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Compartamos el sueño: cuentos para niños en Angola

Ondjaki






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Título original del artículo: “Let’s share the dream”, en Bookbird, Vol. 47, nº 2, Abril 2009, traducido por Marijn Brouckaert. Este artículo es reproducido con el permiso de Bookbird Inc.

Te proponemos como lectura este interesante texto que puede ayudar para reflexionar en el aula sobre los conflictos y la paz.



Ondjaki expone una breve historia de la literatura infantil y juvenil de Angola y sitúa su posición en este paisaje literario e histórico. Este texto ha sido la base de su discurso en el 31º Congreso Internacional de IBBY, Dinamarca, septiembre de 2008.

«(…)La literatura infantil nació y se formó en Angola en el suplemento del ‘Journal de Angola’ y en la ‘Rádio-Piô’, en ese momento y hasta muchos años después, el canal informativo y educativo para niños más elogiado (…). Un fenómeno interesante era que una parte de nuestros oyentes y una gran parte de aquellos que nos escribieron y que querían colaborar por mandarnos historias, cuentos tradicionales y adivinanzas, en realidad eran jóvenes que estaban haciendo su servicio militar…»

Dario de Melo, escritor angoleño

Esbozar una historia de la literatura infantil y juvenil de Angola implica necesariamente entender una historia básica del país, empezando por su existencia como país colonizado durante 500 años. Los portugueses llegaron al Congo en 1482 con una expedición guiada por Diego Cão. Las continuas imposiciones políticas, religiosas y culturales de la colonización resultaron en la inhibición y hasta la prohibición sucesiva de formas locales de expresión. Siglos después, los angoleños, los negros y mulatos sufrieron una discriminación social permanente, que continuó después de la abolición de la esclavitud. Incluso algunos blancos nacidos en Angola eran llamados “blancos de segunda clase”.

La resistencia ha estado presente desde hace mucho tiempo. En mi vida, ha tenido impacto desde muy temprano. Cuando la resistencia organizada llegó a los centros urbanos, ciudades como Benguela, Lubango, Huambo y Luanda se tornaron en centros de las organizaciones ideológicas que lucharon contra la ocupación colonial. Recién a comienzos del siglo xx algunos periodistas se atrevieron a publicar textos que expresaban su adhesión a la independencia y autonomía angoleñas. Sin embargo, el régimen portugués insistió en que esos territorios eran “provincias de Portugal”, sobre todo por causa de las riquezas que obtenían de Angola y de otras colonias africanas. La conciencia entre algunos intelectuales e individuos del paisaje político y cultural llevó a la creación de varios movimientos de independencia. Y serían esos movimientos los que darían lugar a las voces de nuevos escritores.

Los escritores y la(s) guerra(s)

Pepetela, uno de los más conocidos escritores angoleños, era un comandante guerrillero en el frente norte y empezó a descubrir su vocación literaria durante los años de la guerrilla. Uno de los libros más leídos en Angola, Las aventuras de Ngunga, fue considerado como un manual de la lengua portuguesa y de referencias culturales para los niños angoleños.

Al principio Ngunga no era concebido como una novela. Estaba haciendo un censo de las bases MPLA. Por primera vez tendríamos una idea del número de bases, de hombres y de armas. Iba de base en base y al mismo tiempo atendía las clases de las escuelas para ayudar a los maestros… Fue cuando me di cuenta de que los niños solamente disponían de los libros de la escuela para aprender el portugués y decidí que era necesario desarrollar algunos textos auxiliares. Así se formó Ngunga [1]

Las aventuras de Ngunga han sido escritas y editadas en 1973 en copia a ciclostil [mimeógrafo] por los servicios culturales de la MPLA (Movimiento Popular para la Liberación de Angola). Es una historia sobre un chico joven de carácter firme y honesto que se junta como “pionero” al movimiento guerrilla MPLA y se convierte en un hombre que puede pensar independientemente.

