El ocio como realidad educativa. La experiencia de la Fundació Pere Tarrés
Las actividades de ocio se convierten en potentes agentes socializadores debido, por una parte, a ese aumento de horas dedicadas y, por otra, a la cierta desresponsabilización de los agentes tradicionales. En la adquisición de valores y modelos de conducta tiene cada vez más peso todo aquello que tenga lugar en el tiempo libre.
El tiempo libre en la sociedad actual
El ocio ya no es sólo un privilegio exclusivo de las élites minoritarias, sino que se ha convertido en un fenómeno social que afecta a la inmensa mayoría de la población. En nuestra sociedad postindustrial se produce además, un aumento cada vez más significativo del tiempo libre, tiempo que ya no se dedica únicamente al descanso por el trabajo realizado. El individuo necesita dedicar también una parte importante de tiempo a satisfacer otras necesidades, como la diversión y el desarrollo personal.
Actualmente se produce una fractura entre el tiempo de trabajo y estudio, muy desvalorizado en muchos casos, y el tiempo de ocio, sobrevalorado en la mayoría. El trabajo se convierte en un medio para obtener un dinero para gastar en el ocio. Como afirman Josep M. Puig y Jaume Trilla “el trabajo es cada vez menos fuente de realización humana y de creatividad individual y colectiva. La degradación a la que está sometido ha generado absentismo y desinterés” [1]
En cambio, las actividades de ocio se convierten en potentes agentes socializadores debido, por una parte, a ese aumento de horas dedicadas y, por otra, a la cierta desresponsabilización de los agentes tradicionales. En la adquisición de valores y modelos de conducta tiene cada vez más peso todo aquello que tenga lugar en el tiempo libre.
El tiempo libre para los jóvenes es un espacio privilegiado para la construcción de su identidad. Es el tiempo en que se transmiten y experimentan más normas de conducta y valores, la sociedad en general se convierte en punto de referencia para definirse. A la pregunta ¿tu que eres?, deja de ser una respuesta mayoritaria el oficio que se ejerce. La identidad hoy, a diferencia de lo que ocurría en la sociedad industrial, ya no se construye únicamente en función del trabajo o estudios, sino a partir de todo aquello que pasa en el tiempo libre.
El tiempo libre cobra importancia por tratarse del lugar donde se puede ser realmente uno mismo, teórica o potencialmente. El ocio se convierte en un espacio de experiencias significativas en el que los jóvenes son los únicos responsables de lo que hacen. Es en las actividades de tiempo libre donde pueden ser protagonistas, donde pueden actuar y asumir responsabilidades y no ser simplemente espectadores, por lo tanto, son las más significativas a efectos socializadores.
Los nuevos agentes socializadores de la infancia y juventud
Nos encontramos ante una significativa reducción de las actividades productivas de la infancia y juventud. La escuela y el ocio, cada vez más organizado, se convierten en responsables principales del contenido en esta etapa de la vida. Con el acceso de la mujer al mercado laboral se viene produciendo un cierto proceso de desfamiliarización, es decir, las funciones atribuidas tradicionalmente a la familia y especialmente a la mujer (tiempo libre, juegos, alimentación, refuerzo escolar...), ahora las realizan otros agentes.
Ante este cambio de paradigma respecto a las tradicionales instituciones con carga educativa sobre los niños/asy jóvenes de nuestra sociedad, ganan peso todos aquellos agentes que desarrollen su actividad en el tiempo libre. Nada de lo que ocurra en cualquiera de las posibilidades de ocio es neutro, todo comporta la transmisión de modelos de conducta y actitudes.
Distinguiríamos los siguientes elementos socializadores:
1 La agenda extraescolar
Hoy en día nuestros menores y adolescentes cuentan con una agenda muy repleta de actividades extraescolares: inglés, informática, música, etc. Existe entre los padres, y la sociedad en general, una concepción “puritana”del tiempo en el sentido de querer aprovecharlo al máximo. El tiempo libre se concibe de este modo como una prolongación de la enseñanza, como algo a lo que se debe sacar rentabilidad. Los padres matriculan a sus hijos en este tipo de actividades para que sean más competitivos en su futuro profesional, hecho que resta mucho tiempo para otras actividades propias de la edad y necesarias para un armónico crecimiento (juegos, relación social,...). Además, este fenómeno se potencia al máximo cuando coincide con otro, el descenso de la natalidad, es decir, el niño/a ya ni siquiera tiene en casa hermanos con los que jugar.
