Hacerse libres. Visita a un colegio de Nueva York con niños con problemas de desarrollo físico o psíquico

* Fotografía: Patio de juegos del parvulario Jowonio en Siracusa (Nueva York)


En el colegio Jowonio de Siracusa (Nueva York), que en lenguaje de los indios onondaga, nativos de ese Estado, significa “hacerse libres”, hay 140 estudiantes menores de 6 años. Un tercio tiene problemas de desarrollo físico o psíquico. Entre ellos, 23 están en el espectro del trastorno autista, que, según la directora del centro, Ellen Barnes, “cada vez es más amplio”. Jowonio es una escuela privada, pero la educación de esos niños la paga íntegramente el Estado de Nueva York, cuya legislación es de las más generosas y progresistas. En todo el país está vigente la ley federal de 1997 que reconoce el derecho de todo estudiante con necesidades especiales a tener “una educación pública, gratuita y apropiada”.

En las clases, coloridas y en constante actividad, como la Dragon Fly [Libélula], se incita a los niños a ser independientes y a tomar decisiones propias. Ellie, de 5 años, es autista, y no siempre responde cuando se le pregunta directamente. Sin embargo, su profesora, Jane Dejenais, madre de otro niño autista, ha conseguido primero que hablara por escrito mediante comunicación facilitada, y ahora lo hace verbalmente. “Hay que observarles. Ellie ahora quiere aprender a hablar, y en eso estamos trabajando. Son niños tan inteligentes como el resto, pero tienen problemas para demostrarlo, ya sea por cuestiones físicas o por otras que aún no se han descubierto. Pero hay que integrarles y estimularles. Si se les trata como a niños tontos pierden el interés” dice Jane, cuyo hijo Scott, de 17 años, hoy asiste al instituto como otro niño más “gracias a la voluntad de integración impulsada desde las escuelas de Siracusa”.

En cada aula del colegio Jowonio hay entre dos y cuatro profesores. Además hay logopedas, terapeutas físicos, ocupacionales, psicólogos y especialistas en educación especial, algo de lo que al final no sólo se benefician los estudiantes con problemas, sino todos los demás. “Muchos padres consideran que aprender junto a niños diferentes puede hacer a sus hijos más tolerantes para la vida”, afirma Barnes.

Fuente: El País


Por Bárbara Celis

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