La paga se va en cannabis
Los chicos dicen buscar en los porros evadirse pese a admitir los efectos negativos
MARTA RICART - Barcelona
FÁCIL ACCESO Probar sale gratis, pero se consume más entre quienes manejan más dinero
EFECTOS INDESEADOS Dos de cada tres consumidores admiten haber sufrido efectos secundarios
Los adolescentes catalanes tienen fácil acceso al cannabis a través de sus amigos y, aunque la primera vez lo obtengan sin pagar, cuanta mayor asignación semanal reciben, más tienden a consumir marihuana. Los jóvenes se inician en los porros por curiosidad y en busca de nuevas sensaciones y los siguen consumiendo como una manera de evadirse y divertirse, aunque dos de cada tres admiten padecer efectos secundarios negativos.
Estos aspectos se constatan en un estudio de investigadores de la Agència de Salut Pública de Barcelona (ASPB) - participada por el Ayuntamiento y la Generalitat- que, de manera poco usual, ahonda en el inicio del consumo de marihuana por los adolescentes y sus razones y expectativas.
El trabajo, coordinado por Carles Ariza, se hizo a partir de encuestas a 2.043 estudiantes de 3 º de secundaria (ESO) - de una media de 14,6 años- de 47 centros públicos y privados de Barcelona (las encuestas eran confidenciales y rellenadas por los estudiantes). Aunque las encuestas se hicieron en el 2005, el estudio acaba de difundirlo la Gaceta Sanitaria,una publicación científica de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria, editada por Doyma/ Elsevier.
Los investigadores pretendían analizar las razones de inicio del consumo de cannabis por los más jóvenes y qué buscan y esperan de ello, con el fin de disponer de más conocimientos para la prevención del consumo precoz. Los resultados son reveladores en algunos aspectos.
El 37,5% de estos estudiantes de 14 años dijo haber probado el cannabis, y un 10% en el último mes, lo que se considera consumo habitual. Este consumo habitual es ligeramente mayor en chicas (el 10,3%) que chicos (el 9,7%). El inicio del consumo se produjo en la media de 13,4 años - los consumidores habituales son los que se iniciaron más precozmente- y el 60,3% probó el cannabis por primera vez en la calle y un 16% en casa de un amigo.
El 88,5% estaba con amigos y fueron estos quienes le proporcionaron la sustancia en un 82,5% de casos y, nueve de cada diez dicen que gratis. Los investigadores de la ASPB destacan esta "gran accesibilidad" a la sustancia, lo que en drogas siempre se considera un factor favorable para un mayor consumo.
Pese a la prueba gratuita, el estudio constata que hay mayor consumo de marihuana entre los chicos que manejan más dinero.
Así, entre los adolescentes que no tienen una asignación semanal, sólo un 21,8% consume cannabis ocasionalmente y un 6,3% de forma regular. En cambio, el 40% de los adolescentes que dispone de más de 30 euros a la semana lo han probado y el 36% es consumidor habitual - y si se mira aquellos con asignación semanal de 10 a 30 euros, son consumidores habituales el 15,4%-.
La razón más citada por los estudiantes para haberse iniciado en el consumo de marihuana es por curiosidad. Pero además, se les preguntó por las consecuencias esperadas del consumo de la sustancia. Tanto las positivas como las negativas. Y los adolescentes (los que consumen y quienes no) relacionan el cannabis con que relaja y reduce la tensión (lo cree el 87,6% y hasta el 97% de los consumidores habituales), y que facilita las relaciones sociales y sexuales (lo apunta el 64,2% y, entre los consumidores habituales, el 80,3%).
En cambio, el 82,5% cree que puede alterar las funciones intelectuales y el comportamiento, el 79% cita que puede producir efectos negativos en la salud y el 56,7%, que crea abstinencia. Los consumidores habituales rebajan estos umbrales de riesgo: sólo el 70% cree que altera las funciones intelectuales y el comportamiento, el 72,5% teme daños para la salud. Eso sí, dos de cada tres usuarios habituales creen que comporta síndrome de abstinencia. También se reconoce que no favorece las capacidades de entender y percibir.
Las consecuencias que se saben negativas, como el deterioro intelectual y el daño de la salud, podrían ser utilizadas como factores preventivos del consumo por adolescentes. dicen los investigadores, pero también admiten que considerar el consumo de riesgo no limita que los jóvenes experimenten con el cannabis o sigan consumiéndolo. Quizás si pueda evitar un uso continuado.
La razón más citada para seguir fumando porros es para sentirse mejor y olvidar los problemas y la segunda, para divertirse. Y eso que los jóvenes de 14 años ya dicen, en dos de cada tres casos, haber experimentado efectos negativos del consumo de cannabis (como pérdida de la memoria y tristeza), incluidos aquellos que lo fuman ocasionalmente.
Pocos estudios habían analizado los efectos del consumo de marihuana en adolescentes, un aspecto importante, pues los investigadores recuerdan que se le atribuyen daños neurobiológicos y psicológicos y que un inicio más precoz (antes de los 16 años) comporta todavía un mayor riesgo de secuelas graves y dificultades para abandonar la adicción.
