Los datos recogidos en una muestra de 365
varones , entre 16 y 18 años han demostrado que éstos tienen interiorizadas actitudes
sexistas: el 53,4% considera a la mujer como débil e inferior , pero desde posiciones más
indulgentes protectoras y sutiles “sexismo benévolo”.
El 23% tienen la convicción de que
la debilidad de las mujeres legitima al varón para ejercer la autoridad dentro de la
pareja.”sexismo hostil” .
Por otro lado el 35,4% está de acuerdo o muy de acuerdo con
actitudes que justifican, niegan o minimizan la violencia contra la mujeres. Y el 72% tiende
a justificar dicha violencia achacándola a la locura, al paro o a las drogodependencias,
frente al 72% de las chicas que la achacan a causas sociales. De cualquier modo el riesgo es
alto ya que el 24% de éstas no detecta el “sexismo hostil” y el “benévolo” no lo identifica el 43% [1]
Por su parte el estudio realizado durante cuatro años (1998-2000) entre 480 jóvenes de 14 a
18 años por un equipo de expertos en psicología de la Universidad Complutense de Madrid, llega a la conclusión de que uno de cada cuatro adolescentes tienen opiniones claramente
discriminatorias. El 35% participa de los estereotipos y reparto de roles tradicionales. En
cuanto a la violencia del varón hacia la mujer sólo la repudia el 52% de chicos frente al
85% de chicas. El 31% del total no sabe nada sobre los movimientos feministas y mujeres
que hayan destacado en ese ámbito. En una horquilla entre el 31% y el 65% no pueden
mencionar a ninguna mujer destacada a lo largo de la historia y relacionada con la ciencia ,
el arte o la política. Por último el 99% no sabe lo que es la democracia paritaria.
Todo ello es el caldo de cultivo en el que aparece la violencia contra las mujeres, pues en
ese contexto no se les proporcionan a los jóvenes los mínimos elementos que les alejen de
la posibilidad de ejercer/padecer violencia.
Como quiera que nos encontramos ante un fenómeno que vulnera la mayoría de los
derechos fundamentales tal como especifica el estudio sobre “la violencia doméstica contra
las mujeres” del Defensor del Pueblo (1998): el derecho a la vida, a la integridad física, y
moral, a la dignidad, seguridad, libertad e igualdad. Tras la realización del mencionado
estudio, me permito sugerir aquí , y como una segunda etapa , que las distintas Defensorías
en virtud de las competencias que tienen asignadas, establezcan un plan común de
prevención para adolescentes y jóvenes en colaboración con las instituciones educativas
entre otras y asociaciones de mujeres expertas como recomienda la resolución A-4-
02250/97 de la Unión Europea.
Con dicho plan se contribuiría , sin duda, por parte de las Instituciones que representamos
a la eliminación de estereotipos y a mitigar el riesgo de ejercer / padecer violencia de
género, a la vez que alentaría un tratamiento de la violencia de género más profundo y
menos mediático del que tiene en la actualidad , que conlleva un elevado nivel de
banalidad y simplificación.
Texto:completo en PDF