Otro gran nombre de la literatura angoleña es Luandino Vieira [2] Se juntó a la MPLA desde muy temprano y fue encarcelado por conspirador contra el régimen colonial portugués. Condenado a 14 años de cárcel continuó escribiendo en la prisión. Incluso el médico, poeta y guerrero Agostinho Neto, que sería el primer presidente de la República de Angola en 1975, dividió su tiempo durante muchos años entre las actividades políticas y las actividades literarias. Parece que la fundación y el destino del país siempre han tenido un vínculo estrecho con los libros. De hecho, Angola ha sido la cuna de un gran número de poetas que surgieron en todas partes del país desde los cincuenta.

Al principio del siglo XX la prosa y las crónicas fueron las dos grandes manifestaciones artísticas de los escritores nacionales. Y aunque durante las guerras civiles hubo otras prioridades y emergencias, a pesar de las circunstancias difíciles, aun durante la guerra colonial nunca se ha detenido la producción literaria.

Los años ochenta

El agotamiento social y económico se agravó sobre todo en el interior del país donde la guerra había sido más intensa. Por esa causa, llegaron miles de personas del sur y del este de Angola a las ciudades. Así Luanda, capital y centro cultural donde residió toda la elite política y financiera, recibió y acumuló tendencias sociales y culturales de casi todo el territorio angoleño.

Esa realidad se refleja en la literatura nacional. Luanda y sus características literarias fueron el interés dominante de la literatura. Durante los ochenta, la literatura angoleña pasó por un periodo muy fértil dentro del género poético. Nombres como Ruy Duarte de Carvalho y más tarde Ana Paula Tavares o João Maimona surgieron en el escenario poético con voces más modernas y abstractas pero nunca perdieron el contacto con las tradiciones angoleñas. En su poesía, la ciudad y el campo viven o bien en armonía o bien en conflicto. En los ochenta también la literatura infantil pasó por sus años más fecundos cuando las obras de Dario de Melo, Gabriela Antunes y Cremilda Lima fueron editadas [3] A lado del compromiso estético siempre se puede observar una preocupación por establecer la cultura propia angoleña. Un caso específico fue el papel de las llamadas “lenguas nacionales” (Umbundu, Kimbundu, Kikongo, Tchokwe) en Angola que había reconocido el portugués como idioma oficial. Al mismo tiempo se planteó como prioridad el respeto por la literatura infantil como genero propio: «la literatura infantil es ante todo literatura. Presupone una arte, belleza y un encanto, y no rechaza la palabra infantil”. [4]

El libro A caixa (La caja) escrito por Manuel Rui es considerado como el primer libro infantil pos-independencia. Otra obra importante es el libro editado en 1977, E nas florestas os bichos falaram, de Maria Eugénia Neto, la mujer del primer presidente angoleño. El libro fue galardonado con el premio honorario del Comité Cultural de UNESCO. Durante esos años la Asociación de Escritores Angoleños también contribuyó a la publicación de varias obras importantes.

Los años noventa

Luanda continuó siendo el centro político y cultural de Angola durante mucho tiempo. La concentración de poderes culturales –actores y artistas- y el dinamismo artístico se congregaron en Luanda, con excepción de algunos raros ejemplos organizados por el gobierno en otras ciudades.

Después de las elecciones de 1992 y luego del estallido de la guerra que siguió, los cambios en la vida política causaron un impacto inmediato en todos los niveles. Varios editores resucitaron y nuevos nacieron creando suelo fértil para la prosa, la poesía y literatura infantil. Sin embargo, había pocos escritores activos. Aunque Dário de Melo siguió publicando libros al final de los noventa, los escritores más notables de aquella época fueron Celestina Fernandes y Cremilda Lima. También hay que mencionar el libro La escuela y Miss Milk-can, editado en 1992 y escrito por Maria João que vivía en Lubango. El libro es una reflexión interesante acerca de la “jarritas de leche” que se usaban en las escuelas ante la falta de escritorios. Después de la independencia, los niños solían traer “jarritas de leche” a la clase para usar como escritorio o como silla. Cuando yo estaba en quinto aún en mi clase en Luanda solo había algunas mesas. Acostábamos una estantería de libros y la usábamos como escritorio. Otros usaban el alféizar para anotar sus apuntes.

