Educación en libertad, libertad de educar

En esta obra Víctor Pérez Díaz repasa los debates suscitados, los cambios legislativos acontecidos y la visión de los agentes implicados- desde el siglo XIX a la actualidad en La educación general en España, un libro editado por la Fundación Santillana.

Con este volumen, Pérez-Díaz concluye la trilogía La educación en España, realizada junto con el también sociólogo Juan Carlos Rodríguez, en la que han realizado un diagnóstico de la educación general, profesional y superior.

El modo de coordinación y gobierno del sistema educativo español “limita gravemente los márgenes de libertad de todos sus agentes: alumnos, padres, profesores y centros educativos”, argumentan los autores, y concluyen que para que el sistema educativo sea coherente con sus propias premisas “tiene que abandonar el terreno de consenso actual de un sistema estatista, relativamente rígido, y moverse en la dirección de un sistema de coordinación liberal, espontaneísta de la educación”.

Las consecuencias de ese cambio serían, según Pérez-Díaz, el aumento de la movilidad y la diversidad de la oferta educativa, lo que “presumiblemente traería consigo mejores resultados académicos, pues incentivaría en todos los actores conductas educativas más exigentes”.

Los autores consideran que, aunque el consenso al que se inclina actualmente la comunidad educativa puede ser “razonable” porque permite un clima de convivencia, competencia y continuidad en los planes educativos, también puede ser “inquietante porque consagra la primacía de los insiders [los funcionarios, profesores y directores de centros que quieren mantener su status quo] del sistema sobre los outsiders [los externos al mundo educativo]”.

El cambio que proponen las conclusiones de este estudio se iniciará, según los autores, “desde abajo”: “De la iniciativa de quienes son capaces de disentir del consenso imperante, definir un proyecto educativo y arriesgarse a realizarlo, con la colaboración de quienes consigan convencer. Y luego, tener la paciencia y cultivar el huerto”.

Sobre el papel de los políticos para hacer esto posible, los autores afirman que “lo que tienen que hacer los poderes públicos es, al menos, flexibilizar (o dejar que se vaya flexibilizando a resultas de múltiples ajustes) cada vez más el marco institucional de la enseñanza, de modo que tales iniciativas no sean ahogadas bajo el peso de las regulaciones, las barreras de entrada, el clima de conformismo dominante y el ruido de las querellas educativas habituales”.

Los autores también animan a promover que los estudiantes -que en la actualidad reciben educación de muchas instancias, aparte de la escuela- no sean sujetos pasivos, ya que “en buena medida son responsables de sus actos”, “la escuela acabará siendo lo que los propios alumnos hagan de ella” y “la acción pedagógica no es la mera imposición de un poder cultural sobre unos sujetos impotentes”.

Para llegar a estas premisas, el texto hace un recorrido por los debates suscitados en los últimos años sobre la educación, la tradición educativa española, el modo de impartir la enseñanza, el papel que juegan profesores, alumnos y familia y los resultados educativos.

Respecto a los resultados de la enseñanza, Pérez-Díaz reconoce el “esfuerzo cuantitativo considerable realizado en los últimos 20 o 30 años”, pero califica sus efectos cualitativos de “dudosos”. Según los autores, “los tests de conocimientos dan unos resultados en general mediocres”. Su diagnóstico es de “medianía de los resultados del sistema educativo a corto plazo”. Y relacionan esta situación con “la escasa frecuencia con la que existen proyectos educativos y curriculares asumidos con intensidad por los centros mismos”.

También refleja un panorama pesimista en relación con el hábito a la lectura de “la población española educada de una manera relativamente parecida en los últimos 30 o 40 años” y con una cultura adolescente acostumbrada a la “gratificación instantánea”. Pérez-Díaz considera además los resultados sociales (como la reducción de la desigualdades sociales) “discutibles”.

Respecto a las reformas legales realizadas en los últimos años, el texto afirma que por debajo de ellas hay “una tendencia general a la reducción de los contenidos educativos y a una transformación gradual de los métodos”. Y concluye que, en definitiva, la aplicación de los cambios en la forma de impartir la enseñanza “ha dependido de los que ocurría en el momento de la verdad, es decir, en el encuentro de profesores y alumnos en las aulas”.

Fuente: El País

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