Muere la pedagoga Cecilia Braslavsky, directora de la Oficina Internacional de Educación
Cremarán mañana los restos de la prestigiosa Cecilia Braslavsky y el 13 llegarán a Buenos Aires
Por Horacio A. finoli
Víctima de un fulminante cáncer de útero que se la llevó en 5 meses, la argentina fue quien creó en los ’90 el término "fragmentación", para describir la diferencia entre escuelas para ciudadanos de 1° y las de 2°.
Mañana, se le rendirá un homenaje a la pedagoga argentina - fallecida ayer en una clínica de Ginebra-, en la sede del BIE (Bureau International d´ Education) y luego cremarán sus restos, que llegarán al país el próximo 13 de junio.
Este cronista, consciente de los riesgos que significan para el lector común la característica autorreferencial de su generación, debe empero soslayar esa regla y aceptar que la cincuentona coqueta que acaba de dejarnos, fue su gran maestra y entrañable amiga; aquella que supo estar, con el estilo cálido que la caracterizaba, en todos y cada uno de los momentos importantes de la vida de sus seres más cercanos, entre los que me encontraba. En la última Nochebuena estuvimos juntos y me vaticinó: "2005 será tu año, más que nada porque sos un buen tipo"; el cáncer apenas merodeaba su vida y se transformó en un laberinto borgeano que no pudieron confirmar sino hasta después de un extraño periplo que había empezado, semanas antes, en La Habana, siguió en París y culminó en Ginebra, con diagnóstico impreciso.
Ahí estaba a cargo de la Oficina Internacional de Educación que depende de la UNESCO y cuya función rediseñó, durante cuarenta años en la primera mitad del siglo pasado, nada menos que el epistemólogo local Jean Piaget. En ese lugar, cuyo puesto había ocupado por dos períodos consecutivos antes de Cecilia, su maestro, el argentino Juan Carlos Tedesco, está el archivo de educación comparada más importante del mundo. El cargo, Braslavsky lo ganó por concurso internacional entre 52 postulantes.
En los noventa, después de su protagónica participación en el Congreso Pedagógico Nacional que los radicales convocaron en 1984 y concretaron en la ciudad cordobesa de Embalse cuatro años después, Cecilia fue la encargada de discutir mano a mano con los orientadores de la educación católica -que venían agrandados de aquel debate, que prácticamente empataron con los defensores de la escuela laica- confeccionando los CBC (Contenidos Básicos Comunes). Esta fue la verdadera plataforma curricular de primario y secundario, fijada en la Ley Federal de Educación que el Parlamento sancionó en 1993, pero cuya aplicación distaba mucho de la realidad.
Era doctora en Filosofía de la Universidad de Leipzig (Alemania), investigadora del CONICET y reemplazante de Tedesco -cuando éste se fue a Suiza- al frente del área Educación y Sociedad de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, FLACSO, sede Buenos Aires, donde la sucedió primero Guillermina Tiramonti y, luego, Inés Dussel, otra alumna suya.
Tedesco tuvo, entre otros, dos importantes discípulos que llegaron alto: Cecilia y Daniel Filmus, actual ministro del área. Cecilia solía repetir que "Juan Carlos es mi hermano mayor y vos, Horacio, mi mellizo".
Cecilia mantuvo una discusión de gran nivel político con el referente cristiano más importante que tiene el país en el rubro, el profesor Alfredo Manuel van Gelderen quien, sin ser una figura orgánica de la Iglesia Católica, es su intérprete más fiel; tanto en la Asamblea final del Congreso Pedagógico -en el verano del ’88- como en la elaboración de los CBC. Ambos, con los años y el diálogo, habían bajado entonces un cambio en sus muy disímiles formaciones ideológicas.
Su madre, Berta (autora, como todas las Braslavsky) de casi una docena de libros, fue la creadora del sistema de lecto-escritura en todas las escuelas de la ciudad de Buenos Aires después de la dictadura militar de 1976/1983. Mantuvo, en los setenta, una polémica epistolar fantástica con el brasileño Paulo Freire, quien sostenía que había que alfabetizar a los aborígenes y carenciados en sus propias comunidades; Berta quería hacerlo en las aulas, defendiendo la interacción del docente con sus alumnos.
En este último viaje a Europa para visitar a sus dos hijas, que las tres inconscientemente sabían era de despedida, Berta se quebró el brazo izquierdo, aunque los dedos del derecho le alcanzaron para llamar a Buenos Aires ayer y contarme, con la voz quebrada pero entera, la partida de quien la había imitado vocacionalmente. Mañana, los restos de Cecilia serán cremados -a su pedido- en Ginebra y el 13 de este mes, su madre los traerá a Buenos Aires para que entre sus amigos dispongamos su destino final.
Queda como testimonio, sobre todo para Camila que nació cuando Cecilia defendía en Córdoba como siempre vehementemente su postura frente a los ideólogos de la enseñanza confesional, un pluralismo basado en el conocimiento y una conducta intachable, que sólo se alimenta cuando uno tiene códigos.
Fuente: Ahora Educación











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