Por otro lado, hay que decir también que este tipo de actividades cumplen una función importante en nuestra sociedad, la de “parking” o “guardería”, en la misma línea de la labor que ejercen muchos abuelos y abuelas. Los padres, ambos incorporados al mercado laboral e inmersos en un acelerado ritmo de vida, requieren de los servicios de terceros para el cuidado de sus hijos.
2 La industria del ocio
La generalización del tiempo libre ha provocado la aparición de una industria muy potente asociada. Como afirma Carles Armengol “la consecuencia de la democratización nos conduce a la irrupción de los mecanismos industriales al mercado del tiempo libre. El ocio está inmerso en la cadena producción-consumo; el tiempo libre mueve dinero y se le atribuyen las mismas leyes del mercado económico: producción a gran escala y a bajo precio, regulación por la oferta y la demanda, márqueting publicitario, etc. Parece que consumir es la única manera de estimular la producción: trabajo y tiempo libre se cierran en un mismo círculo: el consumo de productos tecnificados es, hoy en día, uno de los aspectos más significativos del ocio” [2].
Pasear por un centro comercial, comprar alguna prenda de moda, cenar en un restaurante de comida rápida y ver una película en un cine “multisalas” es un itinerario de actividades muy habitual entre los jóvenes de nuestro país porque la oferta actual de ocio está dominada por la lógica del consumo.
Este tipo de vivencia del ocio es individualista, pasivo, poco participativo y solidario, por lo que a menudo es un tiempo alienante y deshumanizador. Y este fenómeno es totalmente contrario a la esencia de la definición del ocio, como aquel tiempo liberador y enriquecedor. Las industrias de ocio, diversión y descanso corren el peligro de limitar la libertad individual, de manipular ideológicamente, de potenciar la incomunicación social.
Existen una serie de elementos que funcionan como estabilizadores emocionales de los jóvenes y que contribuyen a la formación de su identidad, elementos, por otro lado, en alguna medida necesarios en un momento de maduración psicológica. Los adolescentes buscan diferenciarse de la “normalidad”, ser únicos y “auténticos”, construyen su identidad por oposición a otros adolescentes y esa diferenciación la encuentran muchas veces en la indumentaria y en las actividades de tiempo libre. La dificultad para encontrar modelos válidos a partir de los que formar la propia personalidad crea la necesidad de identificarse con alguna cosa (objetos de consumo) o con algún otro joven. Esta es la base de les tribus urbanas [3].
Algunos de estos elementos a los que el joven se aferra son: la música, la moda y objetos de consumo, las actividades de ocio, los espacios propios, etc. Estos elementos no están exentos de la sociedad de consumo y como tales, en contra de lo que los jóvenes creen, uniformizan más que no individualizan. En realidad no es mas que una homogeneización sobre la cual no se tiene consciencia. Se trata pues de una falsa creencia de libertad cuando la única opción de elección está en título de la película de acción que se va a ver, eso sí, entre una amplia cartelera.
Independientemente del nivel económico los adolescentes y jóvenes de nuestra sociedad están inmersos en ese consumismo feroz que funciona como indicador de estatus. El tiempo libre, pese a ser un espacio común a todos, no es un espacio de igualdad. Es en las actividades de ocio donde se perciben claramente las diferencias socioeconómicas.
Resumiendo, esta lógica consumista lleva implícita también la transmisión de normas y modelos de conducta (individualismo, pasividad,...) y, además, comporta en muchos casos frustración porque hay un exceso de expectativas y de estímulos que a partir de un momento dejan de ser significantes para el joven.
3 La televisión y las nuevas tecnologías
Otro tipo muy frecuente de vivencia del tiempo libre entre nuestros menores y jóvenes es lo que podríamos llamar el “ciberocio”. Concepto que englobaría a la televisión, los videojuegos, o las múltiples posibilidades de distracción que ofrece internet. Gran parte del tiempo libre se dedica a un tipo de actividades vicariales o mediatizadas que substituyen la experiencia real.
