El acoso escolar

RD Editores


“Mi intención era quitarme la vida, aunque no sabía cómo; pero me faltó valor o una pistola para hacerlo”

Prefiero la cárcel a la escuela”. Josep, un adolescente de 15 años, llevaba tiempo repitiendo esa frase. Su madre, Flora, veía en ella una excusa fácil para saltarse el colegio. “¡Si hubiese sabido lo que le pasaba, no hubiera insistido tanto para que fuera a clase!”, explica Flora.

El periodista Javier Ricou (Bonansa, Huesca, 1963) inicia así el relato del libro El acoso escolar (rdEditores), en el que se describe con toda crudeza el proceso y las consecuencias del bullying,palabra inglesa que define el acoso entre iguales en la escuela.

Ricou utiliza el relato de Josep, un joven de una localidad de la provincia de Lleida, que fue víctima de una prolongada situación de acoso que estuvo a punto de costarle la vida y que el periodista publicó en exclusiva en La Vanguardia.”Mi intención era quitarme la vida, aunque no sabía cómo. Pero me faltó valor o una pistola, un arma con la que puedes acabar rápido con todo sin sufrir”. Josep ya había padecido bastante, y lo hizo en silencio hasta que un día rompió su rutina, tardó en regresar a casa y, cuando lo hizo, explicó a sus padres qué le sucedía.

El relato de los hechos sirve a Ricou para desgranar, en 27 capítulos, distintos aspectos del bullying;exponer las opiniones de expertos sobre un fenómeno que no es cosa de niños, como algunos insisten en tildarlo, y que afecta a algo tan esencial como la libertad y la dignidad de los jóvenes, que son seres humanos. El periodista expone también la situación de los profesores y padres “que normalmente no se imaginan el calvario que están pasando sus hijos”; las propuestas de las autoridades académicas; saca a la luz casos de acoso escolar hasta ahora inéditos; aporta pistas para descubrir situaciones de bullying…En suma, se trata de un ensayo en el que el autor retrata una situación en la que la falta de información por parte de los padres y los profesores, así como la ausencia de pautas para actuar, son elementos que impiden abordar bien un problema en el que acosado y acosador son víctimas por igual y en el que se precisa una actuación inmediata, además de programas de prevención, para atajarlo de raíz.

Ricou no pretende dar lecciones ni soluciones. “Es una llamada de atención”, explica, que se transforma en un alegato por la libertad en las aulas. “El bullying es cada vez más cruel. Los acosadores cada vez tienen más información externa que les permite ir sofisticando sus técnicas de acoso”, señala.

El autor, que también habló con los padres de Jokin, el joven de 14 años de Hondarribia que se suicidó hace un año por el acoso al que era sometido por sus compañeros de instituto, explica cómo el bullying va formando parte del día a día de los tribunales. “Durante un tiempo se ha intentado arreglar en los propios centros y ahora se empieza a acudir a los tribunales porque los padres tienen la sensación de que no se les escucha y de que los centros se ven a veces impotentes para solucionar los problemas. Los padres no buscan protagonismo, necesitan explicar lo que les sucede, que alguien les haga caso y que se castigue a los acosadores”. Durante el proceso de elaboración del libro, Ricou ha comprobado la angustia permanente de los acosados y la de los padres cuando el niño les explica lo que le sucede. Los padres ven que se minimiza la situación que está viviendo su hijo “y además se les aísla, a ellos y a la víctima. Nadie les llama, ni los padres de los acosadores, ni los profesores; nadie. Y eso es terrible”.

De ahí que el autor explique que desde el caso Jokin, internet se ha convertido en una herramienta en la que las familias de las víctimas no sólo se reconfortan sino que se pasan información, además de tener un buen foro para explicar su caso, algo que de por sí ya les alienta y fortalece.

Javier Ricou ha escrito El acoso escolar “para que todos los escolares vuelvan a recuperar la libertad, la dignidad, la autoestima y las ganas de vivir que les han ido arrebatando poco a poco los compañeros de clase”.
Fuente: La Vanguardia.


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