El ocio como realidad educativa. La experiencia de la Fundació Pere Tarrés

Las actividades de ocio se
convierten en potentes agentes socializadores debido, por una parte, a ese aumento de
horas dedicadas y, por otra, a la cierta desresponsabilización de los agentes
tradicionales. En la adquisición de valores y modelos de conducta tiene cada vez más
peso todo aquello que tenga lugar en el tiempo libre.


El tiempo libre en la sociedad actual

El ocio ya no es sólo un privilegio exclusivo de las élites minoritarias, sino que se ha
convertido en un fenómeno social que afecta a la inmensa mayoría de la población. En
nuestra sociedad postindustrial se produce además, un aumento cada vez más
significativo del tiempo libre, tiempo que ya no se dedica únicamente al descanso por el
trabajo realizado. El individuo necesita dedicar también una parte importante de tiempo
a satisfacer otras necesidades, como la diversión y el desarrollo personal.

Actualmente se produce una fractura entre el tiempo de trabajo y estudio, muy
desvalorizado en muchos casos, y el tiempo de ocio, sobrevalorado en la mayoría. El
trabajo se convierte en un medio para obtener un dinero para gastar en el ocio. Como
afirman Josep M. Puig y Jaume Trilla “el trabajo es cada vez menos fuente de
realización humana y de creatividad individual y colectiva. La degradación a la que está
sometido ha generado absentismo y desinterés” [1]

En cambio, las actividades de ocio se
convierten en potentes agentes socializadores debido, por una parte, a ese aumento de
horas dedicadas y, por otra, a la cierta desresponsabilización de los agentes
tradicionales. En la adquisición de valores y modelos de conducta tiene cada vez más
peso todo aquello que tenga lugar en el tiempo libre.

El tiempo libre para los jóvenes es un espacio privilegiado para la construcción de su
identidad. Es el tiempo en que se transmiten y experimentan más normas de
conducta y valores, la sociedad en general se convierte en punto de referencia para
definirse. A la pregunta ¿tu que eres?, deja de ser una respuesta mayoritaria el oficio
que se ejerce. La identidad hoy, a diferencia de lo que ocurría en la sociedad
industrial, ya no se construye únicamente en función del trabajo o estudios, sino a
partir de todo aquello que pasa en el tiempo libre.

El tiempo libre cobra importancia por tratarse del lugar donde se puede ser realmente
uno mismo, teórica o potencialmente. El ocio se convierte en un espacio de
experiencias significativas en el que los jóvenes son los únicos responsables de lo
que hacen. Es en las actividades de tiempo libre donde pueden ser protagonistas,
donde pueden actuar y asumir responsabilidades y no ser simplemente
espectadores, por lo tanto, son las más significativas a efectos socializadores.

Los nuevos agentes socializadores de la infancia y juventud

Nos encontramos ante una significativa reducción de las actividades productivas de la
infancia y juventud. La escuela y el ocio, cada vez más organizado, se convierten en
responsables principales del contenido en esta etapa de la vida. Con el acceso de la
mujer al mercado laboral se viene produciendo un cierto proceso de
desfamiliarización, es decir, las funciones atribuidas tradicionalmente a la familia y
especialmente a la mujer (tiempo libre, juegos, alimentación, refuerzo escolar…),
ahora las realizan otros agentes.

Ante este cambio de paradigma respecto a las tradicionales instituciones con carga
educativa sobre los niños/asy jóvenes de nuestra sociedad, ganan peso todos
aquellos agentes que desarrollen su actividad en el tiempo libre. Nada de lo que
ocurra en cualquiera de las posibilidades de ocio es neutro, todo comporta la
transmisión de modelos de conducta y actitudes.