A partir del año 2000 nuevos escritores entraron en el campo de la literatura infantil como Yola Castro, John Bela y yo mismo con Ynari: a menina das cinco tranças (Ynari, la chica de cinco mechones) [5]

Mi historia

Nací en Luanda y en los ochenta leí algunos de los libros mencionados antes. La esencia del sistema educacional en este tiempo era dominado por el socialismo. (Angola se transformó en una democracia en 1991). Como ya mencionamos, Luanda era en este momento el centro principal de todo tipo de actores e influencias.

Los niños que aparecían en la literatura angoleña y mozambiqueña que leí en la escuela eran niños reales que me acompañaron en mi vida cotidiana. Excepto algunas historias de antes de la Independencia, muchísimos cuentos pintaban aspectos concretos de la realidad que yo vivía, por lo cual eran muy tangibles. Los libros de Manuel Rui son un buen ejemplo de eso: sobre todo su Quem me dera ser onda (Ojala fuera una onda). Además mi generación vivió lo que la literatura de los ochenta describirá después.

Los aspectos lingüísticos (referencias a la música y a las estigas [6]) y sociales (conducta asociada con los 80, discursos políticos, el sistema social, la forma de vestir, leyes sociales, etc.) de las obras literarias fueron percibidos por nosotros como muy reales. Eso era la belleza y el poder de esa literatura: aunque era un resultado de la imaginación del escritor, lo que era escrito era la realidad de nuestra vida de cada día.

La calle y la escuela eran los espacios sagrados de nuestra infancia. Una frase famosa que apareció en nuestros libros de escuela se volvió un régimen de vida para nosotros: «la pluma es el arma del pionero». Muchos de nosotros (y yo me incluyo en este grupo) creímos en el poder de la pluma y del libro.

La historia We killed Mangy Dog [Nosotros matamos al perro Mangy] del escritor mozambiqueño Luis Bernardo Honwana influyó en una generación entera. Lo mismo vale para Quem me dera ser onda. El primer caso cuenta sobre “Mangy Dog”, un perro viejo y enfermo en las afueras de Maputo, y sobre un niño que ha sido enviado a matarlo con un rifle de aire comprimido. Un grupo de chicos ha sido autorizado a matar el perro por un hombre portugués blanco, porque el animal está molestando al barrio. Solo una chica, Isaura, intenta defender al animal hasta el final. El único chico negro del grupo decide que ya no quiere matarlo. Sin embargo, las circunstancias y la presión del grupo lo guían a la elección más fácil. En Quem me dera ser onda Manuel Rui cuenta otra historia con niños. Un padre llega a casa con un cerdo para matarlo unos meses después. Sin embargo, los niños adoran al cerdo desde el primer momento y harán todo para salvarlo.

En ambos cuentos el contenido político no era explicito para nosotros como niños, pero el ritmo y el lenguaje usados eran muy poderosos. De hecho, creo que este modo africano de escribir que tiene mucho que ver con nuestra forma de vivir en el mundo y con el lenguaje, se refleja en mí y en mi escritura.

En 2000 –una semana antes el final de la guerra civil angoleña– sentí un deseo muy fuerte de escribir un cuento para niños. Solo sabía que quería escribir sobre una chica con cinco mechones que hace grandes sacrificios para terminar con la guerra. Así nació mi libro Ynari: a menina das cinco tranças donde Ynari pierde uno por uno sus mechones en los cinco pueblos que están en guerra. La guerra entre estos pueblos empieza porque la gente de cada pueblo ha perdido un sentido: la capacidad de escuchar, de saborear, de ver, etc. Después de haber resuelto todas las guerras, Ynari se va en la búsqueda de una viejecita que destruye palabras y le pide que destruya la palabra guerra. Creo que cada persona de mi generación que ha vivido en esos infinitos años de guerra le gustaría encontrar a esa viejecita.

