La Educación para la Ciudadanía: marco pedagógico y normativo

La educación pública ha tenido -desde sus inicios- entre sus objetivos fundamentales
la integración y socialización de los individuos en una comunidad de ciudadanos que
comparte un conjunto de saberes y valores comunes. Este objetivo precisa actualmente ser
revitalizado, ante los déficits cívicos que acusan nuestras sociedades actuales junto a
fenómenos nuevos (como multiculturalidad o globalización), para promover una convivencia
social de ciudadanos con distintas identidades culturales y la participación activa en los
asuntos públicos. La Educación para la Ciudadanía marca una dirección para hacer frente a
los nuevos problemas, al tiempo que permite integrar los valores y temas transversales, en
lugar de plantearlos como acciones puntuales o aisladas. Por estas razones, el Consejo de
Europa ha declarado el año 2005 como el “Año Europeo de la Ciudadanía a través de la
Educación” y ha invitado a los Estados miembros a un conjunto de acciones para promover
una ciudadanía activa, informada y responsable en una cultura democrática, bajo el eslogan
“Aprender y vivir la democracia”.

La Educación para la Ciudadanía pretende contribuir a formar ciudadanos más
competentes cívicamente y comprometidos, mediante la participación en las
responsabilidades colectivas. La escuela debe reafirmar su papel de primer orden en la
formación de la ciudadanía, abierta a todos los alumnos y alumnas sin discriminación,
integrando la diversidad sociocultural y las diferencias individuales. Se pretende así construir
ciudadanos iguales en derechos y reconocidos en sus diferencias, que tienen capacidad y
responsabilidad para participar activamente en el espacio público común. El Consejo de
Europa dice que la Educación para la Ciudadanía concierne: “al conjunto de prácticas y
actividades diseñadas para ayudar a todas las personas, niños, jóvenes y adultos, a participar
activamente en la vida democrática, aceptando y practicando sus derechos y
responsabilidades en la sociedad”.

La educación para el ejercicio de la ciudadanía, entendida en un sentido amplio,
comprende el conjunto de valores (responsabilidad y participación, tolerancia y solidaridad,
conocimiento y libertad, igualdad y pluralismo), actitudes y comportamientos necesarios para
una convivencia social. La dimensión cívica se apoya en una dimensión moral de los valores
que la sostienen y, ambas, en una dimensión social de participación y convivencia en la
esfera pública. Las tres son dimensiones esenciales de la democracia. Pero también
comprende todo aquel conjunto de saberes y competencias que posibilitan la participación
activa en la vida pública, sin riesgo de verse excluidos. La escuela contribuye, también, a
formar ciudadanos cuando asegura el aprendizaje del currículum básico para todos los
alumnos, de modo que les permita estar integrados, y poderse mover autónomamente, en la
vida colectiva.

Una Educación para la Ciudadanía, pedagógicamente, precisa no sólo enseñar un
conjunto de valores propios de una comunidad democrática, sino estructurar el centro y la
vida en el aula con procesos (diálogo, debate, toma de decisiones colegiada) en los que la
participación activa en la resolución de los problemas de la vida en común, contribuya a crear los correspondientes hábitos y virtudes ciudadanas. La configuración del centro escolar como
un grupo que comparte normas y valores es, por eso, el contexto adecuado para una vivencia
y aprendizaje de la ciudadanía, lo que requiere también acciones paralelas en la familia y en
la comunidad. Esto exige una acción conjunta a través de un proyecto educativo y de la
práctica docente cotidiana, especialmente mediante la tutoría. Una educación democrática, en
el doble sentido de educar para la democracia y educar en la democracia debe ser
constitutiva, como fin y como medio, de la educación pública.

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Fuente: Ciudadanía a través de la Educación. Consejería de Educación, Junta de Andalucía

Por Antonio Bolívar y Francisco Balaguer. Universidad de Granada

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