¿Adiós a la educación tecnológica?

* Licenciado en Física, Ingeniería Electrónica y Lingüística por la Universidad de Barcelona.Ha colaborado en diversas webs y foros de debate de divulgación científica. Ha participado como Ayudante Técnico y experimentador en el Museo de la Ciencia de Barcelona, y como Monitor de experimentos y animador infantil, para “Fun Science”. Como docente posee experiencia en áreas de Física, Tecnología, Informática y Diseño Industrial.


Las perspectivas para la materia de Tecnología en la Enseñanza Secundaria Obligatoria (ESO) española y en el Bachillerato no son buenas: se propone, en la nueva reforma de la enseñanza, una drástica reducción horaria en secundaria y la eliminación del bachillerato tecnológico. Tal vez es que nunca se entendió la relevancia de esta materia que nació castrada y con el estigma de su origen, la antigua Formación Profesional.

Desde la divulgación y el periodismo científico se aplaude que en el anteproyecto de la reforma de la enseñanza española aparezca una nueva asignatura de ’Ciencias para el Mundo Contemporáneo’, obligatoria en el bachillerato (alumnos de 16 a 18 años) para los alumnos que cursen los bachilleratos no científicos; parece que se reconoce, al fin, que la ciencia es cultura, y que igual que los alumnos de ’ciencias’ deben recibir formación humanística, los de ’letras’ deben recibir al menos unos mínimos contenidos científicos que les permitan desenvolverse en nuestra Sociedad. Esta materia se impartirá en el bachillerato que, recordemos, no son estudios obligatorios.

Insignificante novedad que nos ha salido cara: resulta que la Tecnología, hasta ahora materia obligatoria en toda la ESO (alumnos de 12 a 16 años, les aclaro a nuestros lectores de América Latina), ha sido la gran sacrificada en la reforma española de la enseñanza, de manera que, junto a la Música y la Plástica, pasa a ser una asignatura que ’al menos se estudiará en uno de los cursos’ que van de primero a tercero de ESO. Y por si esto fuera poco, también se suprime el bachillerato tecnológico. También, por otra parte, se impartirá Tecnologías de la Información (Informática) en enseñanza primaria (6 a 12 años), aunque está claro que el nivel de contenidos será muy distinto al que se daba en secundaria, y no se sabe si el alumnado llegará a secundaria con los deberes hechos, y más en unas edades en las que sí deberían primar las matemáticas y la lectoescritura.

En la Tecnología de secundaria se estaba enseñando la historia de la técnica, los procesos industriales de desarrollo de productos desde las materias primas hasta el diseño final de productos, el conocimiento de los múltiples tipos de materiales que encontramos en nuestra vida cotidiana, y, algo muy importante en nuestra sociedad, el empleo de herramientas informáticas esenciales en prácticamente todos los contextos laborales y profesionales, como son los procesadores de textos, las bases de datos, los programas de dibujo asistido por computador (CAD), el diseño de páginas web, o la navegación y búsqueda de información por la red internet, por citar algunos. En Tecnología también se familiarizaba a todo el alumnado con las herramientas más convencionales de los talleres y del mundo doméstico, y se impartían también unos mínimos conocimientos de electricidad y electrónica.

Las horas hay que sacarlas de algún sitio y se las han quitado a la Tecnología. Quizá porque no tiene defensores claros (ningún profesor hizo la carrera de ’Tecnología’) y es una materia generalista que agrupó en su origen a docentes de abigarrada procedencia

El trabajo manual, en el taller y en el aula de informática, añade a la materia un componente creativo fundamental en una sociedad en la que se necesita innovación, y en la que hay que conocer los orígenes tecnológicos de la especie humana: ningún antropólogo negará que el uso de herramientas nos marcó evolutivamente y nos desmarcó de otras especies, ayudando a desarrollar nuestro pensamiento simbólico y, de modo colateral, otras habilidades como el lenguaje o el cálculo. Seguramente todas nuestras habilidades, las que nos definen tal y como somos, se desarrollaron conjuntamente.

Evitar la dispersión académica es uno de los motivos que se aducen para continuar con la marginalidad de las materias de Música y Plástica, y para dar más horas a las materias denominadas ’instrumentales’ (Matemáticas y Lengua). Las horas hay que sacarlas de algún sitio y se las han quitado a la Tecnología. Quizá porque no tiene defensores claros (ningún profesor hizo la carrera de ’Tecnología’) y es una materia generalista que agrupó en su origen a docentes de abigarrada procedencia.

La Tecnología está, en estas condiciones, condenada al fracaso tras unos años de adaptación a ella: ahora que los docentes sabían como orientar a sus alumnos en el conocimiento científico-técnico, y podían adaptar el currículum a las necesidades específicas de los grupos con los que se encontraban -a veces dando a la asignatura un carácter más práctico-, entonces van y se encuentran con una reforma que les relega al ostracismo, paso previo a la desaparición.

Luego todo el mundo querrá que los alumnos se sepan mover en el mundo tecnológico del que serán usuarios, que sepan usar los ordenadores para presentar bonitos trabajos o buscar información en la red, y que no necesiten llamar a un técnico para programar un DVD grabador. En el fondo, el problema es que se sigue pensando que las ciencias experimentales y la técnica no son cultura, o al menos no una cultura al mismo nivel que la literatura, la historia, la filosofía, la lengua o las matemáticas.

El debate acaba de empezar, léanse la carta de la Asociación de Profesores de Tecnología y opinen; tan sólo, para concluir, les digo que con la práctica supresión de la Tecnología en la ESO además se pierden muchas horas de divulgación científica de calidad, de esa que se hace en los talleres y en la que la praxis hace bueno el viejo dicho: escucho y olvido, veo y recuerdo, hago y comprendo.


Por Toni Hernández*

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