Sue Aran define la televisión metafóricamente como ‘canción de cuna’. Aran cree que “en un modelo social occidental como el nuestro, claramente competitivo, al fin de la jornada a la televisión se le pide que capitalice nuestro tiempo de ocio a través de una dosis letárgica o estimulante de evasión. Habitualmente, la televisión se constituye en una alternancia de estos dos estados, del catatónico al catárquico” [4].
El peligro de todo estos medios es que se conviertan en substitutos de la vida, en lugar de instrumentos que nos den acceso a realidades diversas, reales y imaginadas. La televisión y los otros medios son nocivos cuando impiden permanentemente las relaciones personales y eliminan las posibilidades comunicativas ante su presencia (compartir la emoción del relato, el comentario sobre su contenido, etc.).
El “ciberocio” es necesario también para el niño/a y adolescente porque tiene una función liberadora (como los cuentos), alimenta la fantasía, desarrolla los sentidos, sirve de evasión, es marco de referencia de conversaciones, etc. Los medios de comunicación son un instrumento básico para comprender la realidad, para formarnos opinión y posicionarnos sobre los hechos que no hemos visto y que de otra forma nunca podríamos conocer. Se trata de potentes recursos para el desarrollo individual y colectivo pero sólo si se dispone su utilización para este fin.
El acceso a experiencias vicarias o mediatizadas no tiene por qué ser negativo si no supone una anulación de las experiencias directas, es decir, que la representación no substituya el contacto directo con la realidad. Cuando la televisión o internet son la única fuente de conocimiento de la realidad, tienen mucho poder porque el menor elabora la concepción del mundo sólo a partir de ellos, hecho que supone la aceptación pasiva de una mediación sin posibilidad de interacción.
Afirma Aran que “lo más peligroso de la televisión no es el hecho que ocupe un espacio principal de la geografía doméstica. Lo más peligroso de la televisión es cuando domestica nuestra geografía de tal manera que nuestro espacio vital queda acotado y encuadrado en los límites de la experiencia televisiva. La televisión es peligrosa cuando ocupa de una manera exclusiva nuestra atención, cuando reduce nuestra mirada periférica, los 180 grados de la visión humana, a un haz unidireccional que hace desaparecer el entorno” [5]. Pero este fenómeno, la exclusividad de estímulos, es igual de peligroso tanto si se trata de la televisión como de otra actividad (dedicar la atención únicamente a la lectura, por ejemplo, podría ser también negativo para el niño).
Por otro lado, hay que tener en cuenta el hecho probado que los efectos de los medios de comunicación son graves en determinadas persones y en determinadas circunstancias pero no hay que olvidar que intervienen muchos otros condicionantes culturales y psicológicos. Los efectos se matizarán en función del propio bagaje y formación, por lo tanto, se acentúan las diferencias.
Tal como dice Salvador Cardús, “si realmente quiero proteger a mi hijo, me tengo que asegurar que tenga más - y no menos - acceso a este nuevo mundo cultural y tecnológico” [6]. Lo que no podemos hacer es esconder esta realidad de la experiencia de los menores porque el código audiovisual es y será cada vez más el hegemónico entre las nuevas generaciones.
Las nuevas tecnologías no deben ser un “canguro” pero tampoco hay que demonizarlas. Se trata de vigilar que el niño/a no pierda el juego, la convivencia con los amigos y hermanos, los espectáculos teatrales infantiles, el deporte, los clubs de tiempo libre, la calle, etc.
4 Las actividades de educación en el ocio
El último gran agente socializador que actúa en el tiempo libre de los menores y jóvenes es lo que en Cataluña conocemos como centros de “esplai” u otras actividades de educación en el ocio. La institución que represento, la Fundació Pere Tarrés, es pionera en este tipo de actividades que pretenden hacer del ocio un tiempo de educación.
