El camino libertario a la salud

El sida no es sólo un problema de salud, también es un problema de educación. Cambiar prácticas sexuales de riesgo, adoptar nuevos valores sexuales y posibilidades de relación implica todo un proceso de aprendizaje individual y colectivo. En Día Mundial de Lucha Contra el VIH/sida se presentó en Mexico la Campaña Nacional de Educación en Sexualidad. En el siguiente reportaje se dan los pormenores de su desarrollo.


La educación sexual en las escuelas sí funciona. La incorporación de temas de sexualidad en los libros de texto gratuito ha dado ya sus primeros frutos: reducción del número de embarazos entre adolescentes y aumento del uso del condón en la primera relación sexual. Los temores quedaron atrás. Instruir a niñas, niños, púberes y adolescentes en materia de sexualidad no alienta el desenfreno sexual, como temían los opositores de esta política, por el contrario, las y los adolescentes bien informados suelen retrasar el inicio de su vida sexual o son más proclives a echar mano de algún método anticonceptivo cuando se deciden a iniciarla. De esta manera, la escuela ha pasado a ser la principal educadora en los temas de sexualidad, desplazando a las familias, los amigos y los medios de comunicación como lo muestran diversas encuestas.

Para difundir entre la población la importancia de la educación en el combate al VIH/sida, en México se decidió que la frase “Educación en la sexualidad: nuestro compromiso” fuera el lema del Día Mundial de Lucha Contra el Sida, a celebrarse el 1 de diciembre, en lugar del oficial: “Paremos el sida. Mantengamos la promesa”. El lema elegido responde también a la Campaña Nacional de Educación en Sexualidad que desde el Conasida se planea impulsar en 2006. En el impulso de esta campaña se espera un mayor compromiso por parte de la Secretaría de Educación Pública (SEP), institución que hasta la fecha ha eludido comprometerse en el combate a la epidemia del VIH/sida, a pesar de los casos de niñas expulsadas de sus escuelas por tener el VIH en su organismo.

En las escuelas primarias y secundarias de todo el país estudian 14 millones 652 mil 879 niños y niñas de 6 a 15 años de edad. Y enseñan más de un millón y medio de profesores. A pesar del gran impacto y potencial que esas cifras representan, la Secretaría de Educación Pública no se ha sumado de lleno a los esfuerzos por controlar la epidemia. Tarea que ha recaído en las autoridades del ramo por considerar al sida como un problema de salud. Lo que se busca subrayar con la campaña es que el sida es también un problema de educación.

La educación biologicista

Hace 30 años se incluyeron por primera vez algunos aspectos de educación sexual en los programas de sexto de primaria y de secundaria, como complemento a la política estatal de planificación familiar. Las funciones de los “aparatos reproductores” masculino y femenino, las etapas del embarazo y los cambios físicos que aparecen en la adolescencia. No más. Todo en la materia de Ciencias Naturales, para ratificar su vocación meramente biológica.

Aún así, la Iglesia católica manifestó su rechazo y grupos de padres católicos organizaron quemas de libros de texto.
En 1999 se modificaron los planes de estudio y se incluyeron nuevos temas relacionados con la sexualidad en la nueva materia de secundaria Formación Cívica y Ética. El género, las relaciones de pareja y la diversidad cultural fueron algunos de los temas incorporados. Los órganos sexuales dejaron de ser llamados “aparatos reproductores” y se comenzó a hablar de la desigualdad de género. La visión, más integral, fue una respuesta necesaria al avance de las infecciones de transmisión sexual y de los embarazos tempranos como problemas de salud pública entre los jóvenes y adolescentes.

Hoy ya nadie, salvo unas cuantas trasnochadas aunque poderosas voces, se opone a la educación sexual en las escuelas. Como afirma el filósofo español, Fernando Savater, “Hace unas cuantas décadas aún era posible discutir sobre cuándo sería más prudente iniciar la información acerca de temas sexuales y cómo resultaría más aconsejable graduar esa iniciación delicada. Pero hoy el influjo subversivo de la televisión (así como también la mayor permisividad de las costumbres) ha transformado radicalmente el panorama”. En su ensayo El valor de educar, afirma que si bien en el pasado reciente la educación sexual buscaba hacer frente a los mitos provocados por el ocultamiento y la hipocresía encubridora, ahora, por el contrario, debe enfrentarse a los mitos nacidos del exceso de publicidad y comercialización del sexo, de la exposición constante de niñas, niños y adolescentes al tema. “Es importante tarea educativa explicar que el sexo nada tiene que ver con los récords olímpicos, que es más rico cuando involucra sentimientos y no sólo sensaciones, que lo importante no es practicarlo cuanto antes y cuanto más mejor, sino saber llegar a través de él a la más dulce y fiera de las vinculaciones humanas”, expone Savater.