Distinguiríamos los siguientes elementos socializadores:

-  1 La agenda extraescolar

Hoy en día nuestros menores y adolescentes cuentan con una agenda muy repleta de actividades extraescolares: inglés, informática, música, etc. Existe entre los
padres, y la sociedad en general, una concepción “puritana”del tiempo en el sentido
de querer aprovecharlo al máximo. El tiempo libre se concibe de este modo como una
prolongación de la enseñanza, como algo a lo que se debe sacar rentabilidad. Los
padres matriculan a sus hijos en este tipo de actividades para que sean más
competitivos en su futuro profesional, hecho que resta mucho tiempo para otras
actividades propias de la edad y necesarias para un armónico crecimiento (juegos,
relación social,…). Además, este fenómeno se potencia al máximo cuando coincide
con otro, el descenso de la natalidad, es decir, el niño/a ya ni siquiera tiene en casa
hermanos con los que jugar.

Por otro lado, hay que decir también que este tipo de actividades cumplen una
función importante en nuestra sociedad, la de “parking” o “guardería”, en la misma
línea de la labor que ejercen muchos abuelos y abuelas. Los padres, ambos
incorporados al mercado laboral e inmersos en un acelerado ritmo de vida, requieren
de los servicios de terceros para el cuidado de sus hijos.

-  2 La industria del ocio

La generalización del tiempo libre ha provocado la aparición de una industria muy
potente asociada. Como afirma Carles Armengol “la consecuencia de la
democratización nos conduce a la irrupción de los mecanismos industriales al
mercado del tiempo libre. El ocio está inmerso en la cadena producción-consumo; el
tiempo libre mueve dinero y se le atribuyen las mismas leyes del mercado económico:
producción a gran escala y a bajo precio, regulación por la oferta y la demanda,
márqueting publicitario, etc. Parece que consumir es la única manera de estimular la
producción: trabajo y tiempo libre se cierran en un mismo círculo: el consumo de
productos tecnificados es, hoy en día, uno de los aspectos más significativos del
ocio” [2].

Pasear por un centro comercial, comprar alguna prenda de moda, cenar en un
restaurante de comida rápida y ver una película en un cine “multisalas” es un
itinerario de actividades muy habitual entre los jóvenes de nuestro país porque la
oferta actual de ocio está dominada por la lógica del consumo.

Este tipo de vivencia del ocio es individualista, pasivo, poco participativo y solidario,
por lo que a menudo es un tiempo alienante y deshumanizador. Y este fenómeno es
totalmente contrario a la esencia de la definición del ocio, como aquel tiempo
liberador y enriquecedor. Las industrias de ocio, diversión y descanso corren el
peligro de limitar la libertad individual, de manipular ideológicamente, de potenciar la
incomunicación social.

Existen una serie de elementos que funcionan como estabilizadores emocionales de
los jóvenes y que contribuyen a la formación de su identidad, elementos, por otro
lado, en alguna medida necesarios en un momento de maduración psicológica. Los
adolescentes buscan diferenciarse de la “normalidad”, ser únicos y “auténticos”,
construyen su identidad por oposición a otros adolescentes y esa diferenciación la
encuentran muchas veces en la indumentaria y en las actividades de tiempo libre. La
dificultad para encontrar modelos válidos a partir de los que formar la propia
personalidad crea la necesidad de identificarse con alguna cosa (objetos de
consumo) o con algún otro joven. Esta es la base de les tribus urbanas [3].

Algunos de estos elementos a los que el joven se aferra son: la música, la moda y
objetos de consumo, las actividades de ocio, los espacios propios, etc. Estos
elementos no están exentos de la sociedad de consumo y como tales, en contra de lo
que los jóvenes creen, uniformizan más que no individualizan. En realidad no es mas
que una homogeneización sobre la cual no se tiene consciencia. Se trata pues de
una falsa creencia de libertad cuando la única opción de elección está en título de la
película de acción que se va a ver, eso sí, entre una amplia cartelera.

Independientemente del nivel económico los adolescentes y jóvenes de nuestra
sociedad están inmersos en ese consumismo feroz que funciona como indicador de
estatus. El tiempo libre, pese a ser un espacio común a todos, no es un espacio de
igualdad. Es en las actividades de ocio donde se perciben claramente las diferencias
socioeconómicas.