La educación “en”el ocio se basa en una concepción de este tiempo como “actitud”que excede los límites temporales de la actividad, a diferencia de lo que sería la educación “del”ocio, como aquel tipo de actividades únicamente lúdicas o evasivas. No se trata de lugares especializados en enseñar o en realizar actividades para llenar el tiempo libre sino de centros que tratan de educar global y integralmente a los menores y jóvenes, es decir, priorizan la relación educativa sobre la actividad misma. El ocio vivido como actitud traspasa a cualquier faceta de la vida del ser humano, trasciende a las otras esferas de la vida transformándola globalmente.
El sociólogo francés Dumazedier unificó diferentes definiciones del concepto de ocio en una de muy amplia y que nosotros tomamos como referencia: “Conjunto de ocupaciones a las que el individuo puede librarse de manera totalmente voluntaria, ya sea para descansar, para divertirse, para desarrollar su información o formación desinteresada, su participación social voluntaria, una vez se ha liberado de sus obligaciones profesionales, familiares y sociales.” [7]
Descanso, diversión y desarrollo son las famosas “tres D” que compensan las limitaciones del tiempo de trabajo.
Las actividades de educación en el ocio son espacios temporales, generalmente los sábados por la tarde y en los periodos de vacaciones escolares, en los que los menores y adolescentes viven, a través de múltiples acciones, experiencias significativas para su desarrollo personal.
La vivencia del tiempo libre se convierte en creativa, participativa y enriquecedora. El ocio adquiere sentido y significado que extrapola a los otros ámbitos de la persona. Esta oferta de ocio alternativo al consumismo va más allá de la diversión y entretenimiento, aunque también cumple esa función, y acompaña a sus participantes en su proceso de construcción de la personalidad. La educación en el ocio no enseña únicamente a realizar actividades sino que fundamentalmente transmite valores, actitudes, hábitos, etc.
La dinámica de funcionamiento de los clubs de esplai se articula a partir de los siguientes elementos:
LAS ACTIVIDADES
Juego, deportes, talleres de manualidades, fiestas, excursiones, la naturaleza, plegarias, la misma convivencia cotidiana... son algunas de las actividades que se realizan en los esplais. Generalmente se agrupan de forma coherente a través de un “centro de interés”, de un tema que sea motivador y que facilite la comprensión global. Se trata de medios educativos a través de los cuales conseguir unos objetivos fijados anteriormente. Pese a ser la base principal, no son más que una buena “excusa”para tratar habilidades y técnicas, pero también valores y actitudes como la convivencia, la participación, el diálogo, el servicio, la responsabilidad, el espíritu crítico, etc.
La estructuración del presente Congreso Mundial de Ocio en cinco dimensiones nos parece muy acertada y creemos que la labor de los clubs de esplai incluye, modestamente, a todas ellas. La dimensión lúdica está presente en el juego y el deporte; la dimensión creativa del ocio la encontramos en los talleres de arte, de expresión, de música, etc. y en la propia autogestión y organización de las actividades; la dimensión festiva se manifiesta en la celebración de las fiestas tradicionales catalanas, ya sea participando en la comunidad o organizándolas internamente; la dimensión ambiental-ecológica se trabaja a través de las excursiones a la naturaleza, la relación con el entorno natural y la experimentación de los valores ecológicos en cualquiera de las actividades; y, por último, la dimensión solidaria, podríamos decir que la esencia de nuestra acción: el voluntariado comprometido con un proyecto educativo y transformador del entorno.
Las actividades son la metodología básica para educar. En definitiva, de forma inductiva y vivencial a través del juego y las demás actividades los menores y jóvenes experimentan por si mismos los valores y elaboran racional y autónomamente sus propios criterios.
Es importante mencionar la importante tarea que se produce antes y después de cada una de las actividades, es decir, para que la realización sea exitosa es necesaria una buena planificación y preparación y, posteriormente, una buena evaluación de la acción educativa. Por todo ello, la actividad, propia de los sábados por la tarde, se extiende para los monitores durante la semana.
