarcarlo y situarlo dentro de] discurso de la práctica educativa y política. Dentro también de una reflexión exigente que ayude a comprender y a mejorar lo que hacemos en las escuelas. Son éstas instituciones dedicadas a la enseñanza, pero a veces olvidan que tienen que dedicarse al aprendizaje (Santos Guerra, 2000a).

En primer lugar quiero hacer constar que no hay nada neutro en la estructura, el funcionamiento y la cultura de las organizaciones. En ellas vivimos y trabajamos. En ellas aprendemos cómo ser hombres y mujeres y nos comunicamos en función del género (Santos Guerra, 2000b). La cultura androcéntrica de las escuelas exige un análisis riguroso y urgente, ya que los “contextos tóxicos” envenenan a sus integrantes. “La mayoría de las organizaciones están saturadas de valores masculinos” (Burton, 1991).

En segundo lugar, deseo justificar la elección de este tema, en razón de la importancia, la necesidad y la urgencia de la reflexión y de la intervención sobre estas cuestiones.

a. Parece que ya se han superado los graves problemas de¡ sexismo. No es así. La discriminación en función del género sigue viva y adquiere matices cada vez más sutiles. Por eso es necesario afinar la sensibilidad de los detectores de mecanismos sexistas y hacer cada vez más complejas las intervenciones políticas y educativas.

b. La cuestiones relativas al género nos afectan a todos en esferas decisivas: los sentimientos, las expectativas, los valores, las creencias, los hábitos, los comportamientos, las ideas, etc. No se puede decir que esta esfera es irrelevante o secundaria en razón de su importancia, su incidencia y su extensión.

c. El silencio y la invisibilidad que rodea a estas cuestiones son un motivo para que aquí les demos presencia y luz. Si analizarnos el contenido de los libros sobre organización, si revisamos los núcleos temáticos de las investigaciones, podremos comprobar que existe un asombroso e imperdonable silencio sobre estos fenómenos. Parece que las organizaciones son axesuadas, que nada tiene que ver con ellas el sexo y el género de sus integrantes.

d. El momento social, económico y político en el que nos encontramos, marcado por los presupuestos y las exigencias del neoliberalismo, hacen necesario un enfoque contra hegemónico que ponga el acento en los valores y en los elementos relativos a la igualdad.

Como dice García Calvo (1997),’no está mal que intentemos seguir en común razonando la mentira de las verdades sobre hombres y mujeres que se nos venden cada día”.

En tercer lugar, quiero hacer referencia a la imprescindible modificación (o evolución) de la perspectiva o del paradigma desde el que han de abordarse temas de esta naturaleza.

a. Hay que pasar de una concepción asentada en la certeza a otra sustentada en la incertidumbre. Cuando se ofrecen explicaciones inequívocas sobre las diferencias es probable que no se sigan buscando razones más profundas. Cuando se cree que se posee la verdad, nada habrá que hacer para buscarla.

b. Hay que abandonar un modelo basado en la simplicidad para caminar a otro cimentado en la complejidad. Atribuir la discriminación a factores monocausales o a explicaciones simplistas no permite desentrañar una realidad extremadamente compleja y pluricausal.

c. Hay que olvidarse de un paradigma situado en la neutralidad para optar por otro basado en el compromiso. Ni la estructura de las organizaciones, ni su funcionamiento, ni las relaciones que impone su cultura son inocentes. Todo está transido de valores.

d. Hay que pasar de un modelo situado en el individualismo a otro basado en la colegialidad. Mientras se considere el sexismo un problema que afecta solamente a cada víctima, no se podrá alcanzar una solución verdaderamente eficaz.

En cuarto lugar, quiero hacer referencia a mi condición de varón en esta guerra de los sexos. Creo que la liberación de las mujeres la han de conseguir ellas mismas. ¿Qué papel hemos de desempeñar los hombres en ella? Primero, la de la reflexión sobre el problema y sobre los patrones sexistas que aún conservamos; segundo, modificar las pautas de conducta destructoras y, tercero, sumarnos (desde la condición de subalternos) a la causa de la liberación.

Apropiándome del título de Rian Malan (un blanco comprometido en la lucha contra la discriminación por la raza) podré hablar de “mi corazón de traidor”. ¿Qué hace un hombre en la causa de la liberación de las mujeres? No es de extrañar que algunas mujeres se pregunten: ¿qué intereses tienen quienes nos oprimieron en el esfuerzo que ahora hacen por liberarnos?

En quinto lugar, quiero decir que es la educación (o mejor, la coeducación), la más importante de las estrategias de cambio. Las otras son necesarias- ésta, imprescindible. El cambio debe efectuarse desde dentro porque afecta no sólo a las estructuras y a los comportamientos sino a las concepciones y a las actitudes.

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35 páginas

Por Miguel Ángel Santos Guerra

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