Resumiendo, esta lógica consumista lleva implícita también la transmisión de normas
y modelos de conducta (individualismo, pasividad,…) y, además, comporta en muchos
casos frustración porque hay un exceso de expectativas y de estímulos que a partir
de un momento dejan de ser significantes para el joven.

-  3 La televisión y las nuevas tecnologías

Otro tipo muy frecuente de vivencia del tiempo libre entre nuestros menores y jóvenes
es lo que podríamos llamar el “ciberocio”. Concepto que englobaría a la televisión, los
videojuegos, o las múltiples posibilidades de distracción que ofrece internet. Gran parte
del tiempo libre se dedica a un tipo de actividades vicariales o mediatizadas que
substituyen la experiencia real.

Sue Aran define la televisión metafóricamente como ‘canción de cuna’. Aran cree que
“en un modelo social occidental como el nuestro, claramente competitivo, al fin de la
jornada a la televisión se le pide que capitalice nuestro tiempo de ocio a través de
una dosis letárgica o estimulante de evasión. Habitualmente, la televisión se
constituye en una alternancia de estos dos estados, del catatónico al catárquico” [4].

El peligro de todo estos medios es que se conviertan en substitutos de la vida, en
lugar de instrumentos que nos den acceso a realidades diversas, reales y
imaginadas. La televisión y los otros medios son nocivos cuando impiden
permanentemente las relaciones personales y eliminan las posibilidades
comunicativas ante su presencia (compartir la emoción del relato, el comentario sobre
su contenido, etc.).

El “ciberocio” es necesario también para el niño/a y adolescente porque tiene una
función liberadora (como los cuentos), alimenta la fantasía, desarrolla los sentidos,
sirve de evasión, es marco de referencia de conversaciones, etc. Los medios de
comunicación son un instrumento básico para comprender la realidad, para
formarnos opinión y posicionarnos sobre los hechos que no hemos visto y que de
otra forma nunca podríamos conocer. Se trata de potentes recursos para el desarrollo
individual y colectivo pero sólo si se dispone su utilización para este fin.

El acceso a experiencias vicarias o mediatizadas no tiene por qué ser negativo si no
supone una anulación de las experiencias directas, es decir, que la representación no
substituya el contacto directo con la realidad. Cuando la televisión o internet son la
única fuente de conocimiento de la realidad, tienen mucho poder porque el menor
elabora la concepción del mundo sólo a partir de ellos, hecho que supone la
aceptación pasiva de una mediación sin posibilidad de interacción.

Afirma Aran que “lo más peligroso de la televisión no es el hecho que ocupe un
espacio principal de la geografía doméstica. Lo más peligroso de la televisión es
cuando domestica nuestra geografía de tal manera que nuestro espacio vital queda
acotado y encuadrado en los límites de la experiencia televisiva. La televisión es
peligrosa cuando ocupa de una manera exclusiva nuestra atención, cuando reduce
nuestra mirada periférica, los 180 grados de la visión humana, a un haz unidireccional
que hace desaparecer el entorno” [5]. Pero este fenómeno, la exclusividad de
estímulos, es igual de peligroso tanto si se trata de la televisión como de otra
actividad (dedicar la atención únicamente a la lectura, por ejemplo, podría ser
también negativo para el niño).

Por otro lado, hay que tener en cuenta el hecho probado que los efectos de los
medios de comunicación son graves en determinadas persones y en determinadas
circunstancias pero no hay que olvidar que intervienen muchos otros condicionantes
culturales y psicológicos. Los efectos se matizarán en función del propio bagaje y
formación, por lo tanto, se acentúan las diferencias.