EL GRUPO
En los esplais a vivencia del ocio no es individual, sino compartida. El grupo es un gran elemento de crecimiento y maduración personal y social. Por un lado, es un buen medio para definirse y conocerse uno mismo porque estimula el proceso empático y favorece el desarrollo de la personalidad y, por otro, es un buen medio de información sobre el mundo exterior porque ayuda a adquirir un rol en la sociedad. En el grupo el joven puede compartir vivencias, experiencias, ilusiones, el propio momento evolutivo, etc.
El ocio compartido en un grupo de esplai es un encuentro entre iguales que posibilita un marco privilegiado para la construcción de la identidad y la adquisición de comportamientos éticos como la colaboración, la tolerancia, el espíritu de servicio, la responsabilidad, el esfuerzo, etc.
EL EQUIPO DE MONITORES
Un grupo de jóvenes, generalmente exparticipantes de los mismos esplais, se encargan de organizar y dinamizar las actividades. La Generalitat de Catalunya exige un número mínimo de personas con la titulación de monitor y director por lo que muchos de ellos ya disponen de la formación necesaria. Entre el equipo se distribuyen las responsabilidades y se encargan de impulsar el proyecto.
La característica de este equipo es, en la mayoría de casos, el altruismo. Se trata de jóvenes voluntarios comprometidos con el proyecto de la educación en el ocio que dedican muchas horas de su tiempo libre a preparar, realizar y evaluar actividades para menores. Diferenciaríamos un matiz importante entre “hacer”de monitor y “ser”monitor, en muchos casos los educadores de los centros son monitores porque hay una opción, vocación o compromiso detrás.
Los educadores, además de ser responsables de la gestión y de la acción educativa, son también personas próximas a los menores y adolescentes, hecho que les convierte en adultos de referencia. Conscientes de una parte de ese “espejo”sobre el que elaborar su identidad, los monitores se encargan de acompañarles individual y colectivamente en su proceso y de realizar un trabajo positivo de orientación de la personalidad.
Ahora bien, podemos decir que la labor educadora también se ejerce sobre ellos mismos, es decir, los propios monitores a través de su acción están recibiendo elementos socializadores muy enriquecedores para su desarrollo. Participar como educador en los centros posibilita a los jóvenes introducirse en la sociedad adulta, implicarse en la realidad inmediata, sentirse parte integrante de su tiempo, concienciarse de los problemas de su entorno, construir su escala de valores a partir de la interelación con otros compañeros y con los propios menores, protagonizar pequeñas transformaciones sociales, adquirir habilidades sociales que difícilmente experimentarían en otros contextos (iniciativa, espíritu crítico, trabajo en equipo, hablar en público, asumir responsabilidades...).
LA INSTITUCIÓN
Los clubs de esplai ofrecen una opción de vida concreta que pasa por una escala de valores. Los centros disponen de un ideario que refleja el modelo de persona y sociedad sobre el que se pretende educar y a partir de él, se elaboran objetivos más concretos sobre los que desarrollar las actividades. En definitiva, las actividades finales deben intentar responder a los objetivos fijados. La educación en el ocio quiere ser transformadora de la realidad, quiere potenciar el desarrollo humano en dos dimensiones, individual y colectivamente.
Sobre la dimensión personal de este tipo de educación ya hemos hablado anteriormente: ayudar a que los menores se hagan adultos dándoles las herramientas para que construyan libremente su personalidad a todos niveles. La dimensión colectiva es una acción más política que se traduce en una voluntad transformadora de la sociedad a partir del contexto más próximo. Los centros son también plataformas de detección de situaciones sociales injustas que se implican en el barrio o ciudad donde intervienen, es decir, su labor va más allá de las paredes del local, convirtiéndose en agentes de transformación social, a través de la acción individual de los propios participantes o de iniciativas propias.
El ideario pretende combatir la ideología reinante y los valores que se desprenden del entorno cultural y que los menores y adolescentes, a partir de metodologías empáticas, creen sus propios juicios de valor y finalmente, traspasar las fronteras del centro y plasmar su acción en un compromiso ante la sociedad. Para educar la personalidad moral creemos necesaria la existencia de un clima moral institucional que sea aceptado por los monitores porque, en definitiva, los valores no se enseñan, se viven y, en este sentido, los monitores son modelos de referencia en su actividad diaria para los menores.
