Sin duda alguna, en ocasiones te habrás enfadado con tus padres, abuelos,
hermanos mayores u otros adultos porque habrán impedido que jugaras o
realizaras otras actividades que deseabas llevar a cabo (en el parque, en
casa, en el colegio, en la playa, etc.), pronunciando una de las repetidas y
pesadas frases como, por ejemplo: no te subas ahí que te puedes caer, no
corras por la escalera, no toques el enchufe, apártate del fuego, aún no has
hecho la digestión y es temprano para bañarte, no pases el semáforo en rojo,
…
En realidad, la palabra no es una de las primeras que el ser humano llega a
entender, y no es de extrañar, porque de manera reiterada y machacona es
oída desde nuestra más tierna infancia y relacionada directamente con
prohibiciones o actos que frustran nuestros deseos.
Pues bien, detrás de esas múltiples decisiones tomadas habitualmente sin
consultarte ni darte opción a elegir e incluso sin explicación alguna, está
únicamente el sentimiento de protección, el deseo de evitar accidentes con
consecuencias dañinas para tu salud.
También estoy seguro de que recuerdas las molestias ocasionadas con
motivo de una caída, de un golpe contra un objeto, de una quemadura o de
un corte, así como de las ganas que tenías de sentirte totalmente recuperado
de nuevo.

- ¡Pon Arte en Cuidarte!