Marina Subirats: "El gran salto adelante de la mujer se ha producido con la escuela mixta; volver a la separación es un disparate"

La catedrática de Sociología y experta en coeducación Marina Subirats i Martori ofreció ayer en Baluarte una charla que sirvió para reanudar las Jornadas de Reflexión de la Violencia de Género, organizadas por el Instituto de Igualdad. En su intervención, Subirats apostó por un cambio radical de socialización, que pasa por dejar de educar a los niños en la necesidad de la violencia y tratar de que los chicos desarrollen actitudes que hasta ahora eran propias de las chicas, como han hecho ellas en estos últimos años. Y esto pasa por poner en marcha la coeducación, "en escuelas mixtas, por supuesto".
La violencia componente central del género masculino: la necesidad de un cambio radical de socialización . La primera parte del título de la conferencia suena fuerte. ¿Quiere decir con ello que la violencia es algo propio de los hombres?
En primer lugar hay que diferenciar entre género y sexo. Hay cosas que la naturaleza marca como diferentes entre hombres y mujeres y otras que han sido marcadas por la sociedad y la cultura. Pero hay cosas que las hemos considerado naturales y son culturales. Durante muchos años nos hemos ocupado de analizar a las mujeres y creo que ha llegado el momento de hablar de los hombres. Los hombres, igual que las mujeres, se construyen de una base biológica y otra cultural. Pero mientras la forma de comportarse de las mujeres ha cambiado mucho en los últimos años, la de los hombres muy poco. Por lo que ahora nos encontramos con un desencuentro. Por eso comencé a investigar qué es ser hombre.
¿Y qué descubrió en sus investigaciones?
En el pasado, en sociedades muy pobres en las que la lucha por la vida era muy dura, hubo una división del trabajo: las mujeres cuidaban a los demás y los hombres aprendieron a morir y matar, a enfrentarse a correr riesgos. Esto es tan difícil que para que los hombres lo asumieran se les daba un premio: tenían más poder, mandaban sobre las mujeres, los recursos eran suyos... Esto ha sido un elemento fundamental en la construcción de la masculinidad y lo sigue siendo. A los niños en la escuela se les sigue diciendo: "un niño no llora". Al niño que es demasiado suave, demasiado tierno o que no se enfrenta al resto... se le ve mal. Es decir, a los niños les impulsamos a que peleen y es casi el elemento central de la masculinidad. Tiene que ser el número uno, el más fuerte, el más guapo, si no las chicas no le querrán. Este es un elemento tan marcado, tan exigente de la sociedad con los hombres, que ellos siguen aceptando la necesidad de ser violento, sobre todo, de asumir riesgos. Pero en nuestra sociedad actual esto ya no tiene mucho sentido y, sin embargo, seguimos educando a nuestros hijos como si esto fuera una necesidad. Y entonces, ¿qué pasa? Que esta necesidad se desvía. En una de mis investigaciones me di cuenta de que todos los grupos dominantes, y los hombres lo son, viven más que los grupos dominados porque viven mejor. Entonces, ¿por qué los hombres viven menos? Comencé a mirar las estadísticas, los hombres mueren más que las mujeres desde que nacen (a partir de los 75 años mueren más mujeres porque no hay tantos hombres). El periodo en el que hay más diferencia es entre 15 y 30 años, y especialmente, entre 20 y 25. En esta edad por cada mujer que muere fallecen entre 3 y 4 hombres, y no mueren de enfermedad. Fallecen por asumir riesgos: accidentes, drogas, peleas, homicidios, suicidios o deportes de riesgo. Es una edad en la que tienen mayor necesidad de demostrar que se comen el mundo.
Supongo que una de las desviaciones es la violencia contra las mujeres. En su opinión, ¿esta lacra ha existido siempre y no salía a la luz o ahora se da con mayor intensidad?
Cuando decimos violencia de género decimos violencia de género masculino, porque es violencia que ejercen los hombres contra las mujeres. Esta violencia mata mujeres y mata más hombres todavía. Es la misma violencia. En un caso se ejerce sobre las mujeres, lo sabemos y lo denunciamos, se ejerce sobre los niños y niñas (también aflora aunque no tanto), se ejerce sobre los mayores y también sobre los propios hombres. Estas muertes a veces son autodestructivas, pero corresponden a lo mismo: a la necesidad de imponerse. Bien sobre las personas, y entonces mueren las mujeres, sobre la naturaleza, subir a una montaña imposible, o sobre las máquinas, y se utiliza el coche a lo bestia. Es la misma violencia. Por eso, yo quiero ir a la raíz. Y la raíz está en la educación que damos a los niños. Esto es fundamental. Es la cultura la que debe cambiar, los padres y madres en las familias deben dar otra cultura. Ya no se dice a las niñas: "tú vas a ser una mamá que va a estar todo el día cocinando". Respecto al género femenino, aunque no totalmente, la cultura ha cambiado, pero no respecto al masculino. Hemos desarrollado en las chicas actitudes que antes eran propias de los chicos (estudiar, hacer deporte o trabajar) y ahora debemos hacer al contrario: desarrollar características propias de las niñas en los niños (capacidad de cuidado, de sentimiento, de identificación con la otra persona...)