Tal como dice Salvador Cardús, “si realmente quiero proteger a mi hijo, me tengo que
asegurar que tenga más – y no menos – acceso a este nuevo mundo cultural y
tecnológico” [6]. Lo que no podemos hacer es esconder esta realidad de la experiencia
de los menores porque el código audiovisual es y será cada vez más el hegemónico
entre las nuevas generaciones.

Las nuevas tecnologías no deben ser un “canguro” pero tampoco hay que
demonizarlas. Se trata de vigilar que el niño/a no pierda el juego, la convivencia con
los amigos y hermanos, los espectáculos teatrales infantiles, el deporte, los clubs de
tiempo libre, la calle, etc.

-  4 Las actividades de educación en el ocio

El último gran agente socializador que actúa en el tiempo libre de los menores y jóvenes
es lo que en Cataluña conocemos como centros de “esplai” u otras actividades de
educación en el ocio. La institución que represento, la Fundació Pere Tarrés, es pionera
en este tipo de actividades que pretenden hacer del ocio un tiempo de educación.

La educación “en”el ocio se basa en una concepción de este tiempo como “actitud”que
excede los límites temporales de la actividad, a diferencia de lo que sería la educación
“del”ocio, como aquel tipo de actividades únicamente lúdicas o evasivas. No se trata de
lugares especializados en enseñar o en realizar actividades para llenar el tiempo libre
sino de centros que tratan de educar global y integralmente a los menores y jóvenes, es
decir, priorizan la relación educativa sobre la actividad misma. El ocio vivido como
actitud traspasa a cualquier faceta de la vida del ser humano, trasciende a las otras
esferas de la vida transformándola globalmente.

El sociólogo francés Dumazedier unificó diferentes definiciones del concepto de ocio en
una de muy amplia y que nosotros tomamos como referencia: “Conjunto de ocupaciones
a las que el individuo puede librarse de manera totalmente voluntaria, ya sea para
descansar, para divertirse, para desarrollar su información o formación desinteresada,
su participación social voluntaria, una vez se ha liberado de sus obligaciones
profesionales, familiares y sociales.” [7]

Descanso, diversión y desarrollo son las famosas
“tres D” que compensan las limitaciones del tiempo de trabajo.

Las actividades de educación en el ocio son espacios temporales, generalmente los
sábados por la tarde y en los periodos de vacaciones escolares, en los que los menores
y adolescentes viven, a través de múltiples acciones, experiencias significativas para su
desarrollo personal.

La vivencia del tiempo libre se convierte en creativa, participativa y enriquecedora. El
ocio adquiere sentido y significado que extrapola a los otros ámbitos de la persona.
Esta oferta de ocio alternativo al consumismo va más allá de la diversión y
entretenimiento, aunque también cumple esa función, y acompaña a sus participantes
en su proceso de construcción de la personalidad. La educación en el ocio no enseña
únicamente a realizar actividades sino que fundamentalmente transmite valores,
actitudes, hábitos, etc.

La dinámica de funcionamiento de los clubs de esplai se articula a partir de los
siguientes elementos:

-  LAS ACTIVIDADES

Juego, deportes, talleres de manualidades, fiestas, excursiones, la naturaleza, plegarias,
la misma convivencia cotidiana… son algunas de las actividades que se realizan en los
esplais. Generalmente se agrupan de forma coherente a través de un “centro de
interés”, de un tema que sea motivador y que facilite la comprensión global. Se trata de
medios educativos a través de los cuales conseguir unos objetivos fijados anteriormente.
Pese a ser la base principal, no son más que una buena “excusa”para tratar habilidades
y técnicas, pero también valores y actitudes como la convivencia, la participación, el
diálogo, el servicio, la responsabilidad, el espíritu crítico, etc.