El campo tiene un papel importante en la historia de Ynari. Refleja mi propia devota búsqueda de algo que no conocía muy bien. Como he nacido y crecido en Luanda, el interior de Angola era un espacio místico e inaccesible por causa de las guerras sucesivas. Ynari me ha ayudado en mi búsqueda del poder de la tierra y de la magia de todo aquello que no se sabe explicar, pero que hay que vivir. Lo que yo había vivido eran las calles y las escuelas de Luanda. En mi libro infantil más reciente aparecen otra vez los niños de la ciudad con sus poderes mágicos y decisiones serias. Cuando las casas en un barrio son amenazadas por una construcción grande (el famoso mausoleo que se suponía sería el último destino del cuerpo embalsamado del camarada presidente Agostinho Neto), los niños responden con unas decisiones secretas. Tendrán que destruir la construcción enorme antes de que los adultos hagan desaparecer su barrio. La intención del libro es enfocar en los efectos poderosos del universo infantil: defienden las cosas que forman las raíces de sus corazones y de su mundo. No es un ataque contra en primer presidente de Angola, como plantean algunos.

Otro libro infantil mío, todavía inédito, es A bicicleta que tinha bigodes. Es un homenaje al escritor Manuel Rui. La historia sucede en la calle del escritor donde un grupo de niños intenta escribir un cuento para ganar el primer premio del concurso de la Radio Nacional: una bicicleta. En la calle circula el rumor de que la barba de Tío Rui contiene letras, acentos y frases mágicas y que cada jueves su mujer peina su barba y guarda todas las frases en una caja. El grupo de amigos forja un plan para robar la caja, pero por amistad con el escritor el personaje principal desiste de la idea. Al final mandan una carta sincera llena de errores gramaticales a la Radio Nacional dirigida al presidente camarada donde plantean que debería ofrecen una bicicleta para cada niño en Angola. Estoy convencido de que la literatura infantil angoleña está renaciendo en este momento por varias razones. Especialmente por causa del boom económico, segundo porque el proceso de paz trajo nuevas medidas para la creatividad y, tercero, lo que se podría llamar “la oralidad urbana”. También es interesante la mezcla social de la nueva generación que nació en Luanda pero que tiene sus raíces en otras partes del país, y aquellos que han tenido la oportunidad de estudiar afuera y que ahora vuelven a casa con historias y ecos de otras realidades. Personalmente estoy contento con los nuevos signos literarios presentes en las nuevas producciones de literatura nacional y las tendencias que aceptan con entusiasmo esos fenómenos de oralidad urbana como las estigas, las anécdotas y el estilo teatral de la vida en Luanda. Veo el cruce entre las preguntas sociales de nuestra vida diaria y la música, el teatro y la literatura. Es así que se enriquece la literatura, para representar la vida. Porque la vida civil que alimenta creatividad y sensibilidad es lo que llamamos cultura.

Ondjaki nació en Luanda (Angola) en 1977. Prosador y poeta, también escribe para cine. Es miembro de la Unión de Escritores Angoleños.


Fuente: ALIJA



[1] Pepetela en una entrevista con la página web Portal da Literatura

[2] Aunque nació en Portugal Luandino Vieira siempre se ha considerado angoleño. Lo acusaron de tener conexiones con un movimiento independentista y lo mandaron a la cárcel durante el régimen de Salazar. Fue liberado poco tiempo después. En 1961 la Asociación Portuguesa de Escritores (APE) le otorgó el premio Castelo Branco por su libro Luuanda. Esa decisión llevó al cierre de la APE por el PIDE (La policía estatal durante la dictadura portuguesa). El mismo año Luandino Vieira fue condenado a 14 años de prisión. Estaba ubicado en la cárcel de Tarrafal en Cabo Verde. Volvió a Portugal en 1972 bajo estrictas condiciones de libertad y con residencia obligada en Lisboa. Después de la independencia en 1975, volvió a Angola donde se quedó hasta 1992.

[3] Obras de Cremilda Lima son: O tambarino dourado, Missanga e o sapupo, O nguiko e as mandiocas, A kianda e o barquinho de fuxi, A múcua que bailocava ao vento, O maboque mágico, A velha sanga partida, Mussulo uma ilha uma encantada y O balão vermelho.

[4] Maria Celestina Fernandes en The Emergence and Formation of Angolan Post-Independence Children’s Literature, ponencia presentada en Brasil, Rio de Janeiro, julio de 2008.

[5] Yanari fue publicado en Angola por Chá de Caxinde, y después por Editorial Nzila. En Portugal lo editó Caminho (2004).

[6] Estigas es un juego. Es una disputa oral, sobre todo entre niños con el objetivo de ofender al adversario.


26 mayo 2011


     
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