Espectadores del machismo en casa

Los adolescentes perciben claramente que sus madres son las que llevan el peso de la casa y aunque tienen un sentido crítico a la hora de observar los estereotipos, éstos siguen vigentes.


Llenar la nevera, preparar los desayunos o hacer las maletas siguen siendo tareas de las mujeres, mientras que realizar pequeñas chapuzas en casa, comprar el coche o hacer la declaración de la renta son tareas que recaen en los hombres. Estos datos no son nuevos, la novedad reside en que son los hijos y las hijas quienes constatan que esa división del trabajo es la que se mantiene en sus casas.

Espectadores privilegiados: 785 adolescentes de 21 institutos distribuidos por 15 municipios del área metropolitana se han prestado a responder 106 preguntas de una encuesta anónima elaborada por Enriqueta Díaz, profesora de historia de secundaria en un instituto de Sant Cugat del Vallès. La encuesta forma parte del trabajo de investigación de esta profesora encaminada a conocer los Roles y estereotipos de género entre el alumnado de bachillerato.

Una parte del trabajo la ha financiado el Departament d’Educació y otra el Centre de Cultura de Dones Francesca Bonnemaison, de la Diputación de Barcelona. Una primera parte de esta investigación ya la realizó hace un año entre los alumnos de los institutos de Sant Cugat. El resultado de ese trabajo es lo que la animó a ampliar el análisis a otros centros del área metropolitana.

COMPRAS, COMIDA Y MALETAS. La mayoría del alumnado encuestado vive en el seno de una familia tradicional, formada por madre y padre, mientras que poco más del 7% vive sólo con la madre y un 1% con el padre. En el 82% de las casas, es la madre la que realiza las tareas del hogar, incluso el fin de semana; la que elabora la lista de la compra; la que piensa qué se necesita y la que está pendiente (86%) de que no falte el jabón de la ducha, el papel higiénico o la fruta. Es decir, la parte más agotadora psíquicamente, como es estar pendiente de lo que hay o no en la despensa o en la nevera, se la lleva la madre. Ella es también la que mayoritariamente se encarga de la compra. La preparación de los desayunos también corre a cargo de las madres (por encima del 70%), mientras que los padres lo hacen en el 19,7% de los casos si la que responde es la chica, y el 18,4% si el que contesta la encuesta es el chico. Lo mismo sucede con las vacaciones. Aunque la decisión del destino de está dividido a partes iguales, una u otro escogen el lugar de descanso, las progenitoras son las encargadas de organizar y preparar las maletas de toda la familia, lo que en la práctica significa que antes de salir ya acumula un cansancio extra.

BRICOLAJE Y COCHE. A ojos de los adolescentes, los padres son los encargados de realizar las pequeñas reparaciones de fontanería o electricidad y quienes eligen el coche. La elaboración de la declaración de la renta también es tarea mayoritaria de los padres aunque en casa trabajen ambos.

PERCEPCIONES. La percepción de que estas tareas las realiza la madre es prácticamente idéntica entre los chicos y las chicas, aunque algunas percepciones experimentan leves variaciones en función del sexo del observador. Chicos y chicas tienen un sentido crítico a la hora de percibir los estereotipos, pero los siguen aplicando, y prueba de ello es que las chicas son las que mayoritariamente ayudan a sus madres en las tareas de casa.

Una de las conclusiones que extrae la profesora Enriqueta Díaz es que a los adolescentes, “en general, no les gusta ver lo poco que hacen sus padres en casa, incluso les produce una cierta vergüenza”, explica. Del resultado de las encuestas constata que los chicos tienen menos percepción y son menos críticos ante esa realidad, a todas luces poco igualitarias, que ellos mismos describen. “Las chicas se adaptan más a la cultura imperante, pero también son más conscientes de que la situación es discriminatoria y, por tanto, son más críticas”.

EL PAPEL DE LA ESCUELA. Los estereotipos “son sutiles e invisibles, hay que evidenciarlos, hacerlos visibles y eso exige voluntad y esfuerzo”, señala Díaz. El profesorado arrastra una determinada cultura, en la que prevalece esa división de papeles histórica y, aunque sea de forma inconsciente, la reproduce. “Si al profesorado no se le forma, salvo excepciones porque hay gente muy concienciada, las cosas no cambiarán. Si la escuela no rompe la tendencia, no educa, no nos moveremos. Las actitudes individuales no son suficientes”, afirma.

A su juicio, pese a que existe un avance en la percepción de que hay que ir hacia la no discriminación por razones de sexo – los adolescentes encuestados también constatan que existe segregación por sexo en el mercado de trabajo-, “esta percepción en positivo no se ha interiorizado.

Por ello, propone que el Departament d’Educació ponga en marcha “un plan estratégico con medidas concretas y generalizadas para formar al profesorado”.

Pero también es necesario un esfuerzo adicional a la hora de elaborar los currículos de todas las etapas educativas y para establecer “medidas educativas destinadas al reconocimiento y enseñanza del papel de las mujeres en la historia”, tal como señala la ley para la igualdad efectiva de hombres y mujeres. Porque, “como decía el filósofo George Gusdorf, ’el que no se nombra no tiene nombre, no se piensa. El que no se nombra no existe’. Y las mujeres, en los libros de texto, casi ni aparecen”, concluye Enriqueta Díaz.