La estructuración del presente Congreso Mundial de Ocio en cinco dimensiones nos
parece muy acertada y creemos que la labor de los clubs de esplai incluye,
modestamente, a todas ellas. La dimensión lúdica está presente en el juego y el
deporte; la dimensión creativa del ocio la encontramos en los talleres de arte, de
expresión, de música, etc. y en la propia autogestión y organización de las actividades;
la dimensión festiva se manifiesta en la celebración de las fiestas tradicionales
catalanas, ya sea participando en la comunidad o organizándolas internamente; la
dimensión ambiental-ecológica se trabaja a través de las excursiones a la naturaleza, la
relación con el entorno natural y la experimentación de los valores ecológicos en
cualquiera de las actividades; y, por último, la dimensión solidaria, podríamos decir que
la esencia de nuestra acción: el voluntariado comprometido con un proyecto educativo y
transformador del entorno.

Las actividades son la metodología básica para educar. En definitiva, de forma inductiva
y vivencial a través del juego y las demás actividades los menores y jóvenes
experimentan por si mismos los valores y elaboran racional y autónomamente sus
propios criterios.

Es importante mencionar la importante tarea que se produce antes y después de cada
una de las actividades, es decir, para que la realización sea exitosa es necesaria una
buena planificación y preparación y, posteriormente, una buena evaluación de la acción
educativa. Por todo ello, la actividad, propia de los sábados por la tarde, se extiende
para los monitores durante la semana.

-  EL GRUPO

En los esplais a vivencia del ocio no es individual, sino compartida. El grupo es un
gran elemento de crecimiento y maduración personal y social. Por un lado, es un
buen medio para definirse y conocerse uno mismo porque estimula el proceso
empático y favorece el desarrollo de la personalidad y, por otro, es un buen medio de
información sobre el mundo exterior porque ayuda a adquirir un rol en la sociedad. En
el grupo el joven puede compartir vivencias, experiencias, ilusiones, el propio
momento evolutivo, etc.

El ocio compartido en un grupo de esplai es un encuentro entre iguales que posibilita un
marco privilegiado para la construcción de la identidad y la adquisición de
comportamientos éticos como la colaboración, la tolerancia, el espíritu de servicio, la
responsabilidad, el esfuerzo, etc.

-  EL EQUIPO DE MONITORES

Un grupo de jóvenes, generalmente exparticipantes de los mismos esplais, se encargan
de organizar y dinamizar las actividades. La Generalitat de Catalunya exige un número
mínimo de personas con la titulación de monitor y director por lo que muchos de ellos ya
disponen de la formación necesaria. Entre el equipo se distribuyen las
responsabilidades y se encargan de impulsar el proyecto.

La característica de este equipo es, en la mayoría de casos, el altruismo. Se trata de
jóvenes voluntarios comprometidos con el proyecto de la educación en el ocio que
dedican muchas horas de su tiempo libre a preparar, realizar y evaluar actividades para
menores. Diferenciaríamos un matiz importante entre “hacer”de monitor y “ser”monitor,
en muchos casos los educadores de los centros son monitores porque hay una opción,
vocación o compromiso detrás.

Los educadores, además de ser responsables de la gestión y de la acción educativa,
son también personas próximas a los menores y adolescentes, hecho que les
convierte en adultos de referencia. Conscientes de una parte de ese “espejo”sobre el
que elaborar su identidad, los monitores se encargan de acompañarles individual y
colectivamente en su proceso y de realizar un trabajo positivo de orientación de la
personalidad.

Ahora bien, podemos decir que la labor educadora también se ejerce sobre ellos
mismos, es decir, los propios monitores a través de su acción están recibiendo
elementos socializadores muy enriquecedores para su desarrollo. Participar como
educador en los centros posibilita a los jóvenes introducirse en la sociedad adulta,
implicarse en la realidad inmediata, sentirse parte integrante de su tiempo, concienciarse
de los problemas de su entorno, construir su escala de valores a partir de la interelación
con otros compañeros y con los propios menores, protagonizar pequeñas
transformaciones sociales, adquirir habilidades sociales que difícilmente experimentarían
en otros contextos (iniciativa, espíritu crítico, trabajo en equipo, hablar en público, asumir
responsabilidades…).

