La educación en lugares de ocio: las casas de colonia lanzan un SOS

*Susana y Cristina al fondo, con los niños y niñas en plena sesión de contacto con la naturaleza. Granja de Santa María de Palautordera. La primera de este tipo que hubo en España


Catalunya fue pionera en la tradición de las casas de colonias para los niños, que exportó a otros países y que, a juicio de los educadores, es una iniciativa que aporta elementos muy positivos en la educación de los niños. Ahora, pierde adeptos

Algunos niños no se atreven a sentarse en el suelo porque sus padres les riñen si se ensucian

Jordi Reixach, de Can Vilalta, apunta que las inquietudes de los niños han cambiado “y no sabemos qué nos piden”

MERCÈ BELTRAN

Los hábitos de la sociedad cambian, incluso aquellos que parecían más arraigados y formaban parte de una tradición, como el ir de colonias. Por lo menos, eso es lo que opinan varios miembros de la Associació de Cases de Colònies i Albergs de Catalunya, que agrupa a unos 70 socios de los 75 establecimientos privados de estas características que hay en Catalunya. La voz de alarma, que casi es una llamada de socorro, llega desde La Granja de Santa Maria de Palautordera, por la que pasan unos 15.000 niños al año y una media de 40 profesores por semana.

Cristina Gutiérrez, que junto con Susanna, su hermana, es codirectora de este centro, explica que están notando una paulatina pérdida de “clientela”, algo que, en su opinión, denota una “grave crisis de valores en la familia”, y constata que “cada vez más son los padres que dimiten de sus obligaciones”.

No todos los propietarios de casas de colonias consultados por La Vanguardia coinciden en el diagnóstico de Cristina, pero sí hay unanimidad a la hora de reconocer que el ir de colonias durante el periodo escolar, no en los fines de semana o en los meses de verano, ya no está tan de moda como lo estuvo hace unos años.

“Hace unos días -explica Cristina-, una profesora nos llamó para anular una parte de las reservas de su clase. Nos explicó que había preguntado a los padres por qué motivo no querían que sus hijos de entre 10 y 11 años fueran de colonias, y se encontró con respuestas que invitan a pensar”. Unos padres le explicaron a esta profesora, cuenta Cristina, que su hijo había preferido que le compraran un móvil a ir de colonias; otra madre justificó la ausencia de su hija por el temor a que ésta se acatarrara (las colonias estaban previstas para el mes de mayo)…

“A menudo nos encontramos con niños y niñas que cuando salen al bosque no quieren sentarse en el suelo por miedo a la regañina que les caerá si se ensucian y regresan con la ropa sucia a casa, y los profesores temen la reacción de los padres si los niños pierden una pieza de ropa o regresan con ella mojada”, prosigue Cristina.

Probablemente no todos los padres actúan así, pero los expertos señalan que sí hay síntomas de un cambio de valores, y la prueba es que “prima más comprarle un móvil al niño que ir de colonias”. También mencionan una cierta desmotivación por parte de los profesores, lo que no contribuye a incrementar el interés de los padres por las estancias de dos o tres días en las casas de colonias.

Estos interlocutores comentan también que si las colonias antes eran importantes, ahora aún lo son más porque los niños conviven durante 24 horas con sus compañeros, salen de su entorno habitual, se desenganchan de la familia, aprenden a ser más independientes, valoran más a los otros y, sobre todo, se sienten orgullosos de sí mismos cuando se ven capaces de hacer cosas que en su casa no hacen por exceso de proteccionismo. Todo ello, en definitiva, contribuye a incrementar la autoestima de los niños.

¿A qué obedece este cambio de tendencia? Los responsables de algunos de estos centros no ven una única razón, sino un conjunto de factores que disuade a familias y maestros de acudir a este tipo de establecimientos lúdicoeducativo. Reconocen que el accidente de la riera de Marlès, de mayo de 2001, en el que murieron dos niños, puede haber contribuido al descenso de ocupaciones, pero no ven en ello motivo sufuciente para que las colonias pierdan sentido en el proceso educativo. El exceso de regulación del sector, con el que algunos están de acuerdo y otros no tanto, y la pérdida de protagonismo de los maestros durante el periodo de colonias en favor de los monitores son otros.

Cristina cita además el proteccionismo exagerado de los padres: “No les protegen para defenderlos del mundo, sino de las frustraciones”. Cesca Vendrell, de Can Mas (Torrelles), menciona el cansancio de los maestros, “que reciben toda la presión y no se ven recompensados” y que en los estudios de Magisterio no se insiste demasiado en la importancia formativa que implica esta experiencia de convivencia fuera de la escuela. “La educación se ha centralizado en la escuela y eso se nota”.

Vendrell considera que ahora a las casas de colonias “se les exigen una serie de servicios que antes no se les pedían, más tipo hotel, lo que va en detrimento de la formación de los niños”, y apunta otra razón. “La filosofía del Gobierno tripartito no está por las empresas privadas de colonias”. Gemma Vellvé, de Mas Gorgoll (Palamós), destaca que tanto el xcesivo “intervencionismod e los padres” como el que los monitores tengan “todo el protagonismo cambia el sentido de las colonias, porque se transforman en una excursión”.

