La Web1.0 está en perpetua construcción, inacabada por aburrimiento de sus creadores al
corresponderles la responsabilidad y tarea de crear contenidos. Detestables en mantenimiento,
nefastas visualmente, cumplían un mínimo de transmisión de información, aquella de ida y no vuelta.
De los estándares, accesibilidad y separación del diseño del contenido, una absoluta ignorancia. Las
novedades o actualización de los contenidos se distinguían por el acompañamiento de otro fichero
animado. Era como trasladar el panel informativo en papel a su correspondiente digital. Más allá del
corcho que lo sujeta, más allá de los enlaces que aparecían, nada. Era,en definitiva, las web de los
frames y de la tablas como elementos de la composición visual, de las animaciones flash como
objetos revolucionarios del diseño web, de los contadores, como los del gas o el agua de un edificio
que, rutinariamente, verificamos de vez en cuando, sin apenas percibir un cambio de la fachada.
No estamos frente a una nueva versión de una popular herramienta, ni obligados a tener que actualizar
el sistema operativo. Tampoco ante una palabra vacía de contenido. Pocas veces como ahora se
introduce paulatinamente un nuevo concepto, primero entre los gurús del medio, luego en el sector
profesional y, finalmente, entre los usuarios, parte de ellos a la expectativa de nuevas experiencias. Cuando se creía que en Internet ya estaba todo dicho, ahora descubrimos que hay una nueva versión.

- Web2.0 y Educación: hacia un nuevo modelo de aula