Aula Intercultural ha pedido a Antonio García Santesmases que nos hable de su último libro Laicismo, agnosticismo y fundamentalismo Biblioteca Nueva, Madrid, 2.007.
La primera pregunta se refiere a la virulencia que provoca el tema del laicismo en nuestra sociedad. En tu libro dices que el laicismo tiene “mala prensa”. ¿Por qué?
Respuesta: En España no hay más que observar la campaña de la Conferencia Episcopal para captar la magnitud del desafío ante el que nos encontramos. Se le achacan al laicismo unas experiencias históricas con las que no tiene nada que ver. Por un lado se pretende equiparar el laicismo con el marxismo-leninismo y plantear que todo aquel que esté en contra del totalitarismo debe abominar del laicismo. Por otro lado, paradójicamente, se insinúa que es el laicismo el responsable del vacío moral al que conduce la posmodernidad. En un caso se le acusa de imponer el ateismo desde el Estado, en otro de no ser capaz de llenar de contenido la vida moral y propiciar lo que denomina Ratzinger la dictadura del relativismo.
Ante esta doble acusación me parecía esencial deslindar los campos y aclarar los conceptos. El laicismo republicano defiende un papel activo del Estado a la hora de configurar un sentimiento nacional. Ese papel activo no se puede confundir con el totalitarismo ni con el ateismo. Al nacer y vivir en democracia el laicismo es absolutamente respetuoso con la libertad de creencia, con la libertad religiosa y de culto y con el pluralismo moral, pero considera que la forma de evitar tanto el individualismo atomizador como el comunitarismo petrificado se cifra en asegurar una escuela pública donde se logren superar las diferencias particularistas y se pueda alcanzar un sentido de ciudadanía.
Pero esa pretensión del Estado de propiciar una educación para la ciudadanía es la que es contestada duramente por la Conferencia episcopal española que está llamando incluso a la objeción de conciencia de padres y profesores para hacer que fracase esta asignatura.
Respuesta: tienes razón en mostrar lo difícil que es lograr que en España avance el laicismo. En la historia de nuestro país el intento más serio de lograr una legislación laica es el que se produce en la segunda república. La victoria del nacional-catolicismo en la guerra civil va a identificar el laicismo como el responsable último de una cadena que comienza con el laicismo sigue con el liberalismo, el republicanismo, el socialismo y concluye en la necesidad de extirpar del cuerpo social todas estas ideas “disolventes” que amenazaban con corromper a la nación española.
Ha costado mucho recuperar esa memoria histórica que los vencedores quisieron exterminar y que sus seguidores siguen hoy defendiendo implacablemente.
En un país con una sólida cultura democrática sería imposible dudar de la necesidad de crear una formación moral que nos permita hacernos cargo de la pluralidad cultural de sociedades cada vez más complejas; sólo así podremos fomentar la tolerancia y combatir el racismo y la xenofobia. La escuela no lo puede todo pero sin la escuela no es posible evitar el crecimiento de los fundamentalismos.
Perdona pero no me queda clara la explicación. ¿Por qué esa virulencia de la conferencia episcopal?
Respuesta: creo que tiene que ver con lo que ellos llaman los peligros del efecto Zapatero. No pueden aceptar que sea en la “Católica España” donde se haya producido la legalización del matrimonio homosexual. Creen que es un ejemplo perturbador para el Sur de Europa y para América Latina y están dispuestos a articular una estrategia beligerante que permita acabar cuanto antes con el gobierno socialista.
¿Qué habría que hacer en esta situación?
Respuesta: Seguir defendiendo la necesidad de una educación para la ciudadanía para todos los alumnos y propiciando un estudio laico del hecho religioso. Creo que ha llegado el momento de renegociar los acuerdos con la Santa Sede y acabar con la enseñanza confesional de la religión en la escuela pública. No me parece acertado el modelo actual. Ni la transversalidad es suficiente (y de ahí la necesidad de una educación para la ciudadanía) ni es buena la situación actual donde al alumno sólo le cabe elegir entre aceptar la enseñanza confesional o caer en la más supina ignorancia. Debemos buscar el camino que permita que todos los alumnos conozcan la diversidad de religiones y de culturas para hacerse cargo del mundo en el que todos vamos a tener que vivir en el futuro.
¿Qué piensas de los debates que se están produciendo en Francia acerca de la necesidad de una laicidad incluyente?
