¿Cómo educar para el tiempo libre?

La educación para el tiempo libre consiste en permitir y orientar a los chicos y a las chicas para la realización, de manera voluntaria, de una serie de actividades con las que disfrutan, aprenden, abren nuevos campos, se relacionan, crean o descubren capacidades que tenían dormidas.

En nuestra sociedad se dedica mucha energía a alentar el ocio consumista. Resulta muy difícil salir a dar un paseo o pasar la tarde de un domingo con los hijos sin gastar dinero, pues hay una invitación continua a ello.

Estamos en la civilización del ocio e igual que uno se prepara para el ejercicio de cualquier profesión, también se necesita educar a los hijos para utilizar de forma beneficiosa su tiempo libre.

La jornada escolar suele completarse con las “actividades extraescolares”. Éstas pueden ser útiles si no se abusa de ellas, si sirven para desarrollar algún aspecto personal y si no se convierten en una asignatura más; además, deben tener un carácter lúdico y ser elegidas por ellos. Si se fuerza o se manipula a un niño para que realice una actividad que no le atrae mucho, es bastante probable que el interés por ella disminuya en poco tiempo o acabe odiando dicha actividad.

La misión de los padres estará dirigida a mostrarles distintas posibilidades: deportivas, artísticas, para conocer la naturaleza…, teniendo en cuenta las necesidades e intereses de sus hijos. Conviene tener claro, a la hora de elegir actividades, que los padres no pueden trasladar a los hijos sus propias frustraciones y pretender que hagan aquello que a ellos les hubiera gustado hacer. También va bien romper con planteamientos sexistas: ballet para las niñas y fútbol para los niños.

Al hablar del tiempo libre es preciso recordar la importancia de reservar un tiempo, exclusivo y diario, para que los hijos se relacionen y hagan cosas con sus padres y, así, cuidar el campo emocional. Y, por supuesto, los chicos necesitan también momentos para hacer otras actividades que les interesen: juegos, lectura, coleccionismo, etc.

Si a los niños no se les presentan alternativas para aprender a ocupar su tiempo libre, es probable que cuando lo tengan, se aburran y acaben refugiándose en la televisión o en el ordenador y los fines de semana se aficionen a comer hamburguesas y patatas fritas. La imaginación, la creatividad o el criterio propio habrán sucumbido a favor de unas tardes rutinarias, consumistas y preestablecidas.


C.P. José A. Labordeta (Zaragoza) y miembro del M.R.P. “Aula Libre”
Pepe López

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