La flexibilidad de los centros permite incorporar o eliminar nuevos objetivos en función de las necesidades de cada momento. Así, por ejemplo, las actividades se pueden adaptar perfectamente a las nuevas realidades sociales (la diversidad cultural, los problemas del barrio, la anorexia...).
Resumiendo, creemos que la educación en el ocio, aunque cuantitativamente ocupe pocas horas en la vida de los menores, cualitativamente es un espacio ideal para la adquisición de normas y modelos de conducta. Los centros de esplai están libres de la carga institucional que conlleva la escuela, el trabajo e incluso la familia. El menor y el adolescente acuden libremente por lo que todo lo que allí se desarrolle, tanto en los momentos programados como en los que no lo están, tendrá un enorme poder socializador.
Ante la tendencia al incremento del tiempo libre, creemos importante este tipo de no formal porque no instruye prioritariamente para el trabajo, sino que trata de formar para toda la vida del ser humano y para el ocio futuro. Es necesario trabajar las potencialidades que ofrece el tiempo libre como son la libertad, la autonomía o la creatividad. Además, la educación en el ocio debe hacer de puente con la sociedad, debe procurar integrar los valores culturales dominantes a la vida cotidiana de los menores para favorecerles un desarrollo de la personalidad armónico. Hay que trabajar para conseguir una educación integral a partir de incorporar los valores que se desprenden de los otros agentes socializadores antes mencionados. En definitiva, hay que potenciar en los menores y adolescentes una vivencia del ocio que de sentido al resto de la vida, que vincule el individuo a su comunidad, que aporte los elementos básicos para enfrentarse a la vida de una forma libre, plena y enriquecedora, que los haga protagonistas de su vida y no simples espectadores.
El reto está en saber adecuar nuestras intervenciones a la realidad de cada menor a partir de sus necesidades, en conectar las intenciones educativas a les actividades a través de su propio lenguaje, estética y ritmo y no del nuestro.
La Fundació Pere Tarrés
Fundació Pere Tarrés es una organización no lucrativa creada por la Archidiócesis de Barcelona para impulsar y fomentar la formación, la cultura, la vida asociativa, los servicios y el desarrollo comunitario y, especialmente, la animación sociocultural y la educación social.
La institución está gestionada un patronato nombrado por el Arzobispado de Barcelona y se financia a través de subvenciones públicas y privadas, de sus propios servicios y de las cuotas por sus servicios. Está reconocida por el Ministerio de Cultura y homologada y autorizada por la Generalitat de Catalunya.
La Fundació debe su nombre al médico, sacerdote y dirigente de la Federación de Jóvenes Cristianos de Catalunya, el Dr. Pere Tarrés. La institución quiere seguir su labor, sobre todo en lo que se refiere a su preocupación por los adolescentes, jóvenes y los más débiles. El trabajo de la Fundació encuentra su sentido en tres pilares:
. Jesucristo, la pertenencia eclesiástica, el carácter laico y la voluntad evangelizadora
. la misión educativa
. el compromiso con la lengua y cultura propias de Cataluña y el diálogo intercultural
Un poco de historia
En Cataluña existe una larga tradición en actividades de educación en el ocio. Antes de la guerra civil ya se tiene constancia de miles de participantes en colonias de verano. A partir de 1953 la iglesia de Barcelona empieza a introducir esta práctica.
Acción Católica organizaba acciones para menores y adolescentes, enfatizando más la educación humano-cristiana que la actividad lúdica, y fue Cáritas Diocesana quien creó en 1957 el Secretariat de Colònies. Esta institución fue la primera que promocionó la formación entre los educadores entendiendo que las colonias eran una posibilidad socioeducativa de verano para la cual eran necesarias personas preparadas.
En 1965 el Secretariat de Colònies se convierte en el Servei Colònies de Vacances, como servicio propio y específico de los centros que realizaban colonias de verano, para facilitarles la infraestructura y la formación de los monitores.
Como intento de mantener a lo largo del curso lo conseguido en las colonias de verano y como complemento a las actividades parroquiales de los sábados por la tarde nacen los clubs de esplai. En 1971 aparece la actual revista Estris como herramienta de formación permanente que recoge las experiencias de los clubs y se constituye como canal de información de actividades externas e internas a la institución. Ese mismo año se crea, también como filial de Cáritas, l’Escola de l’Esplai con un profesorado proveniente de los mismos centros y con una triple opción: pedagógica, religiosa y social.
Durante la dictadura la iglesia apoyó a reivindicaciones sociopolíticas y educativas y acogió a plataformas perseguidas por sus actividades “subversivas”. Los esplais fueron un medio ideal para llevar a cabo prácticas democráticas que equilibraran la represión y la falta de libertades. Inclus, a partir de esa experiencia, algunos monitores dejaron los centros de educación en el ocio para dedicarse a actividades políticas o de gestión.
En los 80 se experimenta un proceso de profesionalización de la función del monitor, aunque la Fundación sigue defendiendo la figura del voluntario. Defender el voluntariado no significa una menor exigencia de formación ni una oposición a los profesionales del sector, sino que se propugna la importancia del compromiso y del servicio altruista.
En 1985 se crea la Fundación Pere Tarrés para impulsar la labor de la Escola de l’Esplai y del Servei Colònies de Vacances, la federación de centros que actuaba dentro de ésta última sección se independiza en lo que hoy es el Moviment de Centres d’Esplai Cristians. En el curso 1996-97 la Escola de l’Esplai cambia el nombre por Institut de Formació para dar respuesta a las nuevas necesidades formativas.
Actualmente la Fundació se estructura en tres instituciones diferentes, cada una de las cuales centra su actividad en un ámbito distinto:
Moviment de Centres d’Esplai Cristians (MCEC)
Federación que agrupa a más de 200 centros de esplai que acogen a 17.000 niños/as y a 4.000 monitores/as.
Desde el MCEC se busca mejorar continuamente la calidad pedagógica de los centros a través de proporcionar formación, promover la cooperación entre centros, elaborar campañas temáticas y ámbitos de trabajo transversales, ofreciendo servicios y asesoramiento.
Institut de Formació
El Institut de Formació ofrece formación de calidad a voluntarios y profesionales en el ámbito de la educación social, la cultura, la dinámica asociativa, el trabajo sociasistencial y el desarrollo comunitario. Anualmente se realizan más de 400 cursos diferentes y participan más de 8.000 alumnos. El instituto cuenta con una estructura docente de 100 profesores y más 150 colaboradores. La formación que se realiza abarca todos los niveles:
1. Formación universitaria
La Fundación gestiona la Sección de Educación Social de la Facultad de Psicología y Pedagogía Blanquerna
Diplomatura Universitaria de Educación Social y másters y postgrados (Títulos propios de la Universidad Ramon Llull):
Dirección y Gestión de Organizaciones no lucrativas y de Economía Social
Intervención Social con personas con disminución
Relaciones humanas y dinámica de grupos para la intervención socioeducativa
Nuevas perspectivas para la foramción de adultos
Experto en inserción laboral
Etc.
2. Formación no universitaria
Ámbitos de desarrollo formativo:
Educación ambiental
Personas mayores
Gestión de organizaciones no lucrativas
Iniciación al voluntariado
Intervención socioeduactiva en marginación
Tiempo libre infantil y juvenil y animación sociocultural
Pedagogía y animación de la fe
3. Formación Continuada
Forcem (planes agrupados de formación que permiten la realización de formación
especializada gratuita)
Formación Ocupacional (actividades formativas para personas en paro o para el
reciclaje profesional)
Formación a medida (programas de formación específicos) - Formación a distancia
(cursos a distancia o semi-presenciales)
Servei Colònies de Vacances
Esta institución ofrece servicios educativos a los centros de esplai pero también a escuelas, y otras asociaciones. Organiza actividades en convenio con otras entidades (cada verano 5000 niños/as se benefician de ellas) y cuenta con la red de casa de colonias más grande de Cataluña. Además, gestiona pólizas de seguros, transportes, comedores escolares, etc.
Els Serveis educatius elaboran materiales pedagógicos para escuelas y casa de colonias, programas de dinamizaciones para empresas, etc.
Otros servicios
Biblioteca especializada y Centro de documentación Fondo de 14.000 volúmenes, 300 publicaciones oeriódicas, material audiovisual, bases de datos, etc.
Publicaciones
Revista Estris (catalán), 5.500 ejemplares Revista de intervención socioeducativa, Educación Social (catalán y castellano) Colección Animación Sociocultural , libros editados en catalán por la Editorial Claret y dirigida por el Institut de Formació
Servicio de asesoramiento
En convenio con la Generalitat el Institut gestiona un servicio de asesoramiento en formación y en proyectos de intervención para entidades de voluntariado y publica un boletín quincenal sobre novedades en legislación, subvenciones, formación, etc.
Bibliografía
AA.VV (1984): Tiempo libre, tiempo para educar en “Documentación Social ", nº 55, Madrid: Cáritas
Aran Ramspott, Sue (1998): Una tipologia de la violència televisiva. La responsabilitat del receptor en la construcció ètica dels mitjans de comunicació en “Trípodos” (Universitat Ramon Llull, Facultat de Ciències de la Comunicació), nº 6
Armengol, C.; Burguet, M.; Galceran, M. (1993): L’oci, un temps, una activitat, una actitud en L’Oci. Els mitjans de comunicació. Civisme a l’esport, Barcelona: Ed. EUMO-Senderi, Quaderns d’educació ètica
Costa, P.O. y Pérez Tornero, T. (1996): Tribus urbanas, Barcelona: Paidós
Cardús, Salvador (1998): La seva televisió i la nostra violència en “Quaderns”, Consell de l’Audiovisual de Catalunya, nº 2
Dumanzedier, Jofre (1968): Hacia una civilización del ocio, Barcelona: Estela Escoles de l’Esplai de Catalunya i les Illes Balears (1998): Per educar en l’esplai. L’animació d’activitats de lleure infantil i juvenil, Barcelona: Ed. Claret
Franch, Joaquim (1985): El lleure com a projecte, Barcelona: Generalitat de Catalunya, Direcció General de la Joventut Institut de Formació de la Fundació Pere Tarrés (1997): Perspectives per a les colònies i activitats de vacances, Barcelona: Edicions Pleniluni, col•lecció Animació Sociocultural.
Pedró, Francesc (1984): Ocio y tiempo libre ¿para qué?, Barcelona: Humanitas
Puig, Josep M. y Trilla, Jaume (1985): Pedagogia de l’oci, Barcelona: CEAC
Fuente: Universidad de Deusto
[1] Puig, Josep M. y Trilla, Jaume (1985): Pedagogia de l’oci, Barcelona: CEAC
[2] Armengol, C.; Burguet, M.; Galceran, M. (1993): L’oci, un temps, una activitat, una actitud en L’Oci. Els mitjans de comunicació. Civisme a l’esport, Barcelona: Ed. EUMO-Senderi, Quaderns d’educació ètica
[3] En la postmodernidad se produce el “resurgimiento de lo tribal”, en palabras de P.O.Costa i Pérez Tornero, como reacción a la racionalidad dominante. Triunfan las emociones (peleas, competiciones...) y renacen los lazos primitivos de identidad comunitaria y los elementos simples a los que amarrarse. Ante una sociedad acelerada, el desconcierto de los jóvenes les lleva a la simplificación a través de señales de identidad claras (una estética, unas normas, un líder...) que funcionan como estabilizadores existenciales.Costa, P.O. y Pérez Tornero, T. (1996): Tribus urbanas, Barcelona: Paidós
[4] Aran Ramspott, Sue (1998): Una tipologia de la violència televisiva. La responsabilitat del receptor en la construcció ètica dels mitjans de comunicació en “Trípodos” (Universitat Ramon Llull, Facultat de Ciències de la Comunicació), nº 6, pág. 119
[5] Aran Ramspott, Sue (1998): op. cit. pág. 126
[6] Cardús, Salvador (1998): La seva televisió i la nostra violència en “Quaderns”, Consell de l’Audiovisual de Catalunya, nº 2, pág. 27
[7] Dumanzedier, Jofre (1968): Hacia una civilización del ocio, Barcelona: Estela







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