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Conflictos escolares y Convivencia en los Centros Educativos

Intervenciones de Amelia Valcarcel, Carlos Castilla del Pino, Rosario Ortega y Jose Antonio Marina






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Unos 300 profesionales de la enseñanza asistieron los pasados días 12 y 19 de mayo al Congreso ‘Conflictos escolares y Convivencia en los Centros Educativos’, el primero organizado por la Consejería de Educación, Ciencia y Tecnología de la Junta de Extremadura para analizar y debatir sobre las causas que originan la conflictividad escolar y reflexionar sobre posibles soluciones.

Además de las conferencias de expertos como Amelia Valcárcel, Carlos Castilla del Pino, Rosario Ortega y José Antonio Marina, los asistentes tuvieron la oportunidad de escuchar las 24 comunicaciones presentadas por profesores de Primaria y Secundaria, de la Uex, representantes de formación de organizaciones sindicales, asesores ce Centros de Profesores y Recursos, Equipos Pedagógicos e Inspectores de Educación.

Fuente: La Gaceta Extremeña del Estudiante. Junio 2001



“Conflicto y formación larga son inseparables”

Amelia Valcárcel, Doctora en Filosofía, disertó sobre ‘Violencia en las aulas y violencia estructural: La Democracia como pedagogía’

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Amelia Valcarcel

En democracia gran parte del trazo educativo, el primario y el medio, es obligatorio y no es inmediatamente útil y “ante una cosa que es obligatoria y que, además, no es inmediatamente útil surge una enorme rebelión contra ella”, así explicaba Amelia Valcárcel la relación existente entre la llegada de la democracia a nuestro país y el aumento de los conflictos escolares.

“Democracia avanzada y formación larga son inseparables, pues formación larga es inseparable de conflicto”, sentencia.

Es cierto que actualmente el periodo formativo obligatorio de un ciudadano es largo, puede ser de hasta 14 años, pero, según Valcárcel, una democracia avanzada como la nuestra no puede prescindir de que sus ciudadanos tengan una buena formación porque enfrenta siempre cuestiones muy complejas y necesita una ciudadanía experta. “Esta formación no es inmediatamente útil para el individuo, pero es necesaria”.

Cada día en clase el profesor se encuentra con alumnos que se quejan de que lo que estudian no les va a servir para nada, pero tienen que hacerlo porque su deber es aprender para ser ciudadanos responsables a la hora de ejercer sus derechos de opinar, elegir y ser elegidos. “Se supone que no actuamos por capricho, sino que tenemos una formación que valida lo que estamos haciendo”.

Antes quienes optaban por estudiar era porque podían pagar su formación y sabían que luego esa formación les iba a servir para prosperar en la vida, ser algo y ser alguien, pero ahora todos tienen los mismos certificados y estudios hasta un cierto grado y “nadie los puede utilizar para negociar quien es él o quien es ella”.

Además de la obligatoriedad de la Educación, Valcárcel apunta la actitud de la familia como factor importante que puede favorecer la aparición de conflictos. Antes no había diferencia de mensaje entre la familia y el profesor o centro educativo, mientras que actualmente los padres no riñen a sus hijos por ser pésimos alumnos. Sus hijos nunca son culpables, según ellos, la culpa siempre es del profesor que no les sabe enseñar.

Valcárcel considera que no existen panaceas contra la conflictividad escolar, pero sí soluciones parciales y para encontrarlas “hay que hablar de muchas cosas y es importante empezar a hablar de ellas”.

Docentes, padres, administración e investigadores tienen que actuar juntos para encontrar soluciones.

El catedrático universitario y psiquiatra Carlos Castilla del Pino pronunció la conferencia ‘Patología de la identidad y función docente’

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Carlos Castilla del Pino

“Yo no creo que exista hoy en día ninguna profesión que sea mayor deparadora de sufrimiento para quien la desempeña que la profesión docente”.

Así de tajante se mostró el psiquiatra Carlos Castilla del Pino durante en su exposición sobre las patologías de la identidad y función docente, una afirmación que viene respaldada por su experiencia de más de 50 años en la atención de los problemas mentales de muchos docentes.

Hasta los ochenta, los profesores padecían enfermedades mentales en porcentajes similares a los del resto de la población, pero a partir de esta fecha se produce un cambio notable, los docentes empiezan a sufrir patologías que dependen fundamentalmente del medio en el que se desenvuelven y que están relacionadas con la frustración que les depara no poder desempeñar su trabajo como ellos quisieran.

Muchos de ellos son, según Castilla, “juguetes rotos”, profesionales que han visto frustrada su vocación docente y que “sufren una crisis de autoestima de tal naturaleza que cuando acontece difícilmente tiene solución”.

Ante las situaciones de conflictos en el aula hay profesores que se derrumban, “tiran la toalla” porque no consiguen el fin, dar sus clases y que los alumnos aprendan, y no disponen de medios para ello; otros adoptan una actitud cínica y “se dicen ‘sigamos la tarea como sea y que nos jubilen cuanto antes’”.

La conflictividad escolar avanza por años de forma impresionante, según explica el eminente psiquiatra, que considera que “la situación no es sólo dramática sino patética”.

El docente es presionados por los alumnos, -“¿qué se hace con unos alumnos que acogen todos los días a su profesor con silbidos”-; los responsables del centro, que les exigen mantener la autoridad; los padres, que prefieren responsabilizar al profesor antes que enfrentarse a sus hijos, y la Administración educativa.