Obstáculos a la protección

Pero existe otro influjo aún más “subversivo” que la televisión y que limita grandemente el alcance de la educación sexual: la deserción escolar. La educación sexual ha entrado de lleno a las aulas en el momento en que un número cada vez mayor de adolescentes las abandonan. De acuerdo con encuestas realizadas por Mexfam, el porcentaje de adolescentes varones que asisten a la escuela bajó de 73.4 a 66 por ciento en tan sólo tres años (de 1999 a 2002). La gran mayoría desertó por motivos económicos (79 por ciento) y antes de cumplir los 19 años (89 por ciento), según la encuesta del Instituto Mexicano de la Juventud. El problema que se presenta aquí es ¿cómo extender los beneficios de la educación sexual a esa población de adolescentes que ya no estudian? Las diferencias de comportamiento sexual entre las y los adolescentes que estudian y quienes abandonaron la escuela son notables. De acuerdo con la encuesta Gente Joven 1999, de Mexfam, 32 por ciento de las y los estudiantes entre los 13 y los 15 años de edad que ya iniciaron su vida sexual utilizaron un método anticonceptivo (condón en su gran mayoría), mientras que entre los adolescentes que no asisten a la escuela el porcentaje de uso fue de sólo nueve por ciento. Esa diferencia es notoria incluso en el grupo de edad de 18 a 19 años: entre quienes asisten a la escuela, 58 por ciento se previnieron en su primer coito; en cambio sólo 37 por ciento de quienes ya están fuera de las aulas lo hicieron. Estos últimos son jóvenes con mucha menor información y acceso a los servicios, por ende, más vulnerables a las infecciones de transmisión sexual y a los embarazos no deseados.

Campaña de enseñanza y aprendizaje

El 1 de diciembre se celebra, en todo el mundo, el Día Mundial de Lucha Contra el Sida. En México, las actividades de 2005 tendrán como tema principal la educación sexual. Dentro del IX Congreso Nacional de Sida, que se celebra en la ciudad de Oaxaca, se presentará la Campaña Nacional de Educación en Sexualidad, impulsada por el Consejo Nacional para la Prevención y el Control del VIH/Sida (Conasida).

Hasta ahora, la lucha contra el sida y la educación sexual son temas que corren en paralelo, cada uno circunscrito a su ámbito: salud o educación, afirma José Aguilar Gil, presidente de la red de organizaciones civiles Democracia y Sexualidad. “Es muy importante que el gobierno se dé cuenta que si no hay una campaña o una promoción de la educación sexual, va a ser muy difícil prevenir las infecciones por VIH”, agrega el psicólogo especialista en educación sexual, quien también participa de manera activa en el grupo de trabajo del Conasida que coordina la Campaña.

La epidemia del VIH/sida está estrechamente ligada a un problema fundamental de educación, por cuanto involucra conductas y construcciones culturales que favorecen las prácticas sexuales de riesgo.

El proyecto de la Campaña Nacional de Educación en Sexualidad ha sido trabajado en el transcurso del año por el Conasida, instancia donde también participa la SEP, representada por el subsecretario de educación básica, Lorenzo Gómez Morín. Aunque la SEP ha formado parte del Conasida desde su origen, nunca se había integrado realmente a los trabajos hasta que el Presidente de la República instruyó, en la reunión extraordinaria del 23 de septiembre de 2004, el involucramiento de esa institución en el desarrollo de la Campaña.

Entre otras acciones, la Campaña se propone realizar en el transcurso del próximo año un simposio nacional sobre educación sexual y prevención de infecciones de transmisión sexual, con participación de instituciones académicas; la firma de un acuerdo entre el Conasida y la SEP para la capacitación de maestros a nivel nacional; y una campaña masiva a través de espots de radio y televisión, y de carteles.

