Hasta hace treinta o cuarenta años la educación de los chicos y de las chicas resultaba relativamente fácil. Había consenso social sobre cómo educar y se tenía la conciencia de que la responsabilidad de la educación correspondía a todo el tejido social.
Durante los últimos años ha habido muchos cambios en la sociedad española. En relación con la educación, uno de los aspectos que más ha variado es que ya no se asume la educación como algo colectivo, sino que se traslada la responsabilidad únicamente a los padres y al profesorado. Pero, incluso, entre estos dos sectores tampoco hay un trabajo conjunto y coordinado y se percibe cierta distancia entre ambos.
A pesar de los cambios, se intenta educar de forma parecida a como se hizo con quienes ahora son padres o madres. Para bastantes de ellos resulta una tarea complicada, dado que valores fundamentales de su modelo chocan frontalmente con otros que se presentan en la televisión o en la calle. Ante esta panorámica, muchos padres viven dificultades al ver que su manera de educar no funciona, no saben qué hacer y andan desorientados; a veces, se inhiben, dejando que sus hijos hagan lo que quieran porque ya no pueden más.
El problema suele presentarse como individual: “La culpa es de los chicos o de los padres que no lo han sabido hacer bien”.Entiendo que no se puede responsabilizar a los padres en exclusiva de la educación de sus hijos sino, también, a las autoridades y a la sociedad en su conjunto.
En esta sociedad los excedentes están dirigidos hacia el consumismo, en vez de dedicarlos, por ejemplo, a facilitar a los padres información y recursos para saber cómo cuidar y orientar a los hijos. Sin embargo, parece que a los responsables políticos no les interesa que la gente sepa, es mejor mantenerla en la ignorancia. Esa es la mejor forma de poderla manipular. Una prueba evidente es la televisión, en la que nos entretienen con espacios-basura y uno se puede llegar a acostumbrar tanto a ellos, que es posible que llegue a demandar más programas en la misma dirección.
Los padres y las madres, si después de haber probado todos los recursos a su alcance, continúan teniendo problemas de cierta entidad con sus hijos, considero que tienen derecho a reclamar apoyo a las Consejerías de Educación para resolverlos. Pero no como una reivindicación individual, sino como un problema general que cada día afecta a más familias.
Fuente: Craaltaribagorza