Los conflictos escolares se producen porque, “el profesor no puede mantener la autoridad como la mantenía antes, de una forma arbitraria”.

Castilla del Pino afirma que, efectivamente, hoy en día no debe tolerarse aquella autoridad arbitraria que sufrimos muchos antes de que se instaurará la democracia, pero el problema es que “no ha habido un mecanismo que la sustituya”. Por ello, la solución al problema de los conflictos escolares pasa por “restaurar la autoridad -no arbitraria- en las aulas”.

“No hay más violencia, hay más preocupación”

Violencia Escolar: Mito o realidad’ es el título de la ponencia pronunciada por Rosario Ortega Ruiz, catedrática de Escuela Universitaria.

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Rosario Ortega

La realidad es que hay niños y niñas que están viviendo o provocando situaciones de violencia escolar, pero es una realidad muy concreta que afecta a un número concreto de niños que nunca es superior al 10 o 11 por ciento, incluyendo a víctimas y agresores. El mito es esa “imagen demoníaca” que presentan los medios de comunicación social, una escuela totalmente conflictiva, disruptiva, que está poniendo en riesgo los valores democráticos de la sociedad y “esto no es cierto”.

No es verdad, según Rosario Ortega Ortega, que la violencia escolar haya aumentado. “No estamos ante una escuela más violenta, sino que existe una mayor preocupación social respecto a los hechos violentos y eso es positivo”.

Se suele responsabilizar a la escuela de la crisis de valores existente en la sociedad; sin embargo, “la escuela lo que hace es reproducir los esquemas de formas de violencia que hay en la sociedad”. La psicología de cada individuo, su entorno familiar, el entorno social en el que se desenvuelve el alumno y los patrones sociales que aprende en esos entornos o a través de los medios de comunicación, son factores que influyen en la aparición de los conflictos escolares, unos conflictos que, si no se solucionan, “pueden ser una base para la violencia.

Por ejemplo, la violencia de género es una violencia estructural que se reproduce en el aula donde por cada niña que participa en casos de maltrato, como víctima o como agresora, hay cinco niños que lo hacen, pero las niñas suelen protagonizar más agresiones verbales y de exclusión social y los niños más agresiones físicas. “Muchos chicos violentos en la escuela sufren violencia en su familia”.

Víctimas y agresores son “alumnos con necesidades educativas especiales y se requieren profesores con una formación especial”, afirma la investigadora, para quien, en contra de lo que opinan muchos profesores, “es más preocupante y necesita más atención el agresor que la víctima ”, ya que mientras que el agresor, “-diciéndolo con toda la prudencia- es un futuro delincuente”, la víctima suele recuperarse.

“Todos hemos sido víctimas alguna vez y lo hemos superado”.

Destruir la patológica relación existente entre víctima y agresor, es una de las soluciones aportadas por esta investigadora, pero esto no puede hacerlo la escuela sola, necesita la colaboración de toda la comunidad. “La escuela no tiene respuestas para problemas que son estructurales".

“La violencia acabará cuando queramos”

José Antonio Marina Torres, catedrático de Bachillerato y Premio Nacional de Ensayo, habló sobre ‘La educación de la violencia’.

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Jose Antonio Marina

La degradación de la convivencia escolar y el aumento de la violencia es, sin duda, un serio problema, pero “los docentes estamos cayendo en un victimismo exagerado y peligroso porque insistimos demasiado en el carácter incontrolable de nuestros alumnos y, con ello, lo podemos propiciar”.

Para que el tema de la violencia en la escuela no adquiera una importancia desmesurada conviene diferenciarla, según Marina, de otros fenómenos como la grosería en los modales, la indisciplina, la agresividad o la impulsividad, comportamientos que, si no se detectan y corrigen a tiempo, pueden llegar a degenerar en hechos violentos, que son sólo aquellos en los que se utiliza la fuerza física o la coacción psicológica.

José Antonio Marina se mostró convencido de que “la violencia en las aulas se acabará cuando el sistema educativo quiera” y para ello hay que utilizar todos los recursos del centro.

Los profesores deben dejar de esta a la defensiva y, en vez de quejarse de los padres, “echarles una mano, porque profesores y padres estamos en un mismo barco y juntos tenemos que conseguir la educación que queremos para nuestros hijos”.

"Un profesor no puede decir ’yo soy de inglés y no estoy aquí para enseñar disciplina’, quién le ha dicho eso". En los centros públicos, según Marina, el claustro no funciona, no se reúne y “el día en que le aparezca un tipo de violencia no va a saber qué hacer”.

Este eminente filósofo propone la elaboración de una “Carta de los deberes educativos” para introducir la responsabilidad a todos los niveles. En ella se recogerían los deberes de los padres, de los alumnos, de los profesores, de las Instituciones política, el ciudadano y de las instituciones sociales.

Además, reivindica que en la asignatura de lengua se enseñe a los alumnos a resolver los conflictos mediante la comunicación, ya que una parte importante de la violencia se produce por la dificultad que existe para comunicarse. “Los conflictos que no se resuelven lingüísticamente, se resuelven a palos”.

La creación de cursos para padres, potenciar los departamentos de Orientación, ampliando sus competencias a los profesores y las familias; aumentar el personal docente de apoyo en centros conflictivos y tener profesores que actúen como enlace entre la familia y el centro, son algunas de la medidas propuesta por Marina para erradicar los casos de conflictividad escolar o, los más graves, de violencia.






     
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