Sin embargo, su extensión en los estados de la república dependerá de la voluntad política de cada uno de los servicios educativos estatales descentralizados. Tal situación hace prever resistencias en aquellos estados encabezados por gobiernos conservadores.

Beneficios a la vista

La educación sexual ha dado buenos resultados. De acuerdo con la antropóloga Gabriela Rodríguez, presidenta de la organización civil Afluentes, en los últimos años se ha registrado “un avance sustancial en las actitudes preventivas de los y las adolescentes; si bien entre los adultos no se ha extendido la práctica del condón, es un hecho que las generaciones que escucharon sobre la efectividad de este dispositivo desde las más tempranas edades, tienen una actitud más preventiva, y al llegar a su primera experiencia sexual, por lo menos la mitad, se deciden a utilizarlo” (¿Cuáles son los beneficios de la educación sexual?).

De igual forma, el maestro es el principal educador en sexualidad. Dice Rodríguez, con base en la Encuesta Juventud 2000, levantada por el Instituto Mexicano de la Juventud: “los y las jóvenes reconocen en la escuela al principal agente de información sobre sexualidad, los padres de familia ocupan el segundo lugar y, contrariamente a lo que dice el sentido común, solamente el diez por ciento recibe información de los amigos”. En este tema se abre otra gran oportunidad, de acuerdo con José Aguilar, quien junto con Gabriela Rodríguez participó en las reformas a los libros de texto gratuito: “Ahora el maestro se coloca como alguien importante para enseñar y, por tanto, aprender del tema. Por eso es muy importante que la SEP se apoye en la Campaña para capacitarlos”. Sin embargo, la participación de esa institución educativa aún está por verse, pues ni siquiera hizo acto de presencia en la plenaria del Conasida realizada el pasado 24 de noviembre donde se abordó el tema.

El primer round por la educación

Los actuales pronunciamientos de agrupaciones de ultraderecha como Pro Vida o la Unión Nacional de Padres de Familia no son nada frente a la oposición que generó el primer intento por impartir educación sexual en las escuelas durante la gestión de Narciso Bassols como secretario de Educación Pública. En 1932, la SEP planteó la necesidad de una reforma de la educación básica. La comisión técnica consultiva, recomendó que se impartiera educación sexual desde el tercer año de primaria que tendiera a aplicar las “leyes biológicas que contribuyen al perfeccionamiento de la especie humana” e incluyera en sus programas educativos “las clases de higiene y moral sexuales como obligatorias en las escuelas oficiales y particulares”.

La medida, incluida en la gran reforma a la educación de 1934 conocida como la educación socialista, fue fuertemente atacada por sectores de derecha y por la Iglesia Católica. Dentro de la ola de repudio conservador, líderes de grupos de padres de familia, todos de filiación confesional, se oponían con los siguientes razonamientos: “La educación sexual, cualesquiera que sean los beneficios que reporte, no compensará la perdida de pudor que trae consigo”; “los asuntos sexuales dichos al oído por no importa qué persona y cualquiera que sea la forma, causan menos daño que el que causarán expuestos en forma científica por los maestros”; “es tan corto el número de lesionados o degenerados por falta de educación sexual que no amerita aceptar los incalculables riesgos de ésta”.

Su conclusión era que sólo la Iglesia debía proveer cualquier tipo de guía sexual: “La educación sexual no debe ser colectiva, para que los educandos no se pierdan entre sí el mutuo respeto que se deben. En consecuencia la educación sexual debe ser individual y no debe ser impartida por los maestros, dada su ignorancia y falta de preparación; tarea tan delicada sólo puede ser encomendada al confesor”. En lugares con fuerte presencia eclesial, como la región del Bajío, aún inflamada por el recuerdo de la guerra cristera, se presentaron movilizaciones populares que forzaron al gobierno a disminuir paulatinamente el ímpetu en la aplicación de la educación que buscaba “combatir el fanatismo y los prejuicios”, según el artículo tercero constitucional. En 1946, completamente abandonada la operación de la reforma educativa, se reformó la Constitución para eliminar la frase de la discordia, “la educación será socialista”, y de paso modificar toda la política educativa. La educación sexual y los afanes desfanatizantes fueron sacrificados.

Fuente: La Jornada/Mexico


Por Fernando Mino

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