Educación segregada

Una sentencia del Tribunal Supremo acaba de dictaminar que separar a las niñas y los niños en el sistema educativo no vulnera el principio de igualdad.

Se trata de un debate que no es nuevo y que, en los últimos meses ha ido creciendo con posturas a favor y en contra de personas expertas en psicología y educación. Seguramente, a nivel psicológico y de proceso aprendizaje, hay suficientes argumentos para defender, desde las diferencias en la madurez de niños y niñas, las bondades de una educación segregada, pero es necesario que hagamos tambien una reflexión de caracter social.

Tengo la sensación de que quienes defienden la educaciónsegregada de niñas y niños, por desgracia y aunque no de forma explícita, no sólo se apoyan en las diferencias de evolución en la madurez y en la necesidad de optimizar el potencial de aprendizaje de uno y otro sexo. Piensen ustedes que quienes de forma más contundente defienden esta postura son organizaciones de corte conservador. Instituciones y corrientes de pensamiento que continúan defendiendo la necesidad de segregar el papel social que mujeres y hombres en el funcionamiento de las diferentes instituciones; en la familia, en el mercado laboral, en las instituciones políticas, incluso en la propia jerarquía eclesiastica.

La educación segregada en si misma, puede no ser una vulneración del principio de igualdad. Si hacemos caso a las personas expertas en materia educativa, es posible que incluso pueda llegar a ser un instrumento para la igualdad, si realmente se aplican criterios de igualdad de oportunidades para niñas y niños, respetando las diferencias, pero con el objetivo de contribuir a la construcción de relaciones igualitarias en el futuro. No debemos olvidar que la convivencia entre mujeres y hombres está en la base de la organización social y resulta imprescindible que mujeres y hombres aprendamos a compartir los espacios, las decisiones, el poder y la vida, desde el respeto a los derechos individuales de las personas.

La pregunta es si quienes están defendiendo la educación segregada lo hacen desde este planteamiento o, por el contrario, quieren aprovechar esta separación entre niñas y niños para insistir en la transmisión de los roles y estereotipos que tradicionalmente han mantenido a las mujeres apartadas del poder, de la actividad social y económica, y al servicio de las necesidades de otras personas y a los hombres exclusivamente dedicados a las cuestiones de la vida pública, ajenos y alejados de las necesidades vitales, emocionales y afectivas y de las personas que les rodean.

La educación segregada por sexo puede ser constitucional, pero el empeño de algunas personas en perpetuar un orden social que atribuye diferentes papeles y posiciones a mujeres y hombres es, sin ninguna duda, un empeño a favor de una tradición mal entendida, cuyas consecuencias sobre la organización social provoca situaciones de discriminación para las mujeres y empiezan a ser rechazada por los propios hombres. Cuidado con quienes quieren segregar, no sólo el proceso de aprendizaje, sino los contenidos y los valores de los futuros ciudadanos y ciudadana

Por Marisa Soleto

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