R: creo que tiene mucho que ver con todo lo ocurrido desde el 11 de septiembre del 2.001. Los atentados terroristas de Nueva York, de Madrid, de Londres o de Casablanca, muestran que existe una lectura fundamentalista de la religión islámica que lleva a algunos fanáticos a la inmolación como “mártires” y a la muerte a miles de inocentes. Es tarea de la escuela explicar por qué se produce esa deriva irracional y por qué sin embargo, estamos a tiempo de prevenirla, encauzando la pluralidad hacia la convivencia. Hay que evitar los estereotipos y la simplificación.
Nos va a costar construir una identidad compleja; somos una nación plural, pero tenemos una Iglesia católica beligerante en contra del laicismo y llevamos siglos de uniformidad y de persecución del disidente.
Tenemos que aprender de la experiencia europea y comprender que la solución no está en el multiculturalismo y en la defensa acrítica de las diferencias. Hay que partir de la multiculturalidad como un hecho real y propiciar una laicidad incluyente que permita distinguir el espacio escolar del espacio público. Soy partidario de una Escuela pública y laica pero también lo soy de una vida pública donde se visibilicen las diferencias religiosas. Me parece que la experiencia francesa muestra los peligros de una cultura que recluya en lo privado las creencias religiosas. Al final estas aparecen de una forma clandestina, violenta e incontrolada.
Una identidad compleja permite aceptar la pluralidad y evitar el racismo y la xenofobia. Para ello es imprescindible comprender que nosotros ya somos ellos y ellos son parte de un nuevo nosotros. Sin ese intercambio, sin esa interpelación, sólo crecen los miedos, las inseguridades, y crecen los esfuerzos por evitar la mezcla y preservar una pureza cultural que es inviable.
Me da la impresión que este tema del laicismo remite continuamente a otros temas de tipo filosófico o político.
R:Esa es mi tesis y por eso el libro se llama Laicismo, agnosticismo y fundamentalismo. Remite al choque entre los dos fundamentalismos que hoy presiden la escena internacional. Al fundamentalismo islámico al que ya me he referido y al fundamentalismo norteamericano que preside la época de la administración Bush.
Frente a esta mezcla peligrosa entre religión y política el mundo europeo se queda perplejo al observar que se le reserva un lugar de convidado de piedra en un conflicto donde se le pide que secunde la política norteamericana pero que no la condicione. Eso sí sufriendo todas las consecuencias de una política imperial que está incrementando los focos del extremismo violento. Por eso digo en el libro que una de las tareas esenciales del laicismo es evitar el choque entre las civilizaciones.
7) Y la referencia al agnosticismo ¿a qué es debida?
De la misma manera que se acusa al mundo europeo de debilidad, de incapacidad de entender el mundo internacional, de vivir en una nube pacifista, y filantrópica sin comprender que la violencia es una realidad y que el mundo en que vivimos es inexorablemente hobbesiano; de la misma manera se acusa al laicismo de reivindicar un pensamiento débil, de partir de un agnosticismo insustancial, de propinar una dictadura del relativismo. He querido mostrar en la segunda parte del libro que esa acusación no corresponde a la realidad, que los grandes agnósticos, fueran Bertrand Russell, Enrique Tierno Galván o Max Horkheimer si defendían valores y no eran nada relativistas. Lo que no pensaban es que si Dios ha muerto todo está permitido o que era imposible fundar una moral autónoma sin apoyo de la religión.
Mi tesis es que el agnosticismo es la filosofía que permite conectar mejor con el laicismo. Pero ésta como sabemos es una opinión personal. Otros optan por el ateismo y otros muchos por la creencia. Lo importante es que agnósticos, ateos o creyentes sepamos encontrar los puntos que nos unen y nos permitan defender lo mejor del legado ilustrado en este mundo tan difícil, tan complejo y tan lleno de peligros en que nos ha tocado vivir.
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Antonio García Santesmases(1.954) es profesor titular de filosofía política en la UNED. Ha sido durante muchos años portavoz de la corriente Izquierda socialista. Entre sus publicaciones podemos destacar: Marxismo y Estado( 1.986); Repensar la izquierda( 1.993); Reflexiones sobre el agnosticismo( 1.994); y Etica, Política y Utopía(2.001). Su ultima publicación es la obra Laicismo, agnosticismo y fundamentalismo sobre la que versa esta entrevista.