“Todo está programado, organizado para que a los niños no les quede tiempo libre, y el tiempo es muy importante para que aprendan a espabilarse”, concluye Vellvé, mientras que Lídia Coca, de La Censada (Santa Margarida de Montbui), coincide en que los niños salen menos y que los padres los llevan a colonias “por llevarlos, no por el sentido formativo que estas tienen, entre otras cosas porque o no lo saben o ni tan siquiera se lo plantean”. Como medida para paliar la desinformación sugiere “explicar, junto con la Conselleria d’Educació, para qué sirven y qué hacen las colonias”.

Jordi Reixach, de Can Vilalta (Moià), aporta otro elemento de reflexión en una línea autocrítica. “Tal vez no sabemos muy bien qué nos piden los niños y no hemos sido capaces de transformarnos ante las nuevas necesidades. Las tendencias han cambiado, las inquietudes de los niños van por otro lado, y nosotros hemos pasado un poco de moda. Tal vez tendríamos que reflexionar también por ahí y pedir a los poderes políticos que nos ayuden a impulsar el sector. Creo que las casas de colonias se deben proteger, igual que el catalán”.

La junta de la Associació de Cases de Colònies i Albergs de Catalunya, de la que forman parte todos los consultados, no ha elaborado ningún informe, aunque sí ha tratado el asunto en varias reuniones. De momento, no se plantean ninguna acción, simplemente una llamada de alerta.

Una experiencia con la naturaleza: Dosis de naturaleza y convivencia

La Granja de Santa Maria de Palautordera es la primera de su tipo que hubo en España

“Los alumnos se han acostumbrado a un nivel de exigencia muy alto, cuesta mucho sorprenderles”

PALOMA ARENÓS – 24/04/2005
Santa Maria de Palautordera

Hay un antes y un después en la actitud de los niños tras pasar unos días de colonias en esta granja escuela. Mejoran la interrelación con los compañeros, y los profesores tienen la oportunidad de darse a conocer mejor”. Así de convencida se muestra Cristina Gutiérrez, codirectora de La Granja de Santa Maria de Palautordera (Vallès Oriental) junto a su hermana Susanna, de los beneficios que reciben los escolares que pasan unos días en un centro en plena naturaleza. La clave, prosigue Cristina, está en la convivencia. “Aquí se aprende a compartir en el sentido más amplio. Intentamos transmitir el valor del respeto, tan necesario hoy en día, tanto entre las personas como hacia la naturaleza”.

La Granja (www.la-granja.net), fundada en 1994 por Juan Gutiérrez, el padre de las directoras, fue la primera granja escuela que se creó en España y está considerada como la más grande de Catalunya, según sus responsables.No en va-no, ofrece 250.000 m2que se reparten entre varias zonas de bosque, prados y huerto, dos casas de colonias con cocina; 20 cuadras; picadero; pista de equitación; zona de animales de granja; incubadora: zona de actividades deportivas con campo de fútbol incluido; rocódromo; piscina; teatro; salas de fiesta, aulas y oficinas.

Con una larga trayectoria en la gestión de actividades lúdicas y formativas para menores de entre 3 y 16 años -han pasado unos 330.000 niños de toda España por sus dependencias-, en La Granja cuentan con un equipo de 30 profesionales entre los que hay biólogos, educadores ambientales, técnicos forestales, profesores y actores, además del personal administrativo, limpieza y cocina. “Son personas con vocación y con mucha ilusión. Y algo muy importante: la cocina casera que elabora nuestra cocinera”, dice Susanna.

Teresa, rodeada del chup-chup de los fogones, reconoce que ha tenido que adaptar sus recetas a los gustos de los niños de ahora. “No les gusta ni el pescado ni la verdura. Eso sí, la pasta les encanta y no hacen ascos a mis lentejas”, explica. De postre, rosquillas especiadas con canela, especialidad de la casa.

En eso de adaptarse a las necesidades de los chavales está el equipo pedagógico del centro. “Continuamente estamos investigando porque los niños no paran de cambiar”, detalla Susanna. “Con tanta televisión, videojuegos, móviles y sin poder apenas jugar en la calle se han acostumbrado a un nivel de exigencia muy alto. Cuesta mucho de sorprenderlos, especialmente a los más mayores”, advierte Cristina.

“La visita a las granjas escuela tendrían que formar parte del programa escolar”, proponen. Para hacer boca, aparte de descubrir cómo viven los conejos, las gallinas, los jabalíes o hasta los emús y qué come la vaca Carlota,los alumnos participan en diferentes circuitos adaptados a la edad. Los del ciclo infantil tienen que salvar el bosque mágico de peligros como el fuego o la tala indiscriminada. Los del inicial y medio, por ejemplo, se meten en la piel de unos intrépidos piratas que practican actividades de aventura y, de paso, fomentan el espíritu de equipo. Para los más mayores, una guia práctica servirá para que conozcan los problemas ambientales o la dura vida del agricultor. También hay créditos de síntesis para adentrarse en la historia, cultura e industria del Montseny.

Un grupo de un colegio de Barcelona de entre 9 y 11 años acaba de salir del bosque mágico. Las niñas atienden con fervor los consejos del monitor para ir a tocar una piedra mágica que les dará poderes, y un preadolescente, en su estado natural de estar en contra de todo, se niega “a hacer esa tontería en una piedra pintada de azul”. El monitor se las ingenia para que no se le desmadren. Se los gana con humo.

Fuente: La Vanguardia


El sector atribuye la pérdida de clientela al cambio de valores sociales

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