Y esto, ¿cómo se trabajar? En la actualidad hay un debate en Navarra y en otras CCAA en torno a la concertación de los centros que separan por sexo. ¿Es válida cualquier educación, mixta o diferenciada?
Con respecto a cómo se trabaja, en las escuelas tenemos toda una serie de estrategias que son lo que llamamos coeducación, para conseguir que los niños se vayan soltando y no se sientan presionados a ser duros. Porque esta dureza se vuelve contra la propia sociedad, no es útil. Hacer retroceder la violencia en la sociedad pasa por poner en marcha otra forma de educación, la coeducación. ¿Qué significa? Por supuesto educar en escuelas mixtas. El disparate de volver a escuelas separadas no hay que hacerlo de ninguna manera. Volver a atrás sería un desastre para las mujeres y también para los hombres. Todas estas teorías de que separados aprenden mejor son falsas. Estos centros son de súper élite donde van las familias que son buenísmas, con un dineral... pero así cualquiera. En el pasado tuvimos en España escuelas separadas y, ¿qué es lo que dieron?: muchísimo más analfabetismo a las mujeres y una mucha menor llegada a la universidad (son cifras, no me lo invento). El gran salto adelante de la mujer española se ha producido con la escuela mixta. Mira, yo he hecho estudios desde el Ayuntamiento de Barcelona viendo capacidad reales de niños y niñas que acuden a escuelas publicas, concertadas o privadas, y son muy parecidas. Pero en las concertadas y privadas las notas son mejores. ¿Por qué? Porque las suben.
Desde los centros que separan por sexo se asegura que entre sus ex alumnos no hay más maltratadores o más víctimas que en otros. ¿Es excesivo relacionar la educación diferenciada con la violencia de género?
El número de mujeres maltratadas que conocemos en España es mucho menor del que realmente existe, porque sobre todo se mira por las muertes, y las denuncias son muy erráticas. Entonces es muy difícil establecer una relación entre el tipo de escuela y la violencia, en general vemos que depende del tipo de familia. Si el padre es maltratador se repite mucho. Hay muchos casos de inmigrantes porque han vivido un cambio radical de cultura. Están en una situación en la que los hombres mandan y nadie discute, llegan aquí las mujeres ven otra cosa y comienzan a discutir y llega el problema. En mi opinión, la educación de manera separada todavía hará más difícil la relación entre hombres y mujeres y además en este momento necesitamos que las niñas sigan aprendiendo capacidades masculinas que se le habían negado y que los niños aprendan capacidades femeninas que se le habían negado. Y eso separados no puede.
Queda claro que para erradicar la violencia la educación es la clave, pero ¿cómo trabajar con la gente de mediana edad o incluso mayores que no han sido educados en la igualdad?
Esto es más complicado ya que las normas han cambiado y hay gente que no ha sabido adaptarse. Antes nos casábamos para toda la vida, el hombre mandaba y la mujer hacía la comida y cuidaba a los hijos. Han pasado los años y la mujer se ha rebelado. Pero hay hombres que no se han enterado que el mundo ha cambiado. La mayoría de las muertes llegan con la separación.
¿Qué papel juegan los medios de comunicación? Porque a veces se debate el que la aparición de los asesinatos en la prensa puede llevar a la gente a cometer más actos.
Hay estudios que han demostrado esto con los suicidios, pero yo creo que para erradicar la violencia de género los medios son fundamentales. Cuando fui directora del Instituto de la Mujer (1993-96) la violencia de género no salía en los medios y a mí me llegaban papeles de la policía y tenía la sensación de vivir una guerra oculta. Todo cambió cuando una mujer en Canarias anunció por televisión que su marido la iba matar. Y así fue. En este momento los medios han hecho un gran trabajo de denuncia de la violencia de género masculino sobre las mujeres, pero hay que tomar conciencia sobre la violencia sobre los hombres. ¿Qué son las peleas? ¿Qué son muchos de los accidentes? Esto hay que denunciarlo como violencia de género.
¿Hay razones para ser optimistas?
Sí, los comienzos siempre son difíciles porque los que empiezan a cambiar el modelo se les acusa de blandos se mezcla con la homosexualidad, pero estoy convencida de que en cuanto los hombres que están cambiando puedan expresar lo que sienten y lo que han ganado con el cambio habrá más hombres que dirán por fin no tengo que ser un superhombre. Pero deben ser ellos, como en su día fuimos las mujeres, quienes inicien este cambio radical de socialización.
*Marina Subirats, en un momento de la entrevista realizada en la cafetería del hotel Maisonnave. Foto: Javier Bergasa







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