Según la Fundación Secretariado General Gitano un 70% de la población adulta gitana carece del graduado en Educación Secundaria Obligatoria (ESO), el antiguo graduado escolar. En los menores de 20 años, la situación cambia, aunque la deserción escolar puede llegar hasta el 30% y son pocos los que acceden a la educación superior. Beatriz Carrillo, Presidenta de la asociación de mujeres universitarias romaníes de Andalucía (Amuradi) dice en este sentido que "el atraso en educación se debe tanto a la propia historia de los gitanos, cargada de expulsiones, como al sistema educativo, que no ha sabido incorporarnos".
La asociación estima que sólo el 1% de los 650.000 gitanos que se calcula que viven en España estudia en la Universidad. El 80% de esos alumnos son mujeres. "Esto se debe a que como motor de nuestro pueblo, somos más conscientes de la necesidad de formarnos", asegura Carrillo. "A diferencia de los hombres, a las mujeres nos es difícil empezar a estudiar, romper con las barreras que nos lo impiden, pero, una vez que hemos comenzado, no lo dejamos, somos muy constantes", añade Irene, la hermana de Guru. Estos datos de gitanos universitarios proceden de un estudio sociológico que la Junta de Andalucía hizo hace más de cinco años, los más actualizados y representativos de los que se dispone. En Andalucía viven casi la mitad de los gitanos españoles. Si no hay información precisa de esta comunidad es porque, por la ley de protección de datos, en los censos no se puede clasificar por etnia y toda la información se ha tenido que obtener mediante estudios sociológicos.
Guru cuenta que en su época universitaria era la única estudiante romaní en la Universidad de Salamanca. Su carrera, Trabajo Social, es una de las preferidas de las estudiantes gitanas que, al tratar de superarse, cambian sus actividades tradicionales como venta ambulante, recogida de chatarra o faenas agrícolas. La mayoría de las gitanas que se prepara opta por ser mediadora social o por trabajar en la hostelería, aunque el espectro se va amplio. "Hace poco, cuatro mujeres hicieron un curso para trabajar manejando grúas de construcción", relata Guru, que trabaja en estos programas. Cree que el cambio de ocupación es "forzoso", "una necesidad de reciclarse para no morir de hambre, porque las actividades tradicionales ya no dan para vivir".
Una educadora que trabaja en programas de alfabetización para mujeres gitanas, Victoria Mendizábal, asegura que el colectivo "está dando pasos de gigante". Pero en el cambio, "el hombre se está quedando atrás". En su opinión, la lucha es que los gitanos encuentren trabajo. Son muchos los estereotipos que pesan sobre ellos, según esta educadora. "La mayoría no son ladrones, ni sucios, ni vagos, sino gente respetuosa, cariñosa y honrada, aunque, hay que decirlo, sin cultura de trabajo", afirma. La realidad es que al final "se colocan muy pocos". A juicio de Mendizábal, las mujeres gitanas están en un dilema: tienen muchas ansias de libertad, pero deben obedecer a los hombres, que no siempre están de acuerdo con que ellas se superen.
Datos extraídos del texto: “Las mujeres abanderan el cambio gitano”. El País. 22/mayo/20005