1. EL DESARROLLO DE LA IDENTIDAD DE GÉNERO: UNA APROXIMACIÓN
CONCEPTUAL
Es muy amplio el volumen de publicaciones escritas que han estudiado cómo se construye la
identidad de género en el interior de las instituciones educativas. La razón de ello es que la escuela
constituye un marco social privilegiado, permitiendo a niños y niñas mostrarse como sujetos activos que
configuran su identidad personal a través de la interacción con sus iguales y con los adultos. Dado que la
construcción de la masculinidad (Swain, 2004) y la feminidad es una empresa colectiva, la escuela provee el
marco adecuado para que ese proceso de construcción se haga posible.
Desde esta perspectiva, el marco conceptual en el que nos movemos está de acuerdo, en lo
sustancial, con las posiciones teóricas de los estudios e investigaciones que definen la identidad de género
como un fenómeno socialmente construido, permanentemente inacabado y sujeto a las múltiples y diversas
influencias que ejercen los distintos marcos de acción dentro de los cuales las personas interaccionan en su
vida cotidiana (Connell, 1995, 1998; Davies , 1993, 1994, 1997; Davies & Banks, 1992; Golden, 1996;
Hallden, 1997; Jones, 1997; Jones, 1996; Jordan, 1995; Nilan, 2000; Swain, 2000; Volman & Ten Dam,
1998, Walkerdine, 1990). En consonancia con estas ideas se ha visto la necesidad de analizar las diversas
estrategias que las personas ponen en juego para acomodarse, pero al mismo tiempo resistir, a los
patrones de género establecidos por el orden social. En suma, se hace perentorio acabar con la imagen de
una identidad de género fija e inmóvil, de modo que esta se posiciona y reposiciona continuamente a través
de las prácticas discursivas.
Sin embargo, hemos de matizar que también compartimos las críticas vertidas por Francis (1999) a
los intentos por transferir el marco conceptual de un “puro postestructuralismo” al ámbito de los estudios de
género. Para ella, las posiciones enmarcadas dentro de la teoría postestructuralista muestran grandes
dificultades para elaborar marcos de referencia globales que den cuenta de la pervivencia de los dualismos
de género. Si todo es múltiple, diverso y contradictorio los esfuerzos por definir modelos teóricos que
expliquen el mantenimiento del orden social de género pueden ser estériles. De este modo se mantiene que
algunos elementos de nuestra identidad pueden ser relativamente consistentes a través de las diferentes
interacciones con el entorno. Ello implica la necesidad de buscar algún tipo de consistencia de la identidad,
al tiempo que retenemos las nociones de cambio y fluidez propias de la corriente postestructuralista.
A partir de esto, y tomando asimismo como referente conceptual algunas de las ideas establecidas
por Connell (1995), consideramos que existe una masculinidad y también una feminidad hegemónica.
Nuestra propia posición apunta a la necesidad de considerar que la sociedad presiona para que niños y niñas las asuman como propias. De modo que puedan ser contemplados, no sólo por los demás sino
también por ellos mismos, como miembros aceptables dentro de los límites fijados por su cultura.
Naturalmente la complejidad y la incertidumbre marcará ese proceso, estableciéndose acomodaciones y
resistencias a los papeles de género. Al tiempo, esa identidad social deberá ser constantemente mantenida
y negociada en y a través del discurso, y de la interacción con otros y otras.
En las páginas que siguen mostramos algunas conclusiones de una investigación efectuada en el
Principado de Asturias con objeto de analizar el proceso de constitución de la identidad de género en los
primeros años de asistencia a la escuela (3-6 años), pues estos coinciden con un momento clave de dicho
proceso (Arenas, 1996; Davies, 1987, 1994; Fernández, 1996; Jacklin & Lacey, 1997; Jordan, 1995; Marsh,
2000; Rodríguez Menéndez, 2003). Acudiremos al discurso de las profesoras que imparten docencia en la
etapa de educación infantil para que estas, en su calidad de personas expertas que desempeñan una labor
diaria con niñas y niños pequeños, nos comenten si ya comienzan a manifestar diferencias
comportamentales que puedan estar marcando, de modo determinante, la constitución de su identidad de
género.

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