-  LA INSTITUCIÓN

Los clubs de esplai ofrecen una opción de vida concreta que pasa por una escala de
valores. Los centros disponen de un ideario que refleja el modelo de persona y sociedad
sobre el que se pretende educar y a partir de él, se elaboran objetivos más concretos
sobre los que desarrollar las actividades. En definitiva, las actividades finales deben
intentar responder a los objetivos fijados. La educación en el ocio quiere ser
transformadora de la realidad, quiere potenciar el desarrollo humano en dos
dimensiones, individual y colectivamente.

Sobre la dimensión personal de este tipo de educación ya hemos hablado
anteriormente: ayudar a que los menores se hagan adultos dándoles las herramientas
para que construyan libremente su personalidad a todos niveles. La dimensión colectiva
es una acción más política que se traduce en una voluntad transformadora de la
sociedad a partir del contexto más próximo. Los centros son también plataformas de
detección de situaciones sociales injustas que se implican en el barrio o ciudad donde
intervienen, es decir, su labor va más allá de las paredes del local, convirtiéndose en
agentes de transformación social, a través de la acción individual de los propios
participantes o de iniciativas propias.

El ideario pretende combatir la ideología reinante y los valores que se desprenden del
entorno cultural y que los menores y adolescentes, a partir de metodologías
empáticas, creen sus propios juicios de valor y finalmente, traspasar las fronteras del
centro y plasmar su acción en un compromiso ante la sociedad. Para educar la
personalidad moral creemos necesaria la existencia de un clima moral institucional
que sea aceptado por los monitores porque, en definitiva, los valores no se enseñan,
se viven y, en este sentido, los monitores son modelos de referencia en su actividad
diaria para los menores.

La flexibilidad de los centros permite incorporar o eliminar nuevos objetivos en
función de las necesidades de cada momento. Así, por ejemplo, las actividades se
pueden adaptar perfectamente a las nuevas realidades sociales (la diversidad
cultural, los problemas del barrio, la anorexia…).

Resumiendo, creemos que la educación en el ocio, aunque cuantitativamente ocupe
pocas horas en la vida de los menores, cualitativamente es un espacio ideal para la
adquisición de normas y modelos de conducta. Los centros de esplai están libres de
la carga institucional que conlleva la escuela, el trabajo e incluso la familia. El menor
y el adolescente acuden libremente por lo que todo lo que allí se desarrolle, tanto en
los momentos programados como en los que no lo están, tendrá un enorme poder
socializador.

Ante la tendencia al incremento del tiempo libre, creemos importante este tipo de no
formal porque no instruye prioritariamente para el trabajo, sino que trata de formar
para toda la vida del ser humano y para el ocio futuro. Es necesario trabajar las
potencialidades que ofrece el tiempo libre como son la libertad, la autonomía o la
creatividad. Además, la educación en el ocio debe hacer de puente con la sociedad,
debe procurar integrar los valores culturales dominantes a la vida cotidiana de los
menores para favorecerles un desarrollo de la personalidad armónico. Hay que
trabajar para conseguir una educación integral a partir de incorporar los valores que
se desprenden de los otros agentes socializadores antes mencionados. En definitiva,
hay que potenciar en los menores y adolescentes una vivencia del ocio que de
sentido al resto de la vida, que vincule el individuo a su comunidad, que aporte los
elementos básicos para enfrentarse a la vida de una forma libre, plena y
enriquecedora, que los haga protagonistas de su vida y no simples espectadores.

El reto está en saber adecuar nuestras intervenciones a la realidad de cada menor a
partir de sus necesidades, en conectar las intenciones educativas a les actividades a
través de su propio lenguaje, estética y ritmo y no del nuestro.

La Fundació Pere Tarrés

Fundació Pere Tarrés es una organización no lucrativa creada por la Archidiócesis de
Barcelona para impulsar y fomentar la formación, la cultura, la vida asociativa, los
servicios y el desarrollo comunitario y, especialmente, la animación sociocultural y la
educación social.