Otro problema añadido al consumo de cannabis, señalan los investigadores, es que se considera una puerta a tomar más drogas, como cocaína y heroína. En el estudio se corrobora, a su vez, una mayor prevalencia de consumo ocasional y habitual de cannabis entre los escolares que fuman de manera regular (el 39,4% de quienes fuman de manera habitual son consumidores usuales de cannabis y el 51,7%, ocasionales) y entre los que ya se han emborrachado al menos dos veces (el 42,3% son consumidores habituales y el 46,7% ocasionales). En cambio, sólo el 0,4% de quienes no han fumado nunca tabaco o el 2,6% de quienes nunca se han emborrachado declaran fumar porros de forma usual.
LAS RAZONES
Motivos personales más que sociales
Las respuestas de los chavales indican que, en contra de lo que muchos pueden creer, se inician en el consumo de marihuana más por razones personales (curiosidad, sentir nuevas sensaciones...) que por razones sociales (porque lo hacen los amigos) y esto aún es más notable entre los consumidores habituales, subrayan los autores. Y las razones iniciales no siempre coinciden con aquéllas para seguir fumando porros: los que más los fuman, dicen consumirlos sobre todo para sentirse mejor y olvidar problemas y para divertirse. "Estos resultados sugieren que los adolescentes consideran el consumo de cannabis como una forma de diversión y de hacer frente al estrés", dicen los investigadores.
Entre los consumidores habituales y los ocasionales hay algunos matices: los primeros dicen que empezaron con el cannabis por sentir nuevas sensaciones y por divertirse y por relajarse en mayor porcentaje que los noveles, y algo menos por curiosidad o porque lo hacían sus amigos. También los consumidores habituales citan más razones que los novatos que justifican su hábito.
LOS EFECTOS SECUNDARIOS
Los habituales son conscientes de los daños
En general, uno de cada cinco consumidores de cannabis cita como efecto secundario más usual la pérdida de memoria y casi otro tanto, la tristeza y depresión. Uno de cada tres dice no notar efectos secundarios. Pero sorprende que los consumidores habituales, al mismo tiempo que destacan en mayor medida las expectativas positivas del consumo, son más realistas o quizás han experimentado más los efectos negativos y los reconocen en mayor medida. Así, sólo el 22,4% dice que no nota efectos secundarios, e igualmente, un mayor porcentaje entre ellos que en general o entre los que fuman porros ocasionalmente admite haber padecido pérdida de memoria (el 41% de habituales frente al 15,7% de ocasionales) o dificultades para estudiar y trabajar (25,4% de habituales frente a 13,5% de ocasionales). De la misma manera, más consumidores habituales que ocasionales destacan entre los efectos negativos las dificultades para estudiar. En cambio, los ocasionales citan más la tristeza y depresión (tercer efecto citado por los habituales).
Favorecer los conflictos es otro efecto habitual, aunque los chicos aseguran que pocas veces se dan comportamientos violentos.
Las incautaciones alientan el temor a un repunte de la heroína
¿Repunta el consumo de heroína, que no había parado de descender desde los terribles años ochenta, en que había un constante goteo de muertes por sobredosis de toxicómanos? Las últimas incautaciones de droga y las tendencias en países como Estados Unidos hacen pensar que sí crece el consumo, aunque en España no se dispone por ahora de datos que lo confirmen, excepto entre la población escolar.
La aprehensión del mayor alijo de heroína hallado nunca en España, el día 1 en Sitges, de 316,5 kilos, ha disparado las alertas. La presidenta de la Federació de Centres de Drogodependència de Catalunya (FCD), Felisa Pérez, apunta que el consumo de heroína crece en áreass de más venta del extrarradio de Barcelona y los expertos en drogas estadounidenses ya han avisado de un repunte, pero ni en los centros de deshabituación españoles ni ambientes de ocio es evidente.
Javier Martín, de la organización Unad, asegura que lo que no han notado los centros de desintoxicación en los últimos años es que haya menos heroinómanos, "lo que ocurre es que se han multiplicado los adictos a otras sustancias", señala - los datos del Departament de Salut catalán señalan que en el año 2006 había 7.768 heroinómanos en programas de tratamiento sustitutivo con metadona-.
Sí se constata, agrega Martín, un aumento del policonsumo, sobre todo de cocaína y heroína. Como adictos a la coca hay muchos, cabe pensar que acabará aumentando el consumo de heroína. También se registra un mayor consumo de jeringuillas, pero se cree que obedece a que más usuarios de cocaína se la inyectan. En cambio, se ha ido reduciendo el consumo de heroína por vía parenteral (muchos la fuman ahora).
El Llibre Blanc de las drogas del Departament de Salut, presentado la pasada primavera, apuntaba un repunte del consumo de heroína en población de 15 a 64 años de 2001 a 2003 pero un descenso, casi a la mitad, en el 2005 (la había probado el 0,5% de población). En consumo habitual, no llegaba al 0,1%, casi la mitad que en el 2003.
Sin embargo, el dato preocupante es que entre escolares de 14 a 18 años sí aumenta el porcentaje de quienes han probado la heroína: en el 2006 era del 1,1%, mayor que nunca, y el doble que en 2004. Y el consumo habitual se cifraba en el 0,8% de esta población adolescente, frente al 0.5% en el 2004 y cuatro veces más que en 1994.