Durante los últimos años y bajo el impulso
intelectual y material de agentes nacionales
y extranjeros, el tema de la equidad de género ha motivado un amplio conjunto de acciones, entre ellas la conformación de grupos de interés o de presión que buscan crear
un marco legal específico para atender los
problemas de equidad de género, en particular de desventaja femenina, en la educación peruana.
Ahora bien, la revisión inicial de la información existente muestra, como se verá en este capítulo, que las brechas de género en cuanto al acceso y la permanencia en el sistema
educativo parecen ser un problema pasado. En
efecto, el analfabetismo adulto mayormente
femenino es resultado principal del desempeño de nuestro sistema hace varias décadas y
no de cómo se comporta ahora respecto de los
niños en edad escolar. Del mismo modo, los
niveles promedio de escolaridad lograda de la
población dan cuenta de cómo dicha brecha
empezó a cerrarse hace cerca de veinte años
para el promedio nacional, más de treinta para
las zonas urbanas y aproximadamente quince
en las áreas rurales.
Sin embargo, el tratamiento público del
tema parece desconocer estos hechos. Por
ejemplo, el documento de Teresa Tovar y Carmen María Montero, que pretende ofrecer evidencia sobre la situación de desventaja de las niñas rurales, resulta insensible
frente a ésta y carece de éxito en su empresa
debido a la poco rigurosa organización de la
información (prescinde de la información
sobre niños de zonas urbanas y rurales). Así,
sólo llega a mostrar diferencias entre comportamientos de zonas rurales y urbanas, pero
no que dichas diferencias tengan alguna especificidad de género.