La institución está gestionada un patronato nombrado por el Arzobispado de Barcelona
y se financia a través de subvenciones públicas y privadas, de sus propios servicios y de
las cuotas por sus servicios. Está reconocida por el Ministerio de Cultura y homologada
y autorizada por la Generalitat de Catalunya.

La Fundació debe su nombre al médico, sacerdote y dirigente de la Federación de
Jóvenes Cristianos de Catalunya, el Dr. Pere Tarrés. La institución quiere seguir su
labor, sobre todo en lo que se refiere a su preocupación por los adolescentes, jóvenes y
los más débiles. El trabajo de la Fundació encuentra su sentido en tres pilares:

. Jesucristo, la pertenencia eclesiástica, el carácter laico y la voluntad
evangelizadora

. la misión educativa

. el compromiso con la lengua y cultura propias de Cataluña y el diálogo
intercultural

Un poco de historia

En Cataluña existe una larga tradición en actividades de educación en el ocio. Antes
de la guerra civil ya se tiene constancia de miles de participantes en colonias de
verano. A partir de 1953 la iglesia de Barcelona empieza a introducir esta práctica.

Acción Católica organizaba acciones para menores y adolescentes, enfatizando más
la educación humano-cristiana que la actividad lúdica, y fue Cáritas Diocesana quien
creó en 1957 el Secretariat de Colònies. Esta institución fue la primera que
promocionó la formación entre los educadores entendiendo que las colonias eran una
posibilidad socioeducativa de verano para la cual eran necesarias personas
preparadas.

En 1965 el Secretariat de Colònies se convierte en el Servei Colònies de Vacances,
como servicio propio y específico de los centros que realizaban colonias de verano,
para facilitarles la infraestructura y la formación de los monitores.

Como intento de mantener a lo largo del curso lo conseguido en las colonias de
verano y como complemento a las actividades parroquiales de los sábados por la
tarde nacen los clubs de esplai. En 1971 aparece la actual revista Estris como
herramienta de formación permanente que recoge las experiencias de los clubs y se
constituye como canal de información de actividades externas e internas a la
institución. Ese mismo año se crea, también como filial de Cáritas, l’Escola de l’Esplai
con un profesorado proveniente de los mismos centros y con una triple opción:
pedagógica, religiosa y social.

Durante la dictadura la iglesia apoyó a reivindicaciones sociopolíticas y educativas y
acogió a plataformas perseguidas por sus actividades “subversivas”. Los esplais
fueron un medio ideal para llevar a cabo prácticas democráticas que equilibraran la
represión y la falta de libertades. Inclus, a partir de esa experiencia, algunos
monitores dejaron los centros de educación en el ocio para dedicarse a actividades
políticas o de gestión.

En los 80 se experimenta un proceso de profesionalización de la función del monitor,
aunque la Fundación sigue defendiendo la figura del voluntario. Defender el
voluntariado no significa una menor exigencia de formación ni una oposición a los
profesionales del sector, sino que se propugna la importancia del compromiso y del
servicio altruista.

En 1985 se crea la Fundación Pere Tarrés para impulsar la labor de la Escola de
l’Esplai y del Servei Colònies de Vacances, la federación de centros que actuaba
dentro de ésta última sección se independiza en lo que hoy es el Moviment de
Centres d’Esplai Cristians. En el curso 1996-97 la Escola de l’Esplai cambia el
nombre por Institut de Formació para dar respuesta a las nuevas necesidades
formativas.

Actualmente la Fundació se estructura en tres instituciones diferentes, cada una de las
cuales centra su actividad en un ámbito distinto:

Moviment de Centres d’Esplai Cristians (MCEC)

Federación que agrupa a más de 200 centros de esplai que acogen a 17.000 niños/as y
a 4.000 monitores/as.

Desde el MCEC se busca mejorar co
Por Mònica Figueras Maz

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