Las carencias afectivas en los hombres

Mi mamá me mima más

Los adolescentes se sienten más vinculados emocionalmente a las madres, con las que se comunican más

TRANSVERSALIDAD

“La educación en valores debe impregnar todas las asignaturas”

REPETICIÓN

“Los chicos no son sexistas, tienen interiorizado lo que ven en casa e imitan”

Al hombre le cuesta mucho más que a la mujer manifestar sus emociones. Y esas dificultades de comunicación – “analfabetismo emocional”, lo llaman algunos expertos- son percibidas y aprehendidas por los hijos, quienes a su vez reproducen roles. Así se refleja en la encuesta realizada por la profesora Enriqueta Díaz a casi 800 estudiantes de bachillerato de 21 institutos de 15 municipios del área metropolitana.

Los resultados de la investigación demuestran que las madres son emisoras y receptoras de las emociones de los hijos, lo que “a efectos de las repercusiones en la educación es muy importante”, señala la profesora. “En la familia, la desaparición de los hombres a la hora de manifestar emociones es clara, y los jóvenes así lo reciben. Si eso no se corrige, y ahí la escuela tiene un papel muy importante, lo reproducirán exactamente igual en su vida adulta”.

Una amplia mayoría de los adolescentes (73,9% de chicas y 88% chicos) no duda en responder que la madre es más afectuosa en sus actos, abrazos y besos, que el padre, aunque en el caso de las chicas un 18,7% dice que son los padres los que les hacen más carantoñas. “Los padres con las niñas manifiestan algo más las emociones, pero ante los chicos tienen una gestión emocional más deficiente”, señala Díaz.

El reparto de papeles a la hora de cuidarse de la prole también está claro. Ellas, las madres, son las que les acompañan al médico (80,9 en el caso de las chicas y 70,7% en el de los chicos), y si alguien deja el trabajo en caso de que alguno de los hijos esté enfermo, ésta es mayoritariamente la madre.

El 84,5% de las chicas acuden a la madre cuando tienen ganas de llorar o necesitan a alguien con quien hablar, porcentaje que en el caso de los chicos es del 74,2%. En esta pregunta, destaca que un 6,1% de los chicos no acude a ninguno de sus progenitores. Estas cifras coinciden con la percepción que los jóvenes tienen de que las madres son más receptivas a la hora de escuchar sus problemas, sean afectivos o de cotidianidad académica – notas o aspectos relacionados con los estudios- y también, aunque en menor medida, con la apreciación de que la madre le ayuda más que el padre a levantar el ánimo o a superar los problemas.

La necesidad de trabajar los aspectos emocionales es, a juicio de la profesora Enriqueta Díaz “indudable”. En su trabajo de campo, tanto en las preguntas directas de la encuesta o en charlas con grupos de alumnos que han participado en la investigación, la profesora constata que los jóvenes tienen “muchas ganas de hablar y de que les pregunten por sus cosas, algo que no suele ser habitual en su centro escolar”.

Una de las conclusiones a las que llega la profesora tras este trabajo es que los chicos “no son sexistas, tienen interiorizado lo que ven en casa e imitan”, de ahí que sea muy importante en trabajo en el ámbito escolar. Pero en éste también aparecen dificultades. “El profesorado, de forma inconsciente, transmitimos estereotipos, y los docentes sensibilizados en esta cuestión sufren, con frecuencia, el rechazo de sus compañeros y compañeras”.

Los adolescentes tienen interiorizados valores como la paz o la justicia, “pero como en la escuela no se trabaja de forma explícita en favor de la igualdad de sexos, es muy difícil romper estereotipos”, añade.

Los jóvenes encuestados aseveran que es muy extraño que un profesor hable de algo ajeno a su asignatura en clase. Excepto en las horas de tutoría, no hay un trato directo con los docentes. “La educación en valores de forma transversal se practica muy poco; está muy poco reforzada. Los jóvenes en casa no aprenden, reproducen actitudes; es el profesorado el que debe introducir esos valores”. Discursos como “los chicos no lloran” o actitudes de discriminación hacia las chicas que practican deportes como el fútbol, “aunque en los centros escolares cada vez son menos habituales aún perviven, aunque sea de forma inconsciente”.

La ley para la igualdad efectiva de hombres y mujeres, en su artículo 24, señala que una de las funciones de la escuela es “la eliminación y el rechazo de los comportamientos y contenidos sexistas y estereotipos que supongan discriminación entre mujeres y hombres, con especial consideración a ello en los libros de texto y materiales educativos”. Asimismo, prevé “la integración del estudio y aplicación del principio de igualdad en los cursos y programas para la formación inicial y permanente del profesorado”.

Al respecto, la profesora Enriqueta Díaz considera que el profesorado se debe reciclar y que hay que educar a los formadores. La preocupación por el fracaso escolar, la inmediatez de los problemas por resolver en el ámbito educativo, hace que se pierda de vista que este aspecto, la lucha por la igualdad, también es prioritario. Al respecto, añade que “la participación activa por la excelencia humana no podrá avanzar si no se progresa en la igualdad de sexos y se educa en valores de equidad. La gente joven es muy sensible y receptiva”.


Los retos de la educación

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *