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La protección del menor

Un método reeducativo en cuestión

Zurich elimina las ayudas al centro propietario de la masía de Girona






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El caso de una masía donde se rehabilitaba a jóvenes conflictivos suizos pone de relieve un método educativo que, en los últimos años, ha empezado a ser cuestionado.



Por Marc Bassets. Berlin/La Vanguardia

Estos días, Beat Dünki es un hombre ocupado. E indignado. "Desde que he empezado a hablar con usted, ya me han llamado veintidós personas", dice, por teléfono, desde Zurich. Entrevistas en radio, en prensa, en televisión... No se lo cree. No se cree que tantos dedos apunten a su organización. Dünki es el director de Time Out, la organización suiza responsable de un centro del Alt Empordà donde, según uno de los adolescentes suizos internos allí, se infligían malos tratos.

"Ninguna de nuestras familias de acogida había tenido tantas visitas de familiares [ de los menores] y amigos como ésta, y todos se marchaban contentos", asegura Beat Dünki. En su opinión, las acusaciones de maltrato de los educadores son fruto de la fabulación de los adolescentes, algunos de los cuales, admite, tienen antecedentes delictivos. Y tampoco es cierto - sostiene- que en la masía de Can Gener, en Sant Llorenç de la Muga, donde vivían cinco jóvenes conflictivos que se fugaron a finales de marzo, las condiciones higiénicas fueran deficientes. Él estuvo allí hace tres semanas y no observó nada anómalo.

En su país, Suiza, Dünki se encuentra ahora en el centro de una controversia. El departamento de Asuntos Sociales de la ciudad de Zurich, que delegó en Time Out el tratamiento de tres de los adolescentes de Sant Llorenç de la Muga y que financió su estancia allí, ha cortado su relación con esta organización. Es más, los suizos se plantean la necesidad de regular la práctica educativa que consiste en enviar a jóvenes conflictivos al extranjero para aislarlos de su medio natural e intentar evitar que caigan definitivamente en la marginación social.

Esta práctica, una especie de deslocalización de los reformatorios, a la manera de las empresas que trasladan su producción a países con mano de obra más barata, no es nueva. Yno es la primera vez que genera titulares en las páginas de sucesos (ver recuadro). La idea de enviar a los muchachos difíciles al extranjero responde a algunos de los postulados de lo que en alemán se denomina Erlebnispädagogik.Algo así como pedagogía vivencial. "Se trata de aprender con el corazón, las manos y el entendimiento. Es decir, con alegría, con actividad, pero no de manera irrazonable", explica Jörg Ziegenspeck, director del Instituto de Pedagogía Vivencial y profesor de la Universidad de Lüneburg, en Alemania. Aunque Ziegenspeck, fundador de esta escuela pedagógica, está en el origen de los primeros proyectos con jóvenes conflictivos, es crítico con las prácticas actuales. "Ahora cada vez tiene menos que ver con la pedagogía y más con ganar dinero", se queja.

Todo empezó hace unos veinte años, con una iniciativa para enviar a delincuentes juveniles alemanes a navegar a vela por los océanos. Eran barcos-escuela perfectos para los fines propuestos: alejar a los jóvenes de sus barrios y pandillas, ocuparles con actividad física y en contacto permanente con la naturaleza, y evitar las fugas.

Los barcos-escuela eran una solución conveniente para las servicios de menores en Alemania. En muchos casos, presentaban una alternativa a la cárcel. Los barcos, sin embargo, resultaban demasiado caros para el erario público. Así que las autoridades alemanas buscaron una fórmula más económica: enviarles al extranjero, a masías o casas de campo en países del sur de Europa donde, lejos del mundanal ruido y de Alemania, dedicados a los trabajos manuales, tal vez encontrasen la oportunidad para rehabilitarse.

El problema, según el profesor Ziegenspeck, fue que pronto algunos educadores vieron una oportunidad de hacer negocio. En vez de acoger a un joven o dos en cada centro, acogían a tres, cuatro, cinco, seis... Y cuando tantos jóvenes conflictivos se unen, "la situación puede ser problemática", argumenta este veterano pedagogo, quien calcula que actualmente puede haber más de 250 adolescentes alemanes en centros de este tipo.

Otro problema: la ilegalidad - o, como mínimo, alegalidad- que supone tener centros educativos en el extranjero que en muchos casos, no están registrados como tales ante las autoridades locales. Llegar a un pueblo de España, Italia o Grecia y anunciar la creación in situ de un reformatorio para delincuentes juveniles no es la mejor carta de presentación. Por eso muchos se instalaron en estos pueblos como simples extranjeros que, de vez en cuando, recibían visitas de jóvenes de su país.

¿Y la masía de Sant Llorenç de la Muga? "Desde el punto de vista suizo, no era un centro. Era una familia de acogida", responde Beat Dünki, de Time Out. Muchas organizaciones que, por encargo de los servicios de menores, envían a los jóvenes a granjas no lo hacen a un reformatorio sino a una familia. No es un método inusual. En Suiza, familias de campesinos han acogido a jóvenes en situación de crisis por mediación de Cáritas.

Las autoridades suizas estudian ahora cómo controlar mejor estos reformatorios deslocalizados y financiados por el contribuyente. "Este caso [ el de la masía en Catalunya] es una excepción", afirma un portavoz del departamento de Asuntos Sociales de Zurich. En Alemania, donde hace años la prensa llegó a denunciar estas estancias en el extranjero como "una exportación de problemas", hubo un intento de suprimirlos directamente y permitir sólo los reformatorios dentro de las fronteras alemanas. No tuvo éxito.

Algunos pedagogos dudan de la eficacia del método. Cuando cumplen 18 años, los jóvenes dejan de estar bajo la tutela de los servicios de menores. La rehabilitación se interrumpe. "Es más una medida de urgencia que una medida preventiva", asevera Jörg Ziegenspeck, quien, sin embargo, cree que existen casos "positivos" de centros en el extranjero. Insatisfecho con la legislación actual, hace un año presentó una propuesta al Ministerio de la Familia alemán con medidas como visitas sorpresa a las masías y granjas de inspectores alemanes. "Queremos que todo sea más transparente", dice Ziegenspeck.

El síndrome del Emperador

España carece de centros para corregir los trastornos de conducta de niños que controlan el ambiente familiar

Por Javier Ricou. Lleida

Son violentos y autoritarios, no cumplen con las normas y sus padres se ven incapaces de controlarlos. Es lo que los expertos han bautizado como el "síndrome del emperador" y lo sufren muchas parejas que han perdido el control sobre sus hijos. Buscar una solución para desposeer a esos pequeños emperadores del ambiente que han conquistado no es tarea fácil. La Administración española, aseguran expertos en el ámbito del menor, no dispone de armas para ayudar a esas familias que han perdido toda la autoridad sobre sus hijos y que son víctimas de su cruel conducta.

"Si su hijo no delinque, no podemos hacer nada". Ésta es la respuesta que se suele dar a las familias que acuden a las autoridades a pedir ayuda para corregir trastornos en el comportamiento de sus hijos. Lo explica Pedro Núñez Morgades, Defensor del Menor en la Comunidad de Madrid, quien aboga por el consenso institucional para crear centros donde enmendar esas conductas agresivas y antisociales. Jaume Funes, adjunto al Síndic de Greuges per la Defensa de l’Infant, comparte la propuesta. "Ahora mismo poco podemos hacer para ayudar a estas familias y hay que buscar una fórmula intermedia que no sea la reforma ni la protección", afirma.

En España sólo existen los centros de reforma para los menores que han delinquido, o los de protección para los que están en una situación de desamparo. La solución intermedia, esa que debería ayudar a esos niños que no están desprotegidos ni son delincuentes, es la que se necesita en España, reiteran Núñez y Funes, para evitar que menores con problemas de comportamiento acaben en reformatorios ilegales y sin ningún control como el descubierto en Girona. "Lo que se hacía en esa masía con adolescentes suizos es una barbaridad - afirma Núñez Morgades- y si se prueba que algún estamento oficial apoyaba esa actividad, la obligación de España es denunciarlo por haberse infringido la convención de derechos de los niños". "Corregir la conducta de un menor privándole de libertad es un error - afirma Funes-. Es como volver a la época en la que proliferaban los centros para adictos a la heroína y se justificaba que se les atara con la frase: ’Benditas las cadenas que libran de la droga’".

Para el adjunto al Síndic, se debería permitir, en los casos más graves, "apartar de forma temporal a ese adolescente del espacio que tiene controlado". Núñez Morgades asiente al indicar que la experiencia ha demostrado que cuando se saca a ese pequeño emperador del ambiente que ha conquistado, su conducta suele variar enseguida.

Ambos expertos comparten la idea, sin embargo, de que el trabajo para corregir ese comportamiento debe ser dirigido por profesionales. Esto es lo que hace la fundación internacional O’Belén, que tiene centros terapéuticos en España (Ourense, Castellón, Cuenca, Guadalajara, Tenerife y Madrid) especializados en corregir trastornos de conducta en menores. Su director técnico, Ricardo Fernández, asegura que son únicos en su especialidad y para Núñez Morgades la tarea de esta fundación es el ejemplo que seguir en España.

En los centros de O’Belén el número de especialistas casi dobla al de internos. Su peculiaridad consiste en que en las autonomías donde trabajan es posible, a través de los servicios sociales, que una familia desbordada pueda ceder la tutela de su hijo a la Administración para que ésta acuerde un tratamiento. Todo se hace bajo un control muy estricto. "Nuestra principal función es la de resocializar, ayudar a ese menor a que reinvente su vida", afirma Ricardo Fernández. En los equipos hay desde psiquiatras y psicólogos hasta monitores especializados en diferentes talleres y personal que ejerce como tutor.

Los éxitos, añade Fernández, sólo llegan despúes de mucho esfuerzo y medios, por lo que sólo atinió a calificar de "auténtica barbaridad" lo que ha visto y conoce del particular reformatorio ilegal de la masía de Sant Llorenç de la Muga.






     
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