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Cuando el patio es un ring

Una parodia televisiva de lucha levanta quejas de los padres por su potencial imitativo






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Por ALICIA RODRÍGUEZ DE PAZ - Madrid

En el patio del colegio Pablo Neruda de Alcalá de Henares se han acabado los golpes. En su mayoría sólo eran amagos pero, como de vez en cuando las luchas concluían de mala manera, los profesores han decidido que eso de jugar al pressing catch resulta incompatible con el buen discurrir del recreo. El programa que emite Cuatro arrastra cada fin de semana a un millón de seguidores y se ha convertido en un auténtico fenómeno entre los escolares, que no sólo compran camisetas, cromos y videojuegos, sino que pasan buena parte de su ocio reproduciendo los mamporros y llaves que ven en televisión. Parte del recreo la emplean en largas conversaciones sobre las andanzas de los populares luchadores catódicos.

Esta fiebre que sacude a los estudiantes preadolescentes de numerosos centros educativos está causando preocupación. Hace unos días los padres católicos, Concapa, y la Asociación de Usuarios de la Comunicación (AUC) acudieron al Ministerio de Industria para solicitar que el canal generalista traslade Pressing catch más allá de las 22.00 horas (ahora la emiten con notable éxito los sábados y domingo a las 15.30 horas) por considerar que sus parodias de lucha libre sólo son recomendables para el público adulto. Ceapa, la otra gran asociación de padres y madres de alumnos, ha confirmado a La Vanguardia que también se sumará a la reclamación de cambio horario.

JPEG - 21.7 KB Desde Industria aseguran que no entran a cuestionar la calificación por edades del programa (para mayores de 13 años), pero reconocen que han pedido un informe a especialistas del Ministerio de Asuntos Sociales para que valoren el posible carácter imitativo de este. "Una vez recibido el dictamen, le comunicaremos a la cadena nuestra resolución", afirma una portavoz oficial del departamento que dirige Joan Clos.

Justamente es la capacidad mimética de este programa producido en Estados Unidos lo que ha impulsado la mayoría de las quejas. "Sabemos, por ejemplo, que el otro día un chico de diez años rompió una costilla a su padre queriendo mostrarle cómo se hace una de las llaves que ven en televisión", explica José María Ruiz Trueba, de Concapa.

Más allá de algún caso de cierta gravedad, la pasión por el programa se ha hecho sentir en clase. "Durante semanas estaban ansiosos a la espera de la hora del patio para ponerse a jugar al pressing - explica Eloísa Domínguez, profesora del Pablo Neruda-. Aunque siempre decían que daban golpes de broma, siempre había alguno que se pasaba un poco o que reñía con otro compañero que no estaba dispuesto a seguirle el juego".

Desde Cuatro, se defienden de las críticas señalando que el programa es para mayores de trece años y durante la emisión en varias ocasiones advierten a los espectadores que los placajes, golpes y torsiones que se ejecutan - o hacen que ejecutan- dentro y fuera del cuadrilátero están realizados por especialistas y no deben copiarse en casa. "No engañamos a nadie", responde un portavoz de la cadena.

Este espectáculo de seudolucha libre llegó a España a principios de los noventa de la mano de Telecinco para resurgir cuando, en mayo del 2006, Cuatro la incluyó en su programación. Su éxito ha traído parejas las quejas por la posible influencia en el comportamiento de los más pequeños.

Cada fin de semana, alrededor de 200.000 escolares de cuatro a doce años disfrutan con fruición de los golpes que propinan a los musculosos Batista, Enterrador o John Cena. Suponen el 20% de los chicos y chicas de esa edad que están delante del televisor en ese momento.

A la hora de evaluar el influjo del programa, no hay una visión unánime entre los expertos consultados. Josep Tomàs, psiquiatra infantil del hospital Vall d’Hebron, señala que en una etapa de "fragilidad" como la preadolescencia no es demasiado recomendable la mezcla de violencia y espectacularidad del pressing, "que invita a pensar que se puede ser agresivo y no pasa nada". En opinión de la psiquiatra Xaro Sánchez, conviene respetar la cualificación del programa, vedado a los menores de trece años, y en todo caso "estar al tanto de lo que ven los niños". Sin embargo, considera que los padres no deben asustarse porque sus hijos se pelean. "Las conductas de agresión son algo natural en la infancia".

Que los contenidos de un programa puedan ser cuestionables no exime a los progenitores de controlar lo que hacen los pequeños, advierte el secretario general del Defensor del Menor de Madrid, José Antonio Luengo. "Si considera que se trata de un espacio inadecuado, cambie de canal o apague el televisor y, como contrapartida, ofrezca otra alternativa de ocio a su hijo".

"Ya sé que es mentira". Los menores los copian aunque distingan entre realidad y ficción

Por NÚRIA ESCUR

Adrià: "Vosotros mirabais películas de indios y vaqueros y se mataban a tiros y a flechazos" No entiende por qué sus padres no le dejan ver ese programa: "¡Vosotros mirabais películas de indios y vaqueros y se mataban a tiros y a flechazos!". Adrià tiene diez años y es estudiante de primaria. Un día su madre se sentó a su lado en el sofá para ver de qué iba ese programa que a todos les enloquece y que su hijo le anunció, para atemperar las expectativas, como una especie de lucha libre.

"Se quedó horrorizada - cuenta Adrià- pero yo no creo que sea para tanto. Los que lo vemos ya sabemos que todo es mentira, que está preparado, no somos tontos". No hubo nada que hacer. Su madre le prohibió volver a presenciar ese circo.Ni siquiera sirvió que, durante la emisión, los mismos protagonistas, con nombres tan inquietantes como el Víscera o Batista, advirtiesen a los menores: "Nunca debéis imitarnos, nosotros recibimos entrenamiento".

Pero en los patios de las escuelas se siguen viendo niños que intentan malabarismos peligrosos y reparten tortazos en la coreografía del "vale todo". Martí también tiene diez años, estudia en Sant Felip Neri y nos detalla el macromundo que rodea este fenómeno: ochenta personajes de combates, desde el Rey Misterio hasta Mister Kennedy o Enterrador; la web que visitan sus fans; el intercambio de cromos; los combates más espectaculares... "Lo que nos gusta es ver a los luchadores, cómo visten, cómo actúan.

Y aunque en el periódico dice que no lo pueden ver menores de trece años, yo creo que deberían prohibirlo sólo entre los cuatro y los diez. Además, por la tele, entre el público yo veo que hay familias".

A las niñas, en general, les trae al pairo el programa. "Es muy desagradable. Tu imagínate un ring - a veces es una jaula- y dos tipos que se miran con odio y se rompen la nariz", define con rechazo Raquel, de quince años, estudiante de tercero de ESO.

- ¿Como el boxeo?

- No, no. En el boxeo hay leyes, prohibiciones, cosas que no se pueden hacer. Aquí da igual; un día se cargarán hasta al árbitro.

Al final, un cinturón de oro. En el salón de casa, todos jalean al ganador ante los ojos atónitos de unos progenitores que no saben muy bien cómo encajar ese entusiasmo infantil por la violencia.

- Oye, Raquel, si dices que no lo miras, ¿cómo lo conoces tan bien?

- Porque aunque no me guste siento curiosidad. Da morbo.

Con Pressing catch o Smack down ocurre como con los programas del corazón, que todo el mundo dice que no los mira pero todos los han visto.

Le respondió Àlex - de once años- a su madre, cuando esta le descubrió mirando ese singular espectáculo: "Es cultura general, mamá, hay que saber de todo". Cuando la emisión coincide con la siesta del sábado, es muy difícil resistirse, apunta la madre, "a un rato de calma".

¿Cómo deben actuar los padres ante ’Pressing catch’?

Por ÀNGELS MAYOR ALAMANY ( Pedagoga de la escuela Gravi )

Kane, Enterrador, Batista, Duendecito Verde... ¿Los conocéis, padres? Son los héroes de nuestros hijos. Se caracterizan por su agresividad y su prepotencia, también saben humillar y lo mejor es que gana el más fuerte. Pero tranquilos, todo es un circo, y aunque parece un deporte se pueden hacer trampas para ganar.

Nos encontramos ante un fenómeno de gran magnitud. Los niños no lo han escogido pero lo tienen; nos han invadido en la mayoría de las casas, como en tantas ocasiones donde la publicidad absorbe a los niños. Pero no olvidemos que los niños necesitan a sus padres para obtener todo esto. Es por ello que en este artículo podríamos comentar el poder de la televisión, de la publicidad y de la influencia en las familias, ya que la decisión final es de los padres.

Muchos padres comentan: "No me gusta, son horribles, pero ¿qué tengo que hacer si a él le encantan?". Quizá también nos hace falta aquella comunicación con los hijos para ayudar en las decisiones que se van encontrando durante su infancia. Y tal vez nos dejamos llevar por la comodidad de que decidan ellos y así no discutir nada. Nos sorprendería escuchar sus opiniones, a veces llegan a ser muy buenos críticos y hacen comentarios del estilo: "Son feos, pero está de moda"; "Lo miro porque no sé qué ver en televisión"...

Las aulas son un buen lugar para hacer debates sobre estos temas, pero no olvidemos que el botón de la televisión está en casa. Hablar con nuestros hijos y potenciar el espíritu crítico es una semilla para su futuro.

Hay muchas alternativas que nuestros hijos pueden aprovechar. No infravaloremos su criterio creyendo que todo lo que les interesa es negativo y aboguemos por esta gran oferta de teatro, cine, música, deporte...

Lo que están viendo va a cargo nuestro. No podemos culpabilizar siempre fuera de casa.

Es muy fácil no entrar en este círculo, cuando en el mismo programa televisivo nos están advirtiendo: "Los niños deben ver el programa acompañados" y "No intenten imitar en casa lo que verán a continuación".

Con estas premisas, creo interpretar que los niños no están preparados para entender lo que está pasando en la pantalla. Aunque al mismo tiempo es un gran espectáculo de música, trajes y acrobacias. Ante estos avisos podemos continuar, o no, viendo el programa. Evidentemente, tampoco nos engañemos y pensemos que todos los niños que lo ven luego lo practicarán. Pero en edades muy tempranas tienden a imitar a princesas y caballeros y mezclan la realidad con la fantasía.

¿Creen que a los niños de hoy ya no les interesan los cromos de animales, juegos de chapas, cartas..., que no aportan ningún valor negativo? En una sociedad donde se agotan los juguetes de pressing catch,y en la infancia se fomentan los valores de ser el más fuerte, ¿qué futuro encontrarán nuestros hijos? ¿Qué pasará con el más débil?


Fuente: La Vanguardia




     
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