Gunter Pauli presenta sus obras infantiles que enseñan a vivir en armonía con la naturaleza

Sábado 23 de abril de 2005

Colombia:

Este economista creó 36 fábulas para que los niños resuelvan sus necesidades básicas.

Su único mueble es una mesita para poner el computador. Los visitantes se quitan los zapatos para entrar, las puertas son corredizas y la vista, frente a la costa, complementa el ambiente.

"Eso es todo lo que uno debe tener", dice el dueño de casa, Gunter Pauli, quien vive ahí, en Kamakura (Japón). Su forma de vida es coherente con su filosofía de aprovechar lo que tiene alrededor, lo que da la naturaleza, sin desperdiciar nada, sin gastar más de lo necesario.

Dicha filosofía, bautizada Zeri, es un concepto integral según el cual, el hombre debe satisfacer sus necesidades de agua, alimento, salud, energía, trabajo y educación ética, con lo que tenga. Es un modelo económico que se transformó en un método pedagógico y por el cual Pauli acaba de recibir en el Japón el premio Special Global Environment, que entrega la prensa japonesa a las empresas nacionales que promueven, alrededor del mundo, el respeto por el medio ambiente.

Este belga de 38 años, que ha recorrido el mundo, que habla siete idiomas, que estudió economía en una universidad jesuita, que hizo una maestría en administración de negocios, tiene una especial fascinación por la ciencia.

Y por enseñar. Se la pasa visitando países con el propósito de que los niños imaginen su futuro como un sueño que ellos mismos pueden hacer realidad. A Colombia ha venido varias veces. Aquí tiene grandes amigos de los que también ha aprendido y con los que, incluso, controvierte en algunas oportunidades.

En esta ocasión vino a la Feria del Libro para lanzar 36 fábulas con las que explica mejor la filosofía Zeri y varios conceptos de ciencia. Y el 4 de mayo, en el Club El Nogal, presentará el libro Rompa la caja, con las mismas historias adaptadas para ejecutivos.

¿En qué consiste su método pedagógico?

El problema de los proyectos educativos en el mundo es que no tienen como base el desarrollo sostenible y lo que se necesita es romper el esquema tradicional de pensar. No es darles las respuestas básicas a los niños. Es enseñarles a ser investigadores, a responderles con preguntas que los pongan a pensar, para que ellos mismos se expliquen el por qué de muchos fenómenos. Como en ¿Manzanas voladoras?, en la que un búho intenta contarle a un ratón por qué cae la manzana (Ley de gravedad), mientras que el ratón solo está interesado en saber cómo esta subió al árbol.

¿Cómo se involucran las fábulas en el proceso?

Constituyen la primera etapa, pues están diseñadas para niños de máximo 12 años. Pero al mismo tiempo, analizadas de otra manera, les llegan también a los adolescentes y a los adultos. La idea es que todos aprendan ciencias fácilmente y desarrollen su inteligencia emocional y su expresión artística como una forma de comunicación y comiencen a relacionarse bien con los demás.

KESMIRA ZARUR LATORRE Redactora de EL TIEMPO

De fábula

En una de sus tantas idas y venidas a Colombia, Pauli conoció al ya fallecido monseñor Iván Cadavid, fundador de los Hogares Juveniles Campesinos, de quien aprendió que "la recuperación del futuro del país comienza en el campo".

Por eso, los libros que trajo (musicalizados por Andrés Cabas), y que lanzará hoy en el salón Rafael Pombo de Corferias, serán donados a Ediciones San Pablo, fundación que deberá entregar el producto de la venta a los Hogares.

El precio de cada fábula es